Un día de Navidad de hace 60 años, el escritor suizo Robert Walser (Biel, 1878-Herisau,1956) comenzó su habitual paseo por los alrededores del nevado manicomio donde residía desde casi tres décadas atrás. Allí, en medio de la nieve, encontró la muerte. Hay testimonios gráficos estremecedores, enternecedores, del deceso. Allí quedó para siempre la figura de un escritor “para lectores humildes”, según las palabras de uno de sus más firmes reivindicadores, el barcelonés Enrique Vila-Matas, que incluso lo llevó como protagonista en una de sus novelas, Doctor Pasavento. La editorial Siruela conmemora el 60 aniversario de la muerte de Robert Walser con la publicación de una de sus obras más emblemáticas, El paseo, otra exquisita y mínima joya literaria de un autor aún por descubrir en todo su esplendor.

Qué duda cabe que Robert Walser es uno de los escritores más misteriosos de su tiempo. Vivió unos años difíciles en la Europa en llamas de principios del pasado siglo XX. Autores coetáneos como Herman Hesse, Kurt Tucholsky, Robert Musil, Franz Kafka y Walter Benjamin le apreciaban e incluso veneraban, pero a partir de entonces Walser fue durante el resto de su vida un autor incomprendido por las grandes masas de lectores.

Al fondo yace el cuerpo sin vida de Walser el 25 de diciembre de 1956.
Al fondo yace el cuerpo sin vida de Walser el 25 de diciembre de 1956.

Sus primeros poemas se publicaron en 1898, y a través de ellos tuvo acceso a los círculos literarios de Múnich. Con sus ya tres míticas novelas, Los hermanos Tanner, El ayudante y Jakob von Gunten, logró un éxito relativo para la calidad que atesoran estas obras inmortales. Pese a todo no logró hacerse respetar por la crítica literaria de Berlín, donde viviría desde 1905.

Walser volvió con una sensación cierta de fracaso a su ciudad natal de Biel en 1913. Alquiló una habitación de sirvientes en un hotel. En condiciones de extrema pobreza, Walser se dedicó en cuerpo y alma a crear numerosos relatos breves. Pequeñas obras maestras de la narrativa corta, cuyo principal exponente de este periodo es El paseo. En ella, Walser narra la historia de alguien que una mañana sale a pasear y lo encuentra todo maravilloso a su paso. Únicamente al final del libro, cuando empieza a caer la noche, el protagonista del paseo regresa a su casa como si nada hubiera ocurrido. Y en verdad nada ha ocurrido. O quizá todo. Vila-Matas lo interpreta como “una metáfora de la vida”.

En 1929, Walser entró en la clínica psiquiátrica de Waldau, en Berna, por decisión propia, donde no dejó en ningún momento de escribir. Finalmente, abandonó por completo la escritura poco después, en 1933, cuando fue trasladado contra su deseo a otra clínica psiquiátrica, esta vez en Herisau. Allí encontró la muerte un día de Navidad de hace 60 años. Tumbado en la nieve, el sombrero algo alejado de su cabeza y mirando al cielo. Parecía feliz. En aquellos años de retiro, cuenta Vila-Matas que Walser le dijo a un amigo que lo visitó: “No he venido aquí a escribir, sino a volverme loco”.

Microrrelato escrito a mano típico del escritor suizo.
Microrrelato escrito a mano típico del escritor suizo.

En la actualidad Walser es considerado uno de los escritores capitales del pasado siglo XX en lengua alemana. Siruela ha publicado numerosas obras del autor suizo: La rosa, Historias de amor, El bandido, La habitación del poeta, Escrito a lápiz (Microgramas I, II y III), Ante la pintura, Vida de poeta, Historias, Sueños y Desde la oficina. También ha publicado las obras Robert Walser. Una biografía literaria, de Carl Seelig, y Paseos con Robert Walser, de Jürg Amann.

Su admirador Vila-Matas está convencido de que “al igual que Kafka, Walser fue un escritor peligrosos que atravesaba la delgada línea de la realidad inmediata, percibiendo lo que iba a pasar en el futuro”.

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