Sabemos que el Partido Popular ostenta la mayoría absoluta en el Senado y, por tanto, la posibilidad de dilatar los cambios legislativos que estime oportunos. Sabemos que el gobierno tiene derecho de veto en caso de que las propuestas vayan contra el techo de gasto o supongan una recaudación menor. Por otra parte, si existe alguna discrepancia al respecto de la afectación presupuestaria de una iniciativa parlamentaria, tanto el Pleno del Congreso como el Consejo de Ministros pueden acudir al Tribunal Constitucional para presentar un conflicto de atribuciones. Como último recurso, en caso de aprobarse un cambio legislativo que suponga nuevos derechos para la ciudadanía, el gobierno también puede no dotarla presupuestariamente, como ya ocurrió en su día con la Ley de Dependencia.

Es decir, que aquí manda Mariano, mal que nos pese.

En este escenario, quienes entregaron el corral a los zorros con su “abstención técnica” o por “disciplina de partido” sabían perfectamente donde nos metían. Y me refiero, cómo no, a todos los españoles y no sólo a los militantes socialistas, que perdieron toda mi comprensión cuando apoyaron las medidas de aquel Pacto del Abrazo con Ciudadanos. Es importante recordar que más de la mitad figuran en los 150 Compromisos para Mejorar España, acordados entre C´s y el Partido Popular para esta legislatura. Es decir, el problema en las filas socialistas no es sólo una cuestión de formas, de liderazgo o de democracia interna, sino también de convicciones y propuestas para ser una alternativa fiable a las políticas populares.

Ahora estamos inmersos en la sobreactuación de las proposiciones no de ley (PNL). Propuestas no vinculantes, que sólo se materializan en titulares equívocos pero que carecen de consecuencias prácticas. Política de fogueo, política placebo, políticas de brindis al sol y de cara a la galería. Y mientras tanto, la gente sigue sufriendo la precariedad o el desempleo, continúa la malnutrición infantil o se agudiza la pobreza energética, por citar sólo algunos ejemplos.

 Por tanto, lo que se presenta a la ciudadanía como una oposición feroz por parte del PSOE, no es más que un gran globo de desencanto que acabará estallándole en las narices; porque parece inoportuno que se pretenda dar a entender que se ha tumbado la Reforma Laboral, o la LOMCE, o la Ley Mordaza, cuando la gente ya no se deja engañar por la trampa de la letra pequeña: otra PNL en el texto de una noticia bajo un titular triunfante; es decir, que nada cambia.

Por otra parte, tampoco me parece acertada esta estrategia de certificar que, de forma contraria a lo expresado durante meses, sí que daban los números para tumbar las políticas del PP. Esto puede crear, si cabe, más enfado entre la ciudadanía. Se va jugando así con el lenguaje, alterando el sentido de cada palabra. De derogar se pasa a reformar; de reformar a matizar; y de matizar a enjuagar, que es una palabra que no se atreven a decirnos, pero que a mí me parece acertada en este clima de amagos y simulacros.

Estamos hartos de medias verdades, de verdades a medias, de mentiras y de posverdades. Aquí manda Mariano, no les quepa duda, que juega a su antojo hasta con sus propios lapsus –concienzudamente– para agitar el fantasma de unas nuevas elecciones. Ya lo advirtió en su discurso de investidura ante un PSOE humillado: si me buscan las cosquillas, disolveré las Cortes y les dejaré caer al abismo.

 Mientras tanto, Podemos anda a la gresca también en clave interna. Su transparencia incluso cansa, ya que nos abruman a diario con sus guiños, sus cartas abiertas y sus besos de tornillo. Ciertamente están confiados en que Mariano prefiere una legislatura larga. Iglesias lo repite cada vez que tiene ocasión. Pero Mariano, que nunca se ha caracterizado por su audacia, podría pillarlos con el pie cambiado si la cosa se extiende más allá de febrero, mes en que se celebrará el Vistalegre II. Espero que resuelvan estas cuestiones cuanto antes, ya que sólo Podemos le puede dar guerra a Mariano en mitad de este panorama. Han sido un poco más honestos con los límites del poder de la cámara baja y un poco más claros que el resto con la repercusión real de las PNL´s mediante distintas declaraciones ante los medios. Si salen unidos tras el segundo Vistalegre habrá partido. En caso contrario, los populares tal vez no desaprovechen la oportunidad de pulsar el botón de reinicio electoral a partir de mayo del 2017.

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Julio Fuentes González nació en Linares, Jaén, en 1976. Es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Córdoba y ha publicado relatos en diversas revistas literarias. En el año 2000 publicó Una cucharilla partida por el agua en la editorial Círculo de Lectores, en volumen conjunto con la obra Manaos de Alberto Vázquez-Figueroa, siendo seleccionado para este proyecto de la mano de Sergio Gaspar y Silvia Sesé. Es técnico superior en prevención de riesgos laborales y ha desarrollado una intensa actividad sindical. En la actualidad está finalizando Perímetro Flexible, su primera novela.

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