Tenemos que cambiar el chip. Estar gordo no es un simple problema estético debido a la mala alimentación, los malos hábitos de vida y el sedentarismo, sino mucho más, muchísimo más: un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, como el hígado graso, los problemas de vesícula, la diabetes, la hipertensión arterial, la dislipemia, la arteroesclerosis o las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Según el doctor Ángel Moya, presidente de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), “La obesidad abdominal es un índice de grasa visceral, y esta grasa está asociada a mayores alteraciones metabólicas en forma de intolerancia a la glucosa, disminución de la sensibilidad a la insulina, alteración del perfil lipídico así como una mayor influencia en los procesos inflamatorios que la grasa acumulada en otras áreas, lo que lleva a un aumento del riesgo cardiovascular”.

Hablando en plata: el tener barriga por encima de lo normal (lo que, según los expertos, viene a ser más de 102 cm de contorno abdominal en el hombre, y más de 88 cm en la mujer) significa que tenemos un tejido graso sobrante que genera sustancias nocivas; altera la composición de nuestras moléculas disminuyendo el colesterol bueno (HDL) y aumentando el malo (LDL) y, por supuesto, los triglicéridos; dificulta el trabajo de nuestra insulina de inyectar azúcar en las células y los tejidos, por lo que acaba acumulándose en la sangre con riesgo de padecer diabetes, e incrementa la tensión arterial.

De ahí que los especialistas aconsejen medir no sólo el Índice de Masa Corporal (IMC) de los pacientes, sino también su perímetro abdominal (el perímetro de su cintura y el índice cintura/cadera). “El estudio muestra que con un índice de masa corporal elevado, el sujeto aumenta en un 34% el riesgo de muerte súbita, frente al 49% del perímetro de la cintura o al 100% del índice cintura/cadera. Queda claro entonces que la presencia de grasa en la zona central del cuerpo es mucho más relevante que en otras partes del organismo, por lo que es recomendable utilizar este índice en el cálculo del riesgo de nuestros pacientes”, asegura el doctor Moya.

De manera que un individuo con sobrepeso, con michelines, con la curva de la felicidad, con barriga, es, por definición, una persona cuyo organismo no funciona correctamente y, como consecuencia de ello, es propenso a padecer una o varias enfermedades graves: 

Hígado graso. Conocido técnicamente como esteatosis hepática, es una enfermedad benigna del hígado que se identifica por la acumulación de ácidos grasos y de triglicéridos en las células hepáticas. El paciente suele descubrirla con una punzadura en la parte superior derecha del abdomen, malestar general, fatiga crónica y sensación de pesadez tras las comidas. Si no se acude al especialista, la enfermedad puede agravarse.

Problemas de vesícula. Por ejemplo, cálculos biliares, que es la formación de piedrecillas en la vesícula debido a un alto contenido de colesterol en nuestra bilis. A veces ese exceso no está relacionado con la obesidad, la diabetes o una mala dieta alimentaria; pero otras veces sí.

Diabetes. Ocurre cuando nuestro páncreas no sintetiza la insulina que el cuerpo necesita o ésta es de ínfima calidad o no la usa correctamente. De ahí que los diabéticos tengan mucha glucosa en sangre (hiperglucemia) que hay que corregir y tratar para que se distribuya bien por su organismo. Cuidado: los especialistas confirman una clara asociación entre diabetes, obesidad y hipertensión arterial.

Hipertensión arterial. Si bien puede tener una causa genética e inevitable en el paciente, también existen factores de riesgo que la provocan, como la obesidad, el estrés, el sedentarismo o el consumo excesivo de alcohol y sal.

Dislipemia. Se produce cuando existen grandes cantidades de lípidos (grasas) en sangre. Y hablar de grasas, es hacerlo de colesterol. Un exceso de colesterol en nuestras arterias dificultará la llegada de oxígeno y nutrientes al órgano al cual irriga (corazón, cerebro, miembros inferiores) con peligro de producir daños respiratorios y cardiovasculares.

En definitiva, hablamos de enfermedades que se desencadenan a partir del exceso de grasa en la sangre. Su indicador externo: la barriga. ¿Cómo se previene? Pues con vida saludable, dieta equilibrada y el consumo moderado de azúcar y sal.

 

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