Sin Límites es como se le plantea la vida al protagonista de la película del mismo nombre e interpretada por Bradley Cooper. Después de un bloqueo creativo del personaje, un nuevo medicamento potencia sus habilidades neurológicas permitiéndole tomar la iniciativa y darse impulso para progresar hacia la conquista de nuevas y estimulantes metas. En definitiva, dejar de Procrastinar.

Pero dejando de lado el mundo de la ficción cinematográfica y, por supuesto, el del consumo de sustancias para facilitaros los resultados, lo cierto es que este “palabrejo” verbal es un hábito más común de lo que podemos imaginar.

Podrás ver diferentes definiciones de Procrastinar y seguramente todas válidas. Unas te encajarán mejor que otras pero todas te mostrarán directamente que se trata de un hábito problemático si no eres un ermitaño convencido y declarado

Porque Procrastinar no es más ni menos de dejar de lado, posponer o postergar acciones o actividades importantes para reemplazarlas por otras sin importancia que nos dan, a corto plazo, más satisfacción pero que no son resolutivas o catalizadoras de resultados.

Si este hábito, procrastinar, se perpetúa y como consecuencia del mismo nos supone un coste personal y/o profesional, podemos etiquetarlo entonces como trastorno de conducta asociado a la frustración, al estrés, a la baja autoestima o la falta de reconocimiento entre otros. La percepción se distorsiona y apercibimos aquello que posponemos como algo que nos alterará, que será difícil de conseguir, que nos hará perder tiempo para otras acciones. Y nos dejaremos convencer por esas “voces internas” o pensamientos recurrentes que nos alejarán de un verdadero sentido útil de nuestras acciones.

Si bien es cierto que nos ilusionamos con facilidad, también es cierto que nuestro cerebro es un órgano ciertamente complejo y cuando percibe la oportunidad de descansar, no la desaprovecha: ¿te has ilusionado con unas vacaciones y en el mismo momento de hacer las maletas te visita la pereza y vas aplazando de cinco en cinco minutos esta acción?. Bien, las respuesta es sencilla: nuestro cerebro está preparado para la supervivencia y reaccionar ante situaciones amenazantes. Por eso, cuando no detecta peligro, y unas vacaciones no lo son, se pone en modo “off” para no malgastar energía. Curioso, ¿verdad?.

Pero, en contraposición, también, a nuestro cerebro le gusta la acción y el desafío. Solo necesita de cinco minutos aproximadamente para acostumbrase a la nueva situación o acción. Ahí tienes ya un recurso para dejar de Procrastinar.

Comenzamos la receta: Ingredientes para dejar de Procrastinar:

  • Cuando percibas que estás en esa situación, en la que estás postergando por falta de motivación o deseo, inicia alguna actividad que te sea verdaderamente útil, de la que obtengas algún beneficio pero que no se dilate en el tiempo para sustituir la acción que postergamos. Acepta la responsabilidad y aprovecha los nuevos niveles de motivación y energía que has generado con la tarea útil para trasladarlos a la actividad que posponías.
  • Dedica los primeros minutos de tu jornada a poner por escrito las tareas y tiempos estimados que tendrás que realizar durante el día. Sé realista y anticipa los inconvenientes. Organízate una agenda de tu tiempo productivo. Elimina (¿que parezca un accidente?) los ladrones de tiempo.
  • Presta atención y destaca qué beneficios obtendrás al sacarte de encima esas tareas tediosas que te llevan al hábito de posponer, al de procrastinar.
  • Piensa también y detalladamente cuál es el coste de dejar para otro momento aquello que has de realizar pero que no te interesa (¿perderás tiempo libre para cosas o personas más importantes?).
  • Realiza actividades que te ayuden a centrarte y poner la atención, la concentración, la energía, el compromiso y la motivación necesarias en deshacerte de estas tediosas tareas. Para ello tienes la actividad física moderada, el yoga, el taichi, la meditación, el mindfulness, etc.
  • Ejercita tu estado de ánimo, que sea equilibrado y mantenido en unos niveles similares a lo largo del tiempo. Te permitirá estabilidad y bienestar emocional; y desarrollarás un hábito tan importante como la resiliencia.
  • Haz partícipe de tus progresos y cambios de actitud a tu círculo social más próximo, personal o profesional, y acepta sus halagos, “caricias” o refuerzos positivos como recompensas a tu nuevo estado.

A todo esto le podemos llamar Inteligencia Ejecutiva. Una inteligencia de la que no nos han explicado mucho pero que, sin embargo, es fundamental y necesaria.

Ahora, relájate, respira hondo y piensa en lo próximo en lo que te pondrás manos en la masa para empezar a desprenderte de este “palabrejo” que no te beneficia.

¡Perfecto!, de eso se trata.

 

Abracadabrazo

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