No es posible cambiar el pasado, porque desde él somos como somos y estamos como estamos. Entonces, apliquémonos a no repetir los errores cometidos. Evitemos ser cómplices de lo que decimos combatir, bien por omisión, bien por ingenuidad. Convengamos en que nos han engañado. Unos y otros. Por tanto, estemos atentos porque entre las siluetas del presente se agazapan los peligros del futuro, si no refrescamos al pasado.

Confiar en las formas, generalmente amables aunque siempre contradictorias, es una invitación a repetir las sombras del pasado. En el Mediterráneo Digital, el 28 de febrero de 2018, bajo el título “Los papeles del 23F salen a la luz: “El Rey Juan Carlos organizó el Golpe de Estado”, Iñaki Anasagasti relata hechos que explican lo endeble de las creencias democráticas que suponemos sólidas. Cuando Alfonso Guerra pide olvidar al pasado, muchas cosas quedan explicadas. Para nuestra desgracia.

La función de quienes tenemos la oportunidad de escribir y la fortuna de que una porción de la ciudadanía nos lea, no es otra que la de exponer hechos a su consideración. Exhibir el pasado para cambiar el futuro. Por ejemplo, revisando el perfil del flamante presidente del Partido Popular de España, el adalid de la libre empresa, el látigo de aquellos que viven de los Presupuestos Generales del Estado.

Así, me encuentro con la sorpresa de encontrar que su experiencia en la empresa privada, campo natural de sus convicciones, abarca tan sólo dos meses. Así es, entre Julio y Agosto de 2003 registra actividades indefinidas en el Departamento Jurídico del Banco de Santander. Invito a visitar su perfil en Linkedin. Según algunos, lo hizo como estudiante universitario. Pero, en su caso, no entremos en los detalles curriculares, entre otras cuestiones porque algunos de ellos están en los juzgados. Ello, aunque haya muchas razones para no confiar en la Justicia que nos hemos dado en estos años.

En fechas próximas a su elección como líder del PP, en una entrevista en el curioso reality “La Sexta Noche”, Casado, al ser preguntado sobre la exhumación de los restos de Franco y de la ilegalización de la Fundación Francisco Franco, frivolizó con una respuesta que merece ser recordada:

“Yo ya he dicho muchas veces que creo que en España no hay que mirar a los que pasó hace cien años o hace 50 años. Yo, evidentemente, no gastaría un euro en desenterrar a Franco, pero tampoco un euro en volver a enterrarlo”. ¿Queda claro? Es un ejemplo de cómo el olvido del pasado, además de ser una banalización de la violencia de la dictadura, es una coartada para volver a repetirla.

El desafío es combatir el olvido. En aclarar la oscuridad. En evidenciar los crímenes, no tanto de la Guerra Civil, que también, sino del terrorismo de Estado al que se sometió a los disidentes y derrotados. Sus familias sienten el desdén de los sucesivos gobiernos.

Recordemos: “El olvido es señal de menosprecio, y por tanto causa enojo.” Aristóteles de Estagira.

Habrá gente honesta muy enojada.

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