En todas las mujeres que fue Bimba Bosé hubo algo bueno para casi todo el mundo. Bimba Bosé que fue actriz, y fue cantante, y fue modelo, y fue DJ y fue sobre todo muchas cosas mucho más importantes y que nosotros ni olemos, porque ella siempre entendió que las portadas bordean el camino pero no sirven para nada, son solo molinos.

Es difícil olvidar, y eso que no hay nada de malo en olvidar lo que ya no se tiene. Creer o no creer es cosa de cada cual, al menos hasta que el pasado se atreva de nuevo a levantar su espada contra el presente y vuelva la muerte, que es siempre la misma pero que siempre es la primera, y da mucho miedo. Y yo no creo en dios, pero si tuviese que existir algo como el cielo, un lugar distinto con gente distinta, y auténtica, y bella, y valiente, allí alguna chica sería como Bimba Bosé. De eso no tengo ninguna duda.

Me gustaba Bimba Bosé y me gustaba cómo toreaba su abuelo y me gustaba verla cantar con su tío, los dos volviendo a la infancia como dos niños que se turnan y acaban siendo el mismo ante una misma trastada. Me gustaba verla caminar, como camina la gente que ha vivido en la ciudad. Me gustaba su cuerpo escandaloso y su mandíbula hacia fuera; sus brazos fuertes y sus hombros estrechándose sobre el corazón. Su valentía, su verdad. Su todo va y viene. Su nombre de isla. Su feminidad y su masculinidad. La medida exacta. Sus ojos como cremalleras abiertas. Es normal que ahora que se han cerrado tengamos todos tanto frío.

Me gustaba cómo toreaba su abuelo y me gustaba verla cantar con su tío

Contra las enfermedades no se lucha, ni se gana, ni se pierde. Ni se llevan de mejor o peor manera. A veces parecemos como las visitas y los políticos: no nos gusta llamar a las cosas por su nombre. Con la enfermedad lo que uno hace es tratar de cuidarse y, a veces, dejarse cuidar. Bimba Bosé ha hablado claro y me da la impresión de que se ha ido enamorada de muchas cosas. Sus días aquí no volverán y despedirla es despedir el espacio que ha ocupado y el ruido que ha hecho. Cerrar una puerta y abrir un vestido, eso es la muerte.

La mejor manera de recordarla nos la dio la propia Eleonora con ese apodo precioso que vistió, Bimba. Que desde ayer por un ratito todas las cosas bonitas se llamen simplemente así. Y que nos hagan pensar en ella, casi como un adjetivo irremediable. Casi como Bimba.

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Pedro Letai es escritor y doctor en Derecho. Ha publicado los libros de poemas El gran búfalo americano y Todos los aviones, y la novela Siete canciones pasada la medianoche. Es colaborador de la revista literaria Buensalvaje y del programa de Radio Vallekas Poetas en el aire.

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