(Foto: Aitor Ortiz)


Antes de la entrada de las publicidades agresivas motivadas por inyecciones masivas de capital especulativo hacia el fútbol el frontón era, y en algunos sitios sigue siendo, el juego más popular de todos(1). No es extraño: socializa, tiene reglas comprensibles y su práctica es virtualmente gratuita. Al norte de la península el frontón se juega contra unas paredes muy altas que abrazan el terreno de juego por dos lados. Si, como es normal, se quiere cubrir el conjunto para poderlo aprovechar cuando llueve tendremos un triedro de planos grandes y machuchones a colocar lo más cerca posible del centro de una ciudad o pueblo verdaderamente difíciles de compatibilizar con un tejido urbano. España tiene muchos pueblos con estas construcciones tan necesarias, ya que suelen funcionar siempre a pleno rendimiento, desgraciando su paisaje urbano.

Pasaia es un municipio ubicado entre San Sebastián y Errentería, en un valle que desemboca en una bocana de mar de unos trescientos metros donde se concentraba toda la industria que lo alimentaba, ahora en proceso de transformación. Uno de sus barrios, Pasai Antxo, está formado por manzanas cuadradas anodinas. Su límite lateral es un canal perpendicular a la bocana que deja una lengua de tierra residual entre este barrio y una autovía que soporta tráfico pesado. Esta lengua residual, bien comunicada con el centro, fue el lugar escogido para ubicar un frontón municipal.

La estrategia escogida por Vaumm(2), el estudio de arquitectura escogido, fue positivizar esta lengua de tierra convirtiéndola en un lugar, un parque que sirviese y contuviese el frontón que se pedía. El movimiento de tierras que demanda una instalación así se quedó en el lugar, usándose para crear una nueva topografía que lo protegía del tráfico de la autovía: un rincón con una espalda donde se estuviese bien mirando la ciudad, relacionado con el canal, con las vistas canalizadas hacia el puerto. Las dos paredes reglamentarias son ahora el frontón en el punto culminante del parque. Frontón que se recinta no con una tercera pared, sino con un talud que asciende suavemente desde el nivel del canal hasta el nivel superior de las gradas, que quedan así esculpidas en el terreno. Sus laterales marcan los accesos.

La cubierta flota. Literalmente. No toca el talud, no toca la pared lateral del frontón, dejando el interior inundado de luz natural reforzada por un gran lucernario que segrega el espacio de las gradas del campo de juego sin ninguna división adicional. Este sentimiento de levitación se refuerza por la tensión que crea la masa de la cubierta contra las paredes o contra la grada, un mecanismo que os sonará de las esculturas más conocidas de Chillida u Oteiza, los dos grandes escultores vascos que nos enseñaron que lo importante no es la masa sino el espacio que convoca. Y más: si solo necesitas una esquina para formar un frontón han renunciado a construir las otras, así que las que forma la cubierta pierden masa y soportes, quedando abiertas, sin peso, reforzando el sentimiento de tensión que provoca que un volumen aparentemente tan pesado flote. Volumen que, en el interior, sigue flotando mediante la misma regla de no cerrar ninguna esquina que no sea la del propio frontón: no es tanto un interior como un lugar protegido de los elementos. Que no es exactamente lo mismo.

Un parque es un elemento artificial, arquitectura hecha a base de elementos vivos, de movimientos de tierra, arquitectura común para compartir y conectar, arquitectura para unos usos humanos que degradarían rápidamente un entorno natural virgen. Un parque es un lugar. Relacionar este artificio con el artificio que representa un frontón es tan sólo un juego de geometrías que Vaumm ha resuelto con habilidad, convirtiendo un residuo en un rincón que termine de una manera agradable aquel trozo de ciudad.

 

(1) No es este el artículo donde sacarlo, pero el lugar donde es más popular de toda España es en Valencia, donde cualquier instituto público tiene que montar obligatoriamente tres, uno para cada modalidad: frontón, galotxeta y trinquete. Si tenéis más ganas de investigar la popularidad que llegó a tener este juego los tres, como mínimo, frontones principales de Madrid (sí, Madrid) son una buena materia de estudio, incluso a nivel arquitectónico.

(2) Estudio formado por los arquitectos Marta Álvarez Pastor, Iñigo García Odiaga, Jon Muniategiandikoetxea, Javier Ubillos i Tomás Valenciano. Ya nos los hemos encontrado en una entrega anterior en que conté su sistema de ascensores para el barrio de Errentería.

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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