Si los expresidentes estadounidense y británico George W. Bush y Tony Blair respectivamente reconocieron más tarde que pronto los errores sucesivos que impulsaron y provocaron la guerra de Irak, el ex presidente español José María Aznar, el tercero de la famosa y fatídica foto de las Azores en 2003, aún mantenía hace solo un año que “en términos de influencia y de apoyo internacional a nuestros objetivos, España salió ganando. Y no sólo España”, aseguraba Aznar en una carta al actual ministro de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo.

Ahora, el demoledor informe Chilcot, que ha investigado el papel que el Gobierno de Tony Blair jugó en aquel conflicto armado, apunta directamente al presidente de honor del Partido Popular por ser el que “presionó” directamente a Estados Unidos para que iniciase la guerra cuanto antes una vez que se supo que Naciones Unidas no había dado el visto bueno a una segunda resolución al respecto.

Aznar mantiene un mutismo absoluto tras hacerse públicas las conclusiones del decisivo informe Chilcot. Blair ha reaccionado rápidamente y se ha limitado a pedir perdón, algo que ni siquiera Bush ha hecho tras conocerse que la guerra de Irak se inició tras el acuerdo de las Azores no solo sin las más mínimas garantías legales sino también justificándola a base directamente de mentiras.

El que fuera embajador británico en Washington durante la invasión de Irak, Cristopher Meyer, aseguró a los comisionados del informe Chilcot que Aznar y otros dirigentes como el italiano Silvio Berlusconi presionaron directamente a Estados Unidos para iniciar cuanto antes la invasión de Irak tras saberse que no saldría adelante una segunda resolución de Naciones Unidas.

Durante siete años, el informe Chilcot ha sumado declaraciones y pruebas sobre la intervención militar en Irak y ha concluido con un exhaustivo estudio reunido en 12 volúmenes. Aznar es mencionado hasta en 24 ocasiones. En la alusión más rotunda, la del ex embajador británico en Washington, éste afirma a uno de los investigadores: “Una de las discusiones más señaladas fue, a mi parecer, cuando Tony Blair vino a Washington el 31 de enero de 2003 buscando un retraso porque no estábamos militarmente preparados, yo creo, y él quería ganar tiempo para una segunda resolución del Consejo de Seguridad que parecía inalcanzable. Recuerdo haber enviado un telegrama la noche antes diciendo: ‘En esos dos puntos no has ganado todavía los argumentos. Tendrás que decirle al presidente, ‘necesito un retraso y necesito una segunda resolución del Consejo’. Y, para ser sinceros, él (Tony Blair) consiguió que los americanos intentasen una segunda resolución del Consejo de Seguridad pero, de nuevo, los americanos (sic) fueron presionados por Aznar, el primer ministro español, por Berlusconi, por John Howard, abajo en Australia, y hubo un retraso hasta el 20 de marzo; pero el retraso no fue motivado por nuestros argumentos sino porque los militares americanos dijeron: ‘Nosotros no podemos hacer eso hasta el 20 de marzo'”.

Tras la publicación del informe Chilcot, el expresidente Bush admite que no lo ha leído y tampoco le causa remordimiento alguno sus demoledoras conclusiones. Al contrario, se muestra convencido de que el mundo es hoy mejor que en 2003 sin Sadam Husein. En un comunicado, el portavoz de Bush, Freddy Ford, explica que “pese a los fallos de inteligencia y otros errores que él reconoció anteriormente, sigue creyendo que el mundo entero está mejor sin Sadam Husein en el poder”.

Añade que “está muy agradecido por el servicio y sacrificio de las fuerzas estadounidenses y de la coalición en la guerra contra el terror. Y no hubo aliado más fuerte que el Reino Unido bajo el liderazgo del primer ministro Tony Blair”.

Como Bush, Blair por su parte también ha reaccionado a las conclusiones del informe Chilcot. El exprimer ministro británico asume “toda la responsabilidad” por los errores cometidos en la invasión de la guerra ilegal de Irak, “sin excepción ni excusas”. Blair se ha excusado este miércoles asegurando que ha sido “la decisión más agónica” tomada durante todo su mandato.El ex premier británico dice que apoyó la guerra “de buena fe” y para el “mejor interés” de su país.

Aznar, el tercero en liza de los grandes promotores de aquel conflicto bélico que aún hoy extiende sus nefastas consecuencias por toda la zona de Oriente Medio con la proliferación de grupos terroristas de distinto corte radical, mantiene un mutismo absoluto, aunque sus últimas declaraciones al respecto de 2015 mantenían los “beneficios” que la guerra trajo para el mundo y también para España.

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