Este fin de semana parece que nos deparara nuevos titulares sobre un sentimiento el del independentismo catalán que lejos de apagarse se mantiene latente y a la expectativa del resultado de las elecciones del 26J. De esta forma, si algo es claro es que junto a las políticas económicas y de ajustes exigidas por la insaciable corte de Bruselas el necesario abordaje sobre la cuestión territorial en nuestro país será otro de los caballos de batalla a los que el nuevo gobierno deberá enfrentarse desde una política de acción y consenso que se alegue en todo caso de la estrategia de la inacción convertida casi ya en acción a la que el Presidente Mariano Rajoy nos tiene acostumbrados y que si bien ha resultado cuanto menos provechosa en su mantenimiento como líder del PP no lo ha sido tanto en la resolución de un conflicto como el catalán donde cada vez parece más asentada la fractura social de una comunidad autónoma dividida entre himnos de Els Segadors y Marcha de Granaderos.  Y es que cuando ya pudiera parecer asumido que la política de la provocación y el frentismo entre los carneros del nacionalismo catalán y el nacionalismo español no arreglan nada en materia de política territorial nos sorprendemos con la desacertada decisión de la delegada de gobierno en Madrid Concepción Dancausa de llevar a cabo la prohibición de las banderas esteladas en la final de la Copa del Rey, de nuevo el PP parece así  obstinado en regalar puntos de share y cuota de pantalla a un independentismo que se frota de nuevo las manos ante la nueva hornada de seguidores que tan tremenda decisión aportara a la causa de la Cataluña una, grande y libre.

Parecería así que al PP lejos de querer acabar con el problema catalán le interesase sacar a pasear la bandera del miedo al independentismo catalán y vasco, este último por obra y gracia de un Arnaldo Otegui portada en periódicos de toda España en su visita al Parlament Catalán.

En definitiva, sería conveniente recordar a quienes buscan en la prohibición de las banderas independentistas – actuación anulada por la justicia de nuestro país por atentar contra la libertad de expresión- el modo o bien de ocultar un problema o bien de multiplicar el mismo, que los mejores años en materia de progreso, libertades, derechos y convivencia se han logrado desde el consenso entre los diferentes. Ese es el reto al que debemos aspirar hoy más que nunca  el de dotarnos de un nuevo pacto de convivencia en donde las costuras del proyecto nacional sean suficientemente justas para sin romper el principio de igualdad fundamental en nuestro país lograr el encaje de quienes a buen seguro estarían más a favor del acuerdo que de la independencia y de un nacionalismo sin sentido hoy en un mundo global en donde las alianzas y la unidad se muestran como señas fundamentales para hacer frente a los retos y desafíos que nuestro país tendrá por delante.

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