La arquitectura es una profesión que se encarga de problemas complejos sólo afrontables abordándolos de una manera específica. Es por ello que una de las mejores maneras de narrarla es a base de ejemplos. En este contexto estamos de suerte: se puede visitar una exposición sobre la obra de los magníficos arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez en el Museo Ico hasta principios de 2018.

La obra de Arniches y Domínguez ejemplifica el compromiso de la arquitectura (o al menos de la arquitectura que me interesa) con la sociedad. Arniches y Domínguez son arquitectos de la Segunda República Española. Su obra está ligada a la voluntad de renovación que supuso la aparición del Movimiento Moderno y al sueño republicano de construir un país avanzado. La Guerra Civil Española se encargará de cortar su carrera conjunta y su asociación profesional. Sus andanzas posteriores van a simbolizar los dos tipos de exilio que se dieron en la España de la época: el exilio interior (Arniches), la depuración, el trabajo inmerso en la maquinaria de una dictadura tan salvaje que llegó a interferir en los propios procesos de pensamiento que regían su manera de trabajar, y el exilio al extranjero (Domínguez), la inhabilitación profesional de por vida en su país de origen, el encuentro con una nueva manera de trabajar en Cuba primero y en los Estados Unidos después. El éxito profesional de Domínguez es indicativo de lo que perdió España expulsando una personalidad de ese calibre. No fue la única.

Arniches y Domínguez desarrollaron proyectos que fueron mucho más allá de la construcción con la fusión de la arquitectura con métodos pedagógicos de vanguardia (lo que se puede ver en el Instituto Escuela y en el pabellón que construyeron para la Residencia de Estudiantes) o la creación de la red de albergues de carretera embrión de lo que más tarde se convertiría en la red de Paradores de Turismo. Todo ello sin renunciar a una gran ambición formal que nos habla de la arquitectura como obra autónoma capaz de momentos emocionantes: ahí está su bellísimo Hipódromo de la Zarzuela (magníficamente restaurado) para atestiguarlo.

La exposición ofrece material de sobras para la reflexión. Ésta empieza explorando la obra conjunta para diversificarse ofreciendo un recorrido por las carreras de los dos por separado. Su visita nos permitirá disfrutar de las obras mientras reflexionamos sobre lo que las animó. También sobre el coraje necesario para seguir proyectando con ese grado de dignidad cuando las cosas se pusieron realmente difíciles. Un magnífico catálogo está a disposición de aquellos a los que os sea difícil desplazaros al museo: este esfuerzo es uno de los más necesarios realizados últimamente en el panorama cultural de nuestro país.

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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