Venezuela sigue subiendo el listón de tensión política. Cuando parecía que las diferencias entre gobierno y oposición se habían encarrilado para una discusión en la que ambas partes se reconocieran como parte del problema y de la solución, los hechos vividos a finales de semana demuestran que los acuerdos preliminares alcanzados bajo el auspicio de la Iglesia Católica no eran más que provisorios y tendientes a desactivar la crisis más que a encontrarle una solución. Una vez más la Iglesia poniendo paños fríos para mantener el statu quo.

El último hecho fue la elección del diputado Julio Borges, del partido centrista Primero Justicia (PJ), como Presidente de la Mesa Directiva de la Asamblea Nacional (AN) y su desconocimiento por parte del oficialismo, que es minoría en el Poder Legislativo desde un año atrás y por primera vez desde 1999. Este cambio institucional provocó la reacción de los principales líderes del chavismo que ven en el accionar de la oposición un nuevo paso en pos de desestabilizar el gobierno de Nicolás Maduro, y así entiende el recién asumido vicepresidente Tareck El Aissami, ‘es lamentable que la AN haya irrespetado los acuerdos de la mesa de diálogo y se mantenga en desacato y de espaldas a la ley’.

Pero por su parte los miembros de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que reúne a la oposición denuncian que el diálogo está estancado desde finales del año pasado y acusa al Ejecutivo de incumplir los compromisos asumidos.

Es decir, ha pasado el tiempo y nada ha cambiado tras la crisis del 2016, que parecía que desencadenaría en una guerra civil y que el involucramiento de UNASUR y la Iglesia Católica lograron desactivar… aunque no lograron modificar las consecuencias del enfrentamiento y, mucho menos, las causas.

A la par de los cambios generados en la AN y el nombramiento de Tareck El Aissami se deben agregar cambios ministeriales, entre ellos la creación de un Ministerio de Economía y Finanzas con mayores poderes encabezado por Ramón Lobo, del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y partidario de la idea de guerra económica que viene exponiendo el Presidente Maduro desde hace un tiempo.

Mientras esto ocurre entre los principales actores políticos del país, la población sufre las consecuencias de las políticas aplicadas por el gobierno, la escasez de ideas de la oposición y el equilibrio de poder electoral entre ambos sectores que, con posturas ideológicas y programáticas tan enfrentadas, sólo genera tensión y fricción que comenzará a dilucidarse en los primeros meses de este año.

El Gobierno apuesta a que el acuerdo alcanzado el pasado 30 de noviembre en la OPEP para reducir la producción de crudo hasta 32,5 millones de barriles diarios (mbd) a partir del 1 de enero de 2017 pueda traer consigo estabilidad al mercado petrolero y quitar la ‘volatilidad’, tal como lo explicó el ministro de Petróleo de Arabia Saudí, Jalid Al-Falih, y que esta situación traiga consigo una aumento del costo del crudo y un mayor nivel de ingreso de divisas al país.

La oposición, en tanto, cree que este acuerdo es insuficiente para lograr aportar soluciones a la situación que vive el país, porque de acuerdo a su forma de ver la realidad, los problemas del país exceden a un problema económico de ingreso de divisas sino que pasan por el tipo de organización política que pretende darse internamente y de respeto de derechos humanos.

Y como siempre, como decíamos, en medio de todo y sufriendo las principales consecuencias de la situación la ciudadanía, que ve como pierde calidad de vida, libertades, capacidad de consumo… ve como día a día vive cada vez peor y no logra divisar un futuro cercano promisorio…

Calos Mejía Godoy le cantaba al sandinismo nicaragüense y a su país en otro contexto, pero parafraseándolo, hoy podríamos cantar ay Venezuela, Venezuelita…

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

diecisiete − 4 =