Todos los que estábamos allí lo escuchábamos atentamente. Él, desde su conocimiento científico enumeraba las distintas posibilidades que tiene este planeta de desaparecer. Por causas bilógicas, cósmicas, naturales… pero al finalizar nos dijo: Cuando miramos al cielo vemos la antigüedad. Todas esas incontables estrellas brillaron hace miles o millones de años luz, y eso es lo que vemos cada noche.

Al salir miré de refilón hacia arriba y las luces de la calle, el bullicio, la despedida del grupo, y una sensación de esto que miramos es falso, ó existe de otra manera.

Bajé las escaleras del metro, y como si fuera el bucle de los agujeros negros que te llevan a otras dimensiones… pienso hacia dónde iría a través del tiempo, si al futuro, o si por el contrario elegiría un momento del pasado, para revivirlo, para estar con los que se fueron, para mirar sin mover nada, solo volverlo a sentir una vez más. Y me ubico con mis padres y mi familia. Salta la melancolía y lo ya vivido. Los abrazos y la emoción de volver a estar con ellos. Y como la fantasía no impide que se me salten las lágrimas, busco las gafas de sol y salgo a las calles silenciosas del entorno de mi casa. Sigo imaginando otro momento que busco por el placer de saber cómo era, y continúo caminando por las calles de Florencia y el Renacimiento. Está obscuro, no veo lo que piso, pero son adoquines y a ambos lados muros de una o dos alturas. Y el resplandor de una antorcha que se esconde detrás de los sillares de piedra. Reconozco la plaza y la galería elevada de la “Siñoría”, el David frente al palacio, y en la penumbra sigo camino y subo la pendiente del Ponte Vecchio. Veo unos bultos que se mueven, alguien duerme en la rampa escalonada que lo atraviesa. Los viandantes cerraron sus tiendas con maderas, y salen olores distintos, a rancio, a velas, a perfumes de flores y esencias traídas de oriente, también a excrementos…

La silueta de la ciudad es baja, pero la cúlpula de Santa Maria del Fiore sobresale por encima de todos esos techos que comienzan a iluminarse con la pálidez de la luna. Las barcas en el río, y las luces de las velas que salen de las ventanas abiertas del palacete sobre el Arno. Llegan voces, risas, y un acorde de melodías antiguas….

Saco las llaves del bolso, entro a mi casa, y dejo afuera el río las calles y las capas negras de la gente que las camina.

Me siento en el sillón y tardo unos minutos en encender las noticias. Ya es tarde y solo los programas políticos, con las discusiones que se superponen.

Me despego de a poco de la charla del científico, cambio de canal, nada me interesa. Salgo al patio, todo está en silencio, y el cielo cuadrado tiene algunos puntos que brillan, y no sé si esto que vivimos no será la época de las cavernas de un futuro de estrellas.

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