Cambiadas al nacer y dispuestas a concienciar

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La realidad es que es tarde para escribir sobre esta serie, que llegará a su fin este mismo año tras cinco temporadas en la cadena americana de pago Freeform (antigua ABC Family). Pero nunca es mal momento para hablar de cómo desde la televisión se hace un hueco a la concienciación social sobre un colectivo específico. En este caso, el colectivo sordo.

La premisa de la serie es bastante llamativa: La vida de dos adolescentes (Daphne y Bay) se tambalea cuando descubren que fueron cambiadas al nacer. Y se hace más interesante cuando se descubre que una de ellas es sorda como consecuencia de una enfermedad que sufrió cuando tenía 3 años.

Partiendo de esta base, explora con mucho acierto todos los tópicos, tabúes e imaginario popular que rodea a la comunidad sorda y sus capacidades.

Todo ello envuelto en el contexto de la relación entre dos familias que se ven avocadas a enfrentar esta situación desde las típicas perspectivas de familia rica (oyente) – familia pobre (hija sorda); así como a afrontar las relaciones que tienen que establecerse entre los miembros de las dos familias que, como cabría esperar, acaban viviendo bajo el mismo techo.

A lo largo de la primera temporada se pueden observar los estragos por los que podría pasar cualquier familia cuando se entera de que su hijo es sordo y todos los planteamientos que tienden a hacerse acerca de su futuro, sus capacidades, su comunicación,…

Sin duda hacen una labor de concienciación social inmensa a través de los propios actores y actrices, que tuvieron que aprender lengua de signos (ASL – American Sign Language), ya que gran parte de los diálogos se realizan en dicha lengua, siendo una parte importante del elenco miembros del colectivo sordo y entre los que se encuentra la ganadora del Oscar a Mejor Actriz (1986) Marlee Matlin.

A lo largo de sus capítulos hablan de inclusión, tolerancia, necesidades del colectivo sordo, afrontamiento de la sordera sobrevenida, capacidades educativas y laborales, oportunidades,… Y hasta hay un capítulo rodado completamente en lengua de signos.

Sordos que tocan la batería, que practican deportes a nivel profesional, que hacen cine, que estudian en universidades, que no pueden comunicarse con sordos de otros países (porque cada país tiene su propia lengua de signos),… y mitos y más mitos son desmontados a lo largo de sus casi 100 capítulos

Sí es verdad que, en sus larguísimas temporadas, la serie ha ido perdiendo frescura, sin que los personajes hayan tenido una evolución notable que haga más atrayente las tramas. Ello llevó a que la serie estuviera más de un año guardada en un cajón mientras se planteaban mejoras para la que sería su quinta y última temporada, actualmente en emisión.

Pero, aun así, es una serie que podríamos considerar un guilty pleasure y a la que se debe dar una oportunidad sólo por la gran labor de concienciación que llevan a cabo.

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