Ataques inesperados como el ocurrido en Londres el pasado miércoles generan siempre un estado de incertidumbre y cierta histeria social. 

Su multiplicación en los últimos tiempos puede evidenciar un aumento de las tensiones en las relaciones internacionales. Ya hay quienes afirman que nos encontramos de hecho inmersos en la tercera guerra mundial. Una guerra en la que los ataques se ejecutan a través del terrorismo. ¿y cómo afecta esto a la población?

La propia Esperanza Aguirre ha llegado a afirmar que los ataques terroristas benefician a la extrema derecha. Y realmente podemos comprobar la manifestación de esta afirmación en la realidad política a través de las políticas de seguridad que las democracias occidentales están desarrollando en la actualidad, amparados en esa necesidad de protegernos. Ha sido la principal excusa para la reforma de la legislación sobre seguridad ciudadana en España a través de la bien conocida “ley mordaza”. Argumentando la emergencia de nuevas formas de terrorismo y el aumento del riesgo, el gobierno de Rajoy decidió restringir las libertades de la ciudadanía.

Lo mismo ha ocurrido en Francia, donde la declaración de estado de excepción a raíz del último atentado sufrido está permitiendo la práctica de un control a la ciudadanía a través de registros, control de telecomunicaciones, etc., que suponen una clara vulneración de derechos fundamentales, y que sin ese “riesgo” o “miedo” no hubiera sido aceptable de ninguna forma. 

Eso sin contar con el uso de este argumento por parte de esa extrema derecha cuyos apoyos sociales parecen ir en aumento (véase Trump).

Llegamos así a mi pregunta del inicio. ¿Cómo afecta esto a la población? ¿Constituyen esta clase de atentados un riesgo a la libertad de la ciudadanía? Yo diría que, ante estas circunstancias excepcionales, cabe la posibilidad de que actores políticos conservadores tiendan a aprovechar la incertidumbre para imponer restricciones a la ciudadanía que les beneficia, tal y como anteriormente he expuesto. La teoría de la doctrina del shock, elaborada por Naomi Klein como explicación a la imposición de las medidas económicas neoliberales defendidas por Milton Friedman y los “Chicago Boys”, defendía precisamente esto, que medidas políticas impopulares que supusieran una restricción de derechos de la ciudadanía podrían ser fácilmente implementadas aprovechando estados de histeria social derivados de situaciones de emergencia o crisis que generaran un estado de incertidumbre e inseguridad colectiva.

Por otra parte, este tipo de incidentes suelen aumentar el riesgo de conflictos sociales motivados por los prejuicios raciales y la emergencia de nacionalismos. ¿Acaso no hemos comprobado el impacto que la crisis de refugiados ha tenido en las actitudes xenófobas en Europa? Ataques como estos podrían generar ese riesgo y deberían ponernos en estado de alerta ante la posibilidad de que la extrema derecha o incluso nuestros gobernantes lo utilicen como herramienta de control social. Por eso, es importante que nos mantengamos vigilantes de cara a defender nuestros derechos. 

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Inés Moreno (Alcalá de Henares, 1992) Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Derecho Internacional Medioambiental por Háskóli Íslands (Universidad de Islandia). Ha desarrollado su actividad investigadora entorno a la gobernanza global y los derechos humanos de tercera generación. Activista de Amnistía Internacional España de 2011 a 2015. En su actividad literaria colabora con la editorial Playa de Ákaba con la que ha publicado su primer poemario, Akasia.

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