Nací en el 81, hijo de padre y madre mayores, ambos nacieron en plena guerra 37 y 38 respectivamente. Mi madre heredó un piso en un barrio extraño y peculiar de Sevilla. Para mí, ya a mis 37, el mejor de toda la ciudad. Nunca tuve claro si se llama Santa Teresa o Amate, pero sí que éramos como una pequeña aldea, por sus “casitas bajas”, sus calles peatonales, su “peña” comunista (que sigue actualmente, bajo la denominación de “cerro-amate”, su plaza de las moradas, y sobre todo por una generación de niños nacidos entre el 75 y el 82, que hicimos de oro, al kiosko de chuches del Manuel. Y que por desgracia, no ha tenido relevo, ya se ha quedado, salvo contadas excepciones, sólo en un barrio de parados de larga duración, y de jubilados.

Todavía en los 80, había cierta inercia de las costumbres franquistas, por eso era habitual, hasta los finales de esa década, que los domingos, todo el barrio estuviera en misa. Llegaron los 90, y la droga se apoderó como una epidemia de toda la zona. Poblaron todo el barrio, sobre todo las zonas de ocio de los niños, por eso se frustró el recién llegado parque del tamarguillo, ninguna de sus fuentes llegó a funcionar, y se ponían por decenas, en nuestra pista de futbito.

Vivía frente a uno de los colegios, el San Fernando, con el índice de mayor fracaso escolar, casi seguro de toda la ciudad, no se si alguno iría a la universidad. No voy a entrar sobre mi familia y yo, pero éramos pobres, y tuve la fortuna, que una monja, Sor Herminia, obligó a mi madre a inscribirme en las Salesianas de Nervión, cuando apenas contaba con 5 años. Esto por un lado me hizo vivir una dualidad, la de un barrio de gente humilde, con amigos de mi edad que querían ser “golfos” pero que nos faltaba maldad, aunque hiciéramos algún cursillo de auxiliar de gamberro, en el recién inaugurado Centro Comercial de los arcos, donde no “pudimos competir” con los “canis” de verdad, los que robaban a punta de navaja, los de las “canchas” (quien es de la zona, lo entiende), hoy muchos de ellos, están muertos por las drogas, o en la prisión Sevilla 2. Y mi otra dualidad, la de competir con compañeros y niños de clase media, en un colegio salesiano, con alumnos y padres que querían ser pijos, llegando a realizar “puestas de largo”. Se llegó a dar el caso, de ir con mi pandilla salesiana, y que nos asaltaran para robarnos, los mismos “canis” con los que intentaba colarme de “gratis” en los cines del centro comercial.

Santa Teresa, o Amate, es eso, un contraste, entre un quiero y no puedo por ambas latitudes, la buena y la mala. En mi caso opté por competir con mis compañeros de clase, sin olvidar mi clase social y mi entorno. Me encanta y llevo en mi móvil canciones de Camela y de Bruce Sprinsteen.

Santa Teresa, está en mitad de una encrucijada geográfica local, sitiada, al sur por el Cerro del Águila, el barrio con mas solera de Sevilla, (no cuento con Triana, porque Triana no es de Sevilla), un verdadero pueblo, del que nosotros hemos querido ser su pedanía, por lo que la salida de la Virgen de los Dolores, se convierte en el acontecimiento principal del año, en ambos barrios. Al norte, por el barrio más deprimido y más pobre de España, Los pajaritos-Madre de Dios-Candelarias (los tres barrios).

Es quizá donde la droga, el desempleo y la excusión social, son más palpables, que en ningún otro lugar. Al oeste colinda con Ciudad Jardín, y el Nervión clásico, el monocolor blanqui-rojo, el de Marqués de Pickman y la Gran Plaza.

Por desgracia, la crisis ha hecho estragos en Santa Teresa, y nos estamos acercando más al norte, que, al Sur, aún así, siguen siendo barrios con sus particularidades propias y con sus buenas gentes.

Santa Teresa, tiene entre sus más insignes vecinos, a una persona, que nos ayudó muchísimo a mi familia, a alguien que fue torturado por el franquismo, y que sirvió a los demás como un ejemplo de entereza y dignidad, desde su “peña comunista”, “Macoco” dio su nombre precisamente, a la plaza, que día sí y día también, sale a todas horas, manchada, sobre todo por un indigno y un cobarde que refugiado en su manada, violó abusó sexualmente de una joven en los San Fermines.

Macoco, recibió su homenaje, en un barrio plagado de pensionistas, de bares baratos, donde llaman “tapa” a un plato, y que puede comer todos los días por tres euros, o desayunar muy dignamente, por 1,50. Eso sí, plagado de tragaperras, de personas que cada día caen en el pozo de la ludopatía. De gente mayor, heredera de una sociología franquista, que ha transmitido a sus hijos, algunos de los cuales, nos hemos negado a aceptarla. Recuerdo cuando mi madre me quiso cambiar de colegio, porque Sor Josefina nos obligó a chicos y a chicas, a limpiar las aulas, mi madre, mujer se indignó porque “una fregona no era para un niño”. La realidad, es que pensamos que la derecha ideológica está implantada en los de clase media alta, en los altos puestos militares, o de la iglesia, y nos equivocamos, de ahí que cuando llegan las elecciones algunos se llevan las manos a la cabeza. “¿Hay tantos ricos?”, no, por eso es mayor la victoria del franquismo, en hacer de la gente humilde, engendros machistas, heteropatriarcales, e incluso racistas. Invito a cualquier periodista a hacer cola en las noches previas al ingreso de las pensiones, en los cajeros de mi barrio, atestado de gente que quiere sacar el dinero, antes que se les descuenten los impuestos.

Pero la indignación para alguien que compartió una generación de niños maravillosos, viene precisamente, además de por tener entre nuestros convecinos, a miembros de la manada. Somos gente humilde o pobre, que hacía sus vacaciones dominicales a la playa con Excursiones Gracita, en un barrio plagado de tiendas de alimentos como la de mi Amparito de los trigales, golpeado por el vandalismo, cuando asaltaron nuestro estanco en 2002, por los “vecinos del sur”, por la manipulación mediática, o por quizá, contando con que no se hace con maldad, por la simplificación que se hace desde los medios de comunicación, de que EL BARRIO ESTÁ CON LA MANADA.

Aunque tengo trabajo desde hace muchos años, he pisado la universidad y económicamente no me van mal las cosas, no he dejado de frecuentar el barrio donde me nací y crecí, porque he adquirido conciencia de clase, y me gusta disfrutar de los pequeños detalles. Por ello al día siguiente de emitirse la sentencia de la manada, a muy poquitos metros, vamos, cruzando la calle, estaba desayunando en la peña rociera que hace esquina, con la calle donde vive el Prenda, en la plaza de las candelarias. Un señor mayor dijo que le parecía “mucha tela” 9 años, el dueño de la peña Jose “el bético” y su yerno Lolo que está en la barra poniendo cafés, salieron en tromba a contestar con palabras irreproducibles, propias de la indignación de un padre, porque tampoco puedo reproducir lo que dijo este digno señor al señalar, lo que pasaría si lo ocurrido a la joven de los San Fermines, se lo hicieran a su hija. Ni tampoco puedo reproducir las palabras del resto de los clientes y clientas, mayoría de jubilados, que estaban allí.

A mediodía, me tomé unas tapas de comida casera, en otro bar con solera del barrio, “los Barbos” y el tema o monotema era el mismo, y la indignación era unánime, con la propia idiosincrasia entre falta de educación de un barrio, con un alto fracaso escolar y escasa formación y la sencillez y la humildad de su gente. Porque en estos barrios, la gente habla a voces, gritando si hace falta para dar su opinión, y que se enteren todos.

Señores de la prensa, no hace falta que cojan, como hacen cuando vienen de norte de Despeñaperros al sur, a quien menos dientes tenga, a quien tenga peor pinta, o parezca un yonqui, como ocurre muchas veces, cuando vienen a reírse de nosotros, en algunos reportajes, simplemente, disfruten de nuestra cultura populosa, en cualquiera de nuestros numerosos bares, para palpar, la rabia, la impotencia y la indignación, de un barrio, que a excepción de los familiares de la manada, grita al unísono : YO SI TE CREO!!

Pd: al igual que no se señala al colectivo del Opus Dei, por el doctor, que descuartizó y violó a otra inocente, y que actualmente está en libertad, no se debe ni se puede señalar a otros colectivos, sea el ejército, los biris, o la guardia civil.

 

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