Estos días puede verse, en el Museo Reina Sofía de Madrid, una retrospectiva de Eusebio Sempere, compuesta por 170 de sus mejores obras realizadas entre 1949 y 1981. En ellas se exhibe al creador más interdisciplinar, vanguardista y minucioso que expresó su arte a través de la acuarela, el gouache, el relieve luminoso, los collages, las pinturas, los móviles, las esculturas y otros sistemas de representación artística.

Eusebio Sempere destacó por la profundidad de sus obras pictóricas, gracias a la línea y su repetición y a su dominio del color para hacer vibrar la luz. De hecho, sus composiciones lo han situado como uno de los máximos representantes de la abstracción geométrica y el arte óptico y cinético en nuestro país, junto a Fernando Zóbel, Gustavo Tomer o Gerardo Rueda.

Para Sempere “la pintura se presenta como realidad fragmentada, como necesidad de fragmentación. Es como si nos estuviera invadiendo el sentido de la impotencia, el sentido de la reducción. Nuestro arte es el resultado de la reducción, de ir mermando lo que es la realidad, y la pintura es esa realidad convertida en superficie fragmentada. Es el caso de Klee. Cada pintor es un fragmento de las posibilidades de la época y aun el mismo está en el período de fragmentación continua”.

Precisamente, la muestra empieza con un conjunto de acuarelas abstractas relacionadas con la obra de Vassili Kandinsky y Paul Klee, a los que siguen los trabajos que realizó al investigar el movimiento y la luz como material artístico, un amplio conjunto de dibujos a gouache, entre los que sobresalen composiciones de círculos, cuadros y otras formas geométricas.

Le sigue un segundo conjunto compuesto por relieves luminosos, realizados mediante planchas de madera, láminas de plásticos, bombillas y motores eléctricos que facilitan el encendido y apagado de la luz en intervalos determinados de tiempo. Estas obras corresponden a su “periodo en el que introduce en sus obras movimiento y luz con una geometría lírica y poética que escapa al cientismo clásico”, ha asegurado una de las comisarias de la muestra, Carmen Fernández.

Fernández También ha subrayado que la estancia del artista en el París de los años 50 marcó un antes y un después en su obra. Allí exhibió sus relieves luminosos móviles y un manifiesto en el que alude a la luz como la herramienta con la que configurar un diálogo poético a través del tiempo.

A su regreso a España en los Sesenta, Sempere se dedicó a la pintura y al gouache en lienzos de gran tamaño. De esta época pueden apreciarse en la muestra una selección de pinturas sobre tabla y papel, de grandes dimensiones, compuestas de finas líneas pintadas con colores nunca homogéneos. También collages realizados con cartulinas y esculturas en metal.

Sempere expuso en Nueva York una serie de estructuras móviles en varillas de metal cromado o pintado. Las primeras fueron pequeñas y no facilitaban un movimiento real. Pero a partir de 1965 las colgó de alambres de tal manera que el espectador podía interactuar con ellas, modificando su configuración gráfica y el efecto de luz. En palabras de Fernández, “tubos metálicos y pinturas que configuran geometrías complejas donde las curvas transforman las piezas”.

También se exhiben piezas interdisciplinares, como “Proyecto de música electrónica” (1967), que compone con el grupo ALEA de Luis de Pablo; los seminarios de Análisis y Generación Automática de Formas Plásticas del Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, entre 1969 y 1972, o el “Proyecto IBM”, pensado como una escultura de arte total, hecho junto a Cristóbal Halffter y Julio Campal.

La exposición ha sido posibles gracias a la aportación de coleccionistas privados y a la colaboración de varias instituciones públicas, como el Instituto Valenciano de Arte Moderno, la Fundación Juan March, el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante o la Fundación Caja del Mediterráneo, que han cedido obras de sus colecciones para esta retrospectiva de Sempere, que estará en Madrid hasta el 17 de septiembre.

Después del Reina Sofía, la muestra del creador onilense abrirá la nueva sede del Instituto Valenciano de Arte Moderno en Alcoy, en octubre de 2018.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

dieciocho − 14 =