Ha sido en Toledo, hace siglos capital del Reino castellano, donde José María Aznar ha dado rienda suelta a sus ideas. “Las instituciones deben reaccionar ante políticas rupturistas, contrarias a la ley y a la propia democracia” ha declarado el ex-presidente en el evento de la Asociación de la Empresa Familiar de Castilla La Mancha. Según su parecer el posicionamiento del Gobierno no está previendo las consecuencias de lo que sucede en Cataluña. Por este motivo recomienda al Ejecutivo, y al resto de fuerzas políticas que “deben adelantarse a esas políticas de ruptura”. ¿Supone esto la aplicación del artículo 155 de la Constitución? No lo ha expresado con claridad el dignatario español.

La cruzada de hoy en España se divide en dos según el pensamiento del político conservador. Por un lado, “es un deber defender la democracia como fuente de legitimidad, como procedimiento de deliberación, como mecanismo de integración y de representación precisamente ahora”. Una deliberación de la que careció, precisamente, durante su mandato y sus imposiciones tipo guerra de Iraq. Pero hoy en día la defensa constitucional frente al independentismo catalán (o vasco de reojillo) es un hecho que Aznar no ve con claridad en los partidos políticos. Con esta defensa lo que se pretende es “restaurar la ejemplaridad, la transparencia y el valor normativo de la Constitución y de las leyes”. ¿Dónde cabe la deliberación si se ponen barreras desde el principio?

Y, por otro lado, el segundo aspecto de la cruzada en España debe ser la lucha contra todos aquellos que utilizan la crisis para convertirla “en una rampa deslizante hacia situaciones de desorden social en las que todo valga, donde nadie esté en su sitio ni haga lo que se espera de él”. Duras y conservadoras palabras de Aznar frente a los populismos y, dígase claro, Podemos. Alerta frente a las marchas y luchas por la dignidad humana del partido morado que sólo pueden conducir hacia el desorden social, según su pensamiento. Si los manifestantes son para quitar el aborto o de Hazte Oír no se genera desorden social según parece. Pero más impactante es la segunda parte de la frase donde el ex-presidente defiende los privilegios de clase. La solución a todo ello es la defensa del emprendimiento y la innovación.

recomienda al Ejecutivo, y al resto de fuerzas políticas que “deben adelantarse a esas políticas de ruptura”

Menos impuestos directos y más innovación como solución

Al encontrarse en un marco claramente económico, la mayor parte del discurso ha versado sobre empresa e impuestos. Para José María Aznar el emprendimiento es una virtud pública y privada, que debe extenderse por todo el tejido social como valor máximo al ser una cualidad humana. Evidentemente lo que quiere decir el señor de las fuerzas del mal españolas es que generar empresas es bueno para España. De esta manera se llegaría al ideal del liberalismo económico, donde cada cual es empresario, aunque venda su fuerza productiva a otro. Y por ello debe tener un marco regulatorio favorable: “la predisposición para emprender debe estar acompañada por un marco institucional estable y predecible, que impulse la creación de empresas”.

Emprender no es crear una empresa. Desde que John Stuart Mill, en sus escritos sobre la necesidad de reforma de la Compañía de la India británica, aplicase el término a aquellas personas que tenían la capacidad de ir más allá de la mera ejecución de las órdenes, hasta que Joseph A. Schumpeter lo aplicase al entorno empresarial, el concepto ha sufrido un claro efecto de perversión. Para estos dos autores emprender es innovar (no en el sentido tecnológico en sí), no es crear empresa. Es más, tanto en política (Mill) como en empresa (Schumpeter) hablan de personas con capacidad de avanzar frente a las burocracias y los poderes constituidos.

Durante su discurso, Aznar recoge las típicas frases de manual del conservadurismo: “Porque se trata de fortalecer el tejido productivo, extender la cultura empresarial, favorecer la creación de empleo de mejor calidad y buscar valor añadido creciente en los negocios”. Todo ello se logrará según el miembro de FAES mediante la bajada de los impuestos directos y el aumento de los indirectos. Esto es, bajar los impuestos directos a los que más tienen y aumentar los que toda la ciudadanía paga por igual independientemente de su posición social.

“Hay que repensar el sistema tributario, privilegiando los impuestos indirectos sobre los directos y concentrando la progresividad, que nadie discute, sobre el gasto y no sobre el ingreso, que es mucho más distorsionador de la actividad económica” es el resumen de su reforma tributaria. Según su opinión, además, en España tenemos las tasas impositivas más altas de Europa (falso) y recaudamos menos. Lo que no advierte Aznar es que gracias al Partido Popular en España las grandes empresas tributan menos (si es que tributan algo) por las bonificaciones y exenciones fiscales existentes. Si las empresas tributasen al 20% real, o incluso al 15%, en vez de al 4-5% como hacen, tal vez los ingresos serían mayores. Respecto a fijar los impuestos en el gasto y no en el ingreso, tampoco garantiza una mejora impositiva y una mayor inversión. De hecho en España hay un sistema mixto y de bonificaciones que elimina gran parte de las distorsiones de las que habla.

¿Saben por qué le preocupa el populismo y el secesionismo al señor Aznar? No es sólo por una cuestión de patriotismo exacerbado, o por un sentimiento de cruzada sino que “también para hacer posible el crecimiento y el empleo”. Lo económico y lo cultural mezclan en el ex-presidente del Gobierno.

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