Según un nuevo estudio del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU (NCI), liderado por la Dr. Erika Loftfield, y publicado por el Journal of the American Medical Association –JAMA–, existe una relación inversamente proporcional entre el consumo de tazas de café y la tasa de mortalidad para todos los tipos de cáncer, los ataques al corazón y las enfermedades respiratorias. Lo que significa que esta droga psicoactiva legal más consumida del mundo es excelente para la salud. Mejor incluso que el té rojo, el verde o el blanco, considerados popularmente más saludables por contener menor dosis de cafeína.

Hay que recordar que tampoco es el único estudio que llega a este tipo de conclusiones. El año pasado una investigación realizada por el Instituto del Cerebro de Krembil, que forma parte del Instituto de Investigación de Krembil, en Toronto, Canadá, aseguró que tomar café en el desayuno no solo aportaba un incremento de la energía y la atención sobre el individuo, sino que también podía protegerlo contra el desarrollo de enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson.

“El consumo de café parece tener cierta correlación con un menor riesgo de desarrollar Alzheimer y Parkinson –afirmó el doctor Donald Weaver, codirector del Instituto del Cerebro de Krembil–, pero queríamos investigar por qué sucede, qué compuestos están involucrados y cómo pueden afectar al deterioro cognitivo relacionado con la edad”. Y matizó que “tanto el tostado oscuro descafeinado, con cafeína o como el descafeinado, tenían potenciales idénticas en nuestras pruebas experimentales iniciales, así que observamos desde el principio que su efecto protector no podría deberse a la cafeína”.

Y hace unos meses el British Medical Journal –BMJ– apuntó los beneficios para la salud del grano molido y tostado de la planta Coffea arabica: “es una mezcla compleja de más de 1.000 compuestos bioactivos o anticancerígenos potencialmente terapéuticos, que brindan datos muy plausibles para futuras investigaciones. Los compuestos activos clave incluyen cafeína, ácidos clorogénicos y los diterpenos, cafestol y kahweol”.

En este último estudio, dirigido por la Dr. Erika Loftfield, los investigadores se han basado en los datos de casi medio millón de participantes procedentes de un organismo de investigación británica: la UK Biobank. El centro monitorizaba la salud de voluntarios anónimos y facilitaba la información a estudiosos científicos acreditados, tanto de Reino Unido como del extranjero. Las conclusiones del estudio son claras: “Observamos durante el estudio a gran escala, de cerca de 500.000 personas, que el consumo de café estaba inversamente relacionado con todas las causas de mortalidad en general”. Es decir, que cuanto mayor era el consumo de café, según el cuestionario al que fueron sometidos los voluntarios al iniciarse el estudio, menor era la mortalidad.

No obstante, se demostró que esa relación inversa era más reducida en algunos tipos concretos de cáncer y enfermedades cardiovasculares que en otros. Además, aunque un 22 por ciento de los voluntarios no bebían café, se trataba de un estudio observacional, es decir, de aquel que no se basa en un grupo de control, que es el sistema más efectivo para detectar variaciones, especialmente en amplias muestras. Los propios investigadores subrayan que aunque el número de voluntarios es grande –cerca de medio millón–, se trata de datos conseguidos por observación, no por intervención directa.

En esencia, los investigadores han creado un baremo a partir de las respuestas de los participantes a un cuestionario sobre el consumo de tazas de café. Aunque en ningún momento han dotado a los voluntarios con la dosis de tazas diarias durante el seguimiento con un grupo de control que no tomase en cambio ninguna; lo que habría aportado datos mucho más fieles desde el punto de vista científico.

Aún así, estos resultados, fruto de diez años de seguimiento, vuelven a confirmar las bondades de las sustancias del café, tal y como ya hicieran los del British Medical Journal: “Hubo evidencia de una asociación entre el consumo de tres a cuatro tazas al día frente a ninguna, que indican una mayor reducción del riesgo para todas las causas de mortalidad”.

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