Hace décadas los estudios sobre el envejecimiento arecían de importancia. Se enfocaban más a recuerdos o problemas de salud. Con la ampliación de la esperanza de vida la sociología, la economía e, incluso, la ciencia política han puesto sus objetivos analíticos en ese grupo de población que cada vez tiene más peso en la pirámide poblacional. Los expertos coinciden en señalar a los mayores de 65 años como un grupo de análisis importante y, dentro de la ciencia económica, como un grupo de consumo tan importante como las cohortes más jóvenes. Poseen recursos y capacidad física, lo que les permite seguir siendo consumidores para el gran sistema capitalista.

En España ya suponen un casi un 25% de la estructura poblacional los mayores de 65 años. Se calcula que para 2050 alcanzarán ya, si no se pone remedio demográfico, el 42% de la población española. Lo que puede ser insostenible para el sistema social, sí es aprovechable para el sistema económico. Esta situación es la que recoge el estudio de la Universidad de Salamanca dirigido por Pablo A. Muñoz, Óscar González y Álvaro Garrido sobre Economía del Envejecimiento.

Nuevas tecnologías

A pesar de lo que el imaginario colectivo pueda pensar, ya hay un 56% de los mayores de 60 años que utilizan las nuevas tecnologías para informarse e interactuar. La brecha comienza a partir de los 75 años cuando un 57% no utiliza ningún dispositivo electrónico con acceso a internet. A diferencia de los más jóvenes, los mayores de 60 años utilizan los dispositivos electrónicos tanto para fines funcionales como hedonistas o de entretenimiento. Todo ello considerando que el 68,5% de los mayores de 60 años tienen acceso a internet mediante ordenador, Tablet o Smartphone.

Dónde y qué consumen

Cuanto los mayores de 65 años realizan la compra prefieren principalmente los supermercados, tiendas de barrio y los mercados municipales frente a los hipermercados o la compra por internet. Según el estudio ello se debe a la cercanía (prefieren siempre ir a pie antes que desplazarse por otros métodos), el trato personalizado y la posibilidad de devolución del producto. Este factor resulta determinante, por ejemplo, para su rechazo a la compra por internet. Tienen que ver, tocar y analizar el producto in situ.

Rechazan los productos ecológicos o con denominación de origen en mayor medida que los más jóvenes, pero sin embargo son mucho más fieles a las marcas que a los productos blancos. Les cuesta cambiar de productos si saben que alguno les funciona bien. No se salen de las marcas clásicas para ellos y ellas. Por eso, algunos supermercados que basan sus ventas en las marcas blancas tienen menor asistencia de los mayores de 65 años.

Viajar es un placer

Dentro del consumo de los mayores, los viajes es un nicho de negocio poderoso. Pero no cualquier viaje. Los mayores de 65 años, por una lógica de poseer más tiempo libre, viajan más que las cohortes poblacionales medias. 4,86 viajes al año es la media de los mayores frente a los 3,52 de las edades medias. Incluso superan a las cohortes más jóvenes (4,1). Viajan más, pero viajan dentro de España y en mejores condiciones que las cohortes más jóvenes.

Contratan en mayor medida a las agencias de viaje (24,27%), se apuntan a viajes organizados (39,30%), y prefieren en su gran mayoría alojarse en un hotel (83,11%) por ser una forma de alojamiento que ofrece servicios más amplios que otras modalidades como el alquiler de apartamentos o camping. Los mayores buscan comodidad, accesibilidad y la posibilidad de que se lo den todo hecho. Por este motivo la media de gasto es mayor que la de las cohortes más jóvenes, 391,24 euros suelen gastar en sus viajes. Viaje que se relacionan con la cultura (27,04%), el conocimiento de nuevos lugares (26,07%) o la visita a amigos y familiares (8,37%). El viajar tan sólo para disfrutar del campo o de la playa no se encuentra dentro de sus prioridades.

Son más felices

Los mayores de 60 años son más felices, en términos generales, que los menores y sienten una mayor satisfacción por sus logros personales. Además, aunque pueda resultar paradójico, se sienten muy satisfechos con su salud, en igual medida que las cohortes más jóvenes. El hecho de aceptar los achaques de la edad como algo normal dentro del proceso evolutivo, no incide en su insatisfacción por la vida. Evidentemente, cuantos mayores ingresos se tienen mayor es el grado de satisfacción. Pero la actitud acomodaticia a la contingencia provoca en los mayores de 65 años un mayor grado de satisfacción.

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