El verano es el tiempo en el que se celebran las principales fiestas en la mayoría de los pueblos de España coincidentes con la finalización de la cosecha, que se lleva a cabo entre finales de agosto y los primeros días de septiembre, en buena parte del territorio. Es lo que los estadounidenses llaman Thanksgiving Day, o Día de acción de gracias, aunque a ellos gustan en esa ocasión de celebraciones más en familia.

En numerosas poblaciones existe la costumbre de que por parte del Ayuntamiento se invite el día central de las fiestas (fecha generalmente  dedicada a la patrona o al patrón) a los vecinos y forasteros a una chuletada, paella gigante, barbacoa… gratis. Y aquí tenemos el primer error o mejor dicho falacia porque la comilona popular no es gratis ya que la pagan los vecinos que son los que sufragan con sus contribuciones los gastos de su ayuntamiento. Pero lo que es innegable es que este tipo de actividades proporcionan un retorno más que positivo a los alcaldes promotores de las mismas que reciben el aplauso y el generoso agradecimiento de unos ciudadanos que disfrutan de lo lindo con  aquello que reciben ¿gratuitamente? Es la manifestación del sempiterno entusiasmo que en España genera el tener algo gratuitamente como cuando los cosechadores de patatas protestan frente al Ministerio de Agricultura regalando mallas con algunos kilos de sus productos y que ocasiona algunos empujones y trifulcas.

Autopistas gratis: la chuletada infraestructural

Al amparo de la combinación entre la infatigable inclinación de la gente a tener todo aquello que creen que se obtiene sin pagar y la agudeza de los políticos por satisfacer esa inquietud, nos encontramos en plena chuletada pero ahora con un coste de miles de millones de euros. Se trata de las autopistas de peaje y en dos situaciones. Por un lado en los casos en los que la concesión finaliza próximamente, AP-1 Burgos Armiñón, cuya concesión termina en noviembre de este año; la AP-4 Sevilla-Cádiz y la AP-7 Alicante-Tarragona, y por otro de aquellas vías que han quebrado como las radiales  madrileñas. Se estima que ocho de las nueve autopistas de peaje han quebrado. Esta inquietante situación genera una pregunta lógica: ¿Cómo es que han fracasado como negocio unas infraestructuras tan importantes y que han requerido inversiones tan relevantes? Algo ha fallado, el plan de negocio sobre todo en la previsión de tráficos, inesperados costes de las expropiaciones, política tarifaria o simplemente el escaso interés del público por la utilización de estas vías.

Pero hay otra explicación: En España en las grandes obras públicas cuya titularidad corresponde al Estado existe lo que se denomina Responsabilidad Patrimonial de la Administración (RPA), que contempla que en los casos de quiebra o anulación de la concesión los gastos que tuvieras pasan directamente al propietario de la infraestructura, sin que el adjudicatario tenga responsabilidad alguna. Esta cláusula aligera la prudencia de los inversores a sabiendas de que finalmente y en caso de colapsar el negocio no habrá que soltar ni un duro al ser los contribuyentes los que harán al ser involuntarios responsables del riesgo. Pero esto no es todo ni mucho menos, sino que además los exconcesionarios, la mayoría fondos de inversión, reclaman indemnizaciones que en el  caso de las radiales madrileñas es de 5.000 millones de euros. La olla a presión está soltando vapor en estos momentos sobre la mesa del titular de la cartera de Fomento, José Luis Ábalos, quien deberá tomar importantes decisiones en breve. Entre ellas si vuelve a ofrecer la licitación de estas autopistas o si pasan a ser gestionadas por la Administración con el camelo de ser gratuita su utilización. Porque es un auténtico engañabobos el calificar de gratuitas a las autopistas cuando el coste de su mantenimiento debe ser sufragado con dinero de los contribuyentes, los que las utilizan y los que no. Una autovía tiene un coste de mantenimiento anual de entre el 3 y el 4% de la inversión total que requirió su construcción y que se va en reparaciones y conservación, sistemas de control y para la asistencia de los usuarios, asfaltado, pintura y otros tantos entre los que incluimos al personal.

La tentación para algún político es anunciar con gran alborozo el fin del peaje en las autopistas y que éstas pasarán a ser gratuitas. Pero eso es un engaño como cuando se dice que la enseñanza y la sanidad públicas son gratuitas. No, no son gratuitas porque las pagan los ciudadanos con sus impuestos, como las chuletadas.

Aquí, como se dice, gratis, el aire y poco más y siempre que no sea acondicionado.

Adenda:

Según un estudio elaborado por la Universidad Politécnica de Madrid que fue presentado por el profesor José Manuel Vassallo parcialmente recogido por BEZ, “la privatización durante 30 años de determinados segmentos y corredores de la red vial de alta capacidad” podría generar 14.000 millones de euros y suponer un ahorro potencial de 100.000 millones “de gasto público en mantenimiento y recursos que podrían utilizarse para financiar otras políticas necesarias”.

Vassallo es profesor del Máster en Gestión de Infraestructuras, Equipamientos y Servicios, Doctor Ingeniero de Caminos por la ETS de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid; es autor del libro La participación privada en la gestión y financiación de la conservación de carreteras, editado por el Ministerio de Fomento.

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