Ernesto Guevara desde su niñez mantuvo un vínculo muy especial con los grandes ríos de América latina. Al mismo tiempo fue un amante de la naturaleza y también de la historia de los pueblos originarios.

Sus padres tenían una explotación yerbatera de 20 hectáreas, al lado del Río Paraná, en  Caraguatay provincia de Misiones. Desde su casa, que estaba en un cerro se divisaba la hermosa playa fluvial que está en un recodo del río. El dorado, el surubí, el manguruyú son las especies más proliferas de aquellos ríos. Su padre lo llevaba a pasear en lancha. Desde la costa los lugareños intentaban pescar los enormes peces de la zona. Tete o Ernestito disfrutaba de aquella actividad, que en aquel lugar era parte del alimento de las familias campesinas.

Don Ernesto Guevara en su libro “Mi hijo el Che” nos cuenta: “Fueron años difíciles pero muy felices. Vivir en medio de la selva misionera con toda la familia y las dificultades y trastornos que ello lleva aparejado, no era aconsejable a nadie y menos a nosotros, acostumbrados a las condiciones de la gran ciudad. Desde nuestra casa, edificada en un recodo del Paraná sobre una alta loma, veíamos dos largas canchas del rio y podíamos divisar, mucho antes de que pasaran debajo de nuestra casa, los barcos y lanchones que venían navegando. En estos parajes comenzó a dar sus primeros pasos el Che. Debido a la gran cantidad de insectos lo teníamos vestido con unos buzos muy livianos que lo protegían de las picaduras de mbarigúis, jejenes, uras y mosquitos portadores de la peligrosa malaria.”

A pesar de la enfermedad (asma) que contrajo en la zona de San Isidro a orillas del rio de La Plata, cuando se baño con su madre en un día poco propicio. Ernestito desde muy niño practico la natación tanto en piscinas como en grades ríos.

Ya instalado en Buenos Aires era muy común que desde San Fernando en la Provincia de Buenos Aires -con la lancha de su padre- recorrieran  el delta del Parama, durante varios días. En esos paseos por las islas, la pesca era la atracción preferida por toda la familia. La madre de Ernesto era una de las más entusiastas pecadoras. Allí nació en Ernesto el gusto por la pesca.

Luego navegará por el Amazonas junto a su amigo Alberto Granado en la balsa “Mambo – Tango”.

Después del triunfo de la revolución en mayo de 1960 cuando pudo tomarse un cierto desecando participó del Torneo de Pesca de La Aguja. En esa oportunidad estuvo acompañado por su madre que estaba de visita por Cuba. El 14 de mayo se saca fotografías con Fidel pescando en el segundo día del Tornero de Pesca Hemingway.

De Ernesto Guevara conocemos que fue un apasionado deportista, también que en varias disciplinas se destacó como deportista. Desde natación, tenis, golf, rugbi, futbol, alpinismo, hasta beisbol fueron algunos de sus deportes  preferidos. Aunque  también la pesca lo relajaba y le permitía realizar su otro “deporte” el más apasionado  la lectura.

El deporte para Ernesto Guevara era una dura prueba para vencer el asma, la enfermedad que lo persiguió durante toda su vida.

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