Los ochenta fueron años de efervescencia cultural. La pintura española se desvinculó de toda ideología y elitismo y muchos artistas alcanzaron una gran relevancia internacional gracias a su libertad creadora, el uso de otros materiales y la aparición de nuevos circuitos de difusión y mercados artísticos. Ahora la exposición Libertad creativa. Los años 80 en las Colecciones ICO, en el Museo de la Pasión de Valladolid, muestra las obras de 37 de aquellos pintores que interpretaron aquel momento desde una óptica muy personal.

Los trabajos fueron realizados en los años ochenta y principios de los noventa y en ellos podemos encontrar nombres tan relevantes como los de Luis Gordillo, Rogelio López Cuenca, Guillermo Pérez Villalta, Darío Villalba, Ceesepe, Luis Claramunt, Carlos Alcolea, Miquel Barceló, Eduardo Arroyo, Alfonso Fraile, Jaume Plensa, Costus, José María Sicilia o Antoni Tàpies. También incluye obras de Esteban Vicente Pérez, uno de los creadores españoles más significativos del siglo XX, además de pertenecer a la primera generación neoyorquina del Expresionismo abstracto.

La colección arranca con las obras renovadoras de Alfonso Fraile y Luis Gordillo, para seguir con las de artistas como Miquel Barceló, Eduardo Arroyo, Luis Gordillo, Alfonso Albacete, Tàpies o Sicilia. El conjunto muestra una amplia diversidad de estilos (formalismo, arte pop, abstracción, figuración, simbolismo, expresionismo, etc.), aunque todas las obras transmiten experimentación, ruptura, individualismo y reflejan el momento de libertad política y euforia que se vivió por aquel entonces en España.

La comisaria de la colección, María Toral, ha asegurado que se trata de “una década que supuso una ruptura con todo lo anteriormente establecido no sólo para el arte, sino para toda la sociedad de nuestro país. Con la democracia recién instaurada, los criterios estilísticos y artísticos de esos años gozan de una libertad hasta entonces desconocida. Por eso, las pinturas presentadas en esta muestra son muy distintas entre sí. Cada creador desarrolla su estilo propio y único sin depender de las tendencias, los movimientos académicos o las censuras que habían coartado de distintas formas la libertad creativa de los artistas”.

La temática también es pluridiversa. Podemos encontrar desde acontecimientos históricos como la caída del Muro de Berlín –3 de octubre de 1990, de Eduardo Arroyo–, motivos mitológicos –Ophelia, de Frederic Amat, o Danae roja, de Juan Navarro Baldeweg–, sátiras –Carmen Polo. Viuda de Franco, de Juan Carretero, o Uomo (Rodchenko), de Rogelio López Cuenca–, estudios sobre el color –las obras de Esteban Vicente, Mompó o Casamada–, postales de Guillermo Pérez Villalta, hasta bodegones, como el de Barceló.

Ángeles Sancho, representante del departamento de Relaciones Institucionales del Ico, ha declarado en la SER que “libres de servidumbres estéticas –algunos, cansados también de la abstracción–, el rasgo común que unifica a los artistas de este periodo es la apertura indiscriminada hacia todo lo moderno, lo foráneo y la vanguardia. Así, esta nueva generación de pintores decide hacer tabla rasa y enfrentarse al lienzo en blanco con la mente abierta a cualquier influjo de la tradición que pudiese servir a sus propósitos, desde la Historia Sagrada a la cultura pop, pasando por la mitología griega o la iconografía renacentista”. Y ha añadido que “es una exposición que irradia vitalidad y optimismo”.

La muestra se ha realizado con fondos pertenecientes a la colección Los años 80, que junto con la de Escultura Moderna Española con Dibujo y la Suite Vollar de Picasso conforman las tres colecciones de arte propiedad del Instituto de Crédito Oficial (ICO) que gestiona la Fundación. Se podrá ver hasta el próximo 4 de marzo.

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