En el deporte hay ejemplos, miles, de los que hablar. Los habrá mejores que Andrés Nocioni, pero no iguales. Este argentino tiene en la sangre la competición.  Hizo grande a su país y a este deporte.

Me gustaron sus palabras cuando dejó al Baskonia para fichar por el Real Madrid. Más o menos vino a decir que llegaba al club blanco para adornar más una carrera deportiva que pocos poseen. Ha dado hasta el último gramo de sus fuerzas en todos los equipos donde ha jugado, NBA incluida.

Sin quererlo se ha convertido en un ejemplo de todos aquellos chavales que ven en una canasta su momento de felicidad. Deportistas como él son los que hacen amar el baloncesto, ciclismo, fútbol o rugby.

Porque Nocioni, no se lo tiene que decir nadie, lleva las dos últimas temporadas en el Real Madrid más como animador que jugador. Siempre vestido, preparado para salir a la cancha. Aunque nunca jugara ni un minuto. Pero ahí estaba él.

Se nos va del baloncesto sin cumplir los treinta y siete años, porque en su cuerpo lleva tantas batallas que ya no queda lugar en su piel para más heridas. Sus últimos años en activo le han convertido en un madridista más. Hasta que acabe la temporada dará lo que le quede de fuerzas. Porque es un guerrero. Un deportista nacido para ganar y que dejó su Vitoria para venirse a Madrid. Y conseguir los títulos que le faltaban. Ahora ofreciendo sus últimos servicios al club blanco. Ahí, al lado de Laso, vestido de corto por si le necesitan en la pista. En caso contrario animando como el primero a sus compañeros. Pero está teniendo la oportunidad de estar en la cancha en momentos decisivos. Se los merece.  O mucho me confundo o será un gran entrenador.  Andrés Nocioni, te haremos la ola y un monumento o lo que tú quieras.

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