La obsolescencia programada es una estrategia comercial, concebida por los fabricantes de tecnología, para que los equipos presenten pronto signos de fatiga y no sean compatibles con nuevas versiones de software. Con ello se pretende aumentar las ventas de nuevos productos, ignorando las repercusiones medioambientales y adictivas que eso genera. Este mes la exposición “Fluctuaciones”, de Daniel Canogar, nos invita a reflexionar sobre el mundo digital y los cambios que la tecnología ha provocado en nuestra sociedad.

Canogar es uno de los españoles con más relevancia internacional en el panorama de las artes plásticas. Sus trabajos de temática tecnológica comenzaron en los noventa con trabajos como Transfusiones (1995) o Alien Memory (1998). Después siguieron Sentience (1999), Teratologías (2001) y Time Release (2002). Algunos de ellos pueden verse en el Reina Sofía, el Musac, el Museo de Historia Natural de Nueva York, el Museo de Arte Contemporáneo de Lyón y el de la Evolución Humana de Burgos.

“Fluctuaciones” –comisariada por Sabine Himmelsbach y organizada con la colaboración del Museo Universidad de Navarra– gira en torno a cuatro ejes fundamentales: la memoria, la melancolía, la materialidad y la textura.

Consta de un conjunto de videoanimaciones y grandes instalaciones. Las videoanimaciones se componen de 2.400 películas en formato DVD, adquiridas en mercadillos de todo el mundo, tiendas de segunda mano y videoclubs que cerraban. Las instalaciones, de 24 obras de media-art, en las que Canogar “utiliza medios tecnológicos para ponerlos al servicio de una experiencia artística que entabla un diálogo estético con los entornos digitales”, según informa la sala de exposiciones. Destacan:

Small Data, compuesta por una docena de instalaciones construidas con basura de nuestro pasado más reciente: cintas VHS, teléfonos móviles, discos duros y escáneres. Con ellas el autor plantea una reflexión sobre el consumismo, el falso progreso y la obsolescencia planificada.

Sikka Ingentium es una escultura-instalación de 2.500 DVD’s, a modo de nube, que Canogar compró en quioscos y mercadillos. Su efecto iridiscente sirve de base para proyectar el contenido de esos discos. El resultado es un área de colores y formas en movimiento, que se extienden por la sala en forma de reflejos, y que plantean la fugacidad de los soportes tecnológicos y del ser humano. La composición se completa con fragmentos de música de las propias películas.

La serie Echo está compuesta por un conjunto de pantallas curvas, elaboradas con LED flexible, que monitorean biorritmos, seísmos, incendios o la contaminación atmosférica. El autor deja al descubierto los cables y elementos electrónicos, que vienen a ser la parte orgánica del producto digital.

También forman parte de la muestra Pneuma, una obra configurada con nudos de cable telefónico sobre los que se proyectan videoanimaciones. La serie Draft, en la que Canogar segmenta pantallas de plasma para montar originales esculturas con visualizaciones generativas, que reflejan la debilidad de las pantallas, transformadas ahora en unos elementos más tangibles y permeables. Y Xylem, en la que el lienzo digital nos muestra la incesante actividad económica del capitalismo, con hasta 383 índices financieros globales.

Finalmente, Cannula y Plexus son de reciente creación. En la primera se proyecta una composición líquida relacionada con el expresionismo abstracto, partiendo de los vídeos más vistos de Youtube. En la segunda es la mano del artista la que aparece repetida en una pantalla gigante de 405 x 288 centímetros. “Una secuencia seriada, como un cortinaje, como una planta, como un patrón textil…”, asegura el propio autor.

La muestra, que comenzó el 29 de noviembre del pasado año, puede verse todavía hasta el 28 de este mes en la Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid. La entrada es gratuita.

 

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