Casi dos millones de andaluces reclamaron autonomía plena el 4 de diciembre de 1977.

Ironías del destino, la solución al norte entre tanto desnorte podría venir del sur, porque ya lo cantó un catalán universal llamado Joan Manuel Serrat poniendo voz a la poesía de Mario Benedetti, que el Sur también existe, el de la pobreza y la dignidad frente al poderío del dinero y la arrogancia. El conflicto de Cataluña entra en un atolladero que empeora a cada paso que se da y casi nadie a estas alturas del entuerto ve más allá del artículo 155 de la Constitución Española y de la llamada al orden y el cumplimiento de la legalidad vigente. Una elección de insospechadas consecuencias para todos.

Pero un rayo de luz parece que brilla desde Andalucía para iluminar el sendero sobre Cataluña. Quién lo diría, que después de que miles y miles de emigrantes, llegados en los años sesenta del pasado siglo de todos los puntos de la geografía andaluza a las fábricas catalanas para darle un decisivo impulso a su economía, sea ahora de nuevo Andalucía la que puede marcar la senda de la solución definitiva a un problema no ya solo enquistado sino profundamente infectado y con síntomas de necrosis.

El referéndum andaluz fue el primero y único de acceso a la autonomía planteado por esta vía en España

Aquel 4 de diciembre de 1977 amanecía en un país que se quitaba a duras penas la caspa carpetovetónica del franquismo. No había Constitución que marcara el designio común del pueblo español y todo, absolutamente todo, estaba en ciernes. Ese mismo día, en Andalucía sus gentes salieron a las calles con miles, decenas de miles de banderas verdes y blancas ondeadas por para reclamar autogobierno y ser dueños de su propio destino. Hasta un millón y medio de manifestantes se contabilizaron para los libros de Historia.

Así lo recoge el propio Preámbulo del Estatuto de Autonomía de Andalucía en vigor actualmente, reformado en 2007 del originario de 1981. En él se subraya: “Las manifestaciones multitudinarias del 4 de diciembre de 1977 y el referéndum de 28 de febrero de 1980 expresaron la voluntad del pueblo andaluz de situarse en la vanguardia de las aspiraciones de autogobierno de máximo nivel en el conjunto de los pueblos de España. Desde Andalucía se dio un ejemplo extraordinario de unidad a la hora de expresar una voluntad inequívoca por la autonomía plena frente a los que no aceptaban que fuéramos una nacionalidad en el mismo plano que las que se acogían al artículo 151 de la Constitución.

Andalucía ha sido la única Comunidad que ha tenido una fuente de legitimidad específica en su vía de acceso a la autonomía, expresada en las urnas mediante referéndum, lo que le otorga una identidad propia y una posición incontestable en la configuración territorial del Estado”.

Pablo Iglesias: “La ley no se cumplió en Almería el 28-F, y ante un problema jurídico hubo que adaptar la ley a la democracia”

Pero el resultado de este referéndum tuvo incluso que sortear un inesperado y último requisito: tuvo que pasar por encima de la legalidad vigente entonces ya que el “sí” no obtuvo la mitad más uno de los sufragios en la provincia de Almería e invalidaba de entrada el masivo visto bueno que registraron las restantes provincias andaluzas a la pregunta de si querían o no autogobierno. El Gobierno de aquellos años de la Transición no tuvo el más mínimo reparo en cambiar la ley para que Andalucía pasase también a ser un miembro de pleno derecho como comunidad histórica al mismo nivel que Cataluña, Euskadi o Galicia por la vía “rápida” del artículo 151 de la Carta Magna.

A esta parte del Preámbulo se refiere el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cuando ironiza asegurando que “si Mariano Rajoy y Albert Rivera se leen el Preámbulo del Estatuto de Autonomía de Andalucía, a lo mejor piden la aplicación del artículo 155 de la Constitución”, una iniciativa inédita en la democracia española que se pone en marcha este fin de semana para anular la autonomía de Cataluña después de que el presidente catalán, Carles Puigdemont, haya desoído reiteradamente los requerimientos a la legalidad que le reclama el Gobierno español.

En contra de lo que argumentan las tres principales formaciones constitucionalistas (PP, PSOE y Ciudadanos), desde la formación morada se toma el ejemplo andaluz como un referente que puede despejar la maraña en que se ha convertido el órdago independentista de Cataluña e iluminar un camino solvente más allá de la legalidad vigente. Con el ejemplo de la autonomía andaluza, desde las filas de Podemos se quiere argumentar que las miras por encima de la ley también fructifican en acuerdos globales satisfactorios para todas las partes. Un referéndum pactado para Cataluña es su mantra desde que rebrotó el ímpetu secesionista y curiosamente tiene una fuerte apoyatura en aquel 4 de diciembre de 1977 en Andalucía.

En apenas mes y medio se cumplen 40 años de aquella fecha histórica para todos los andaluces. Un día que tuvo ya para siempre un nombre propio como mártir de la causa: Manuel José García Caparrós, un joven malagueño de 17 años asesinado por un disparo de la Policía Armada durante la manifestación que reclamaba la autonomía para Andalucía.

Aquella movilización histórica de los andaluces cristalizó tres años después en el referéndum del 28 de febrero de 1980, donde el 55% de los andaluces rubricó con un “sí” una pregunta farragosa y engañosa donde las hubiera: “¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?”

Para avalar la tesis de Podemos en el conflicto actual con Cataluña, Pablo Iglesias echa mano del proceso autonómico andaluz y asegura que “la ley no se cumplió en Almería. No sirvió, y ante un problema jurídico, hubo que adaptar la ley a la democracia”.

El líder de la formación morada lanza a continuación una pregunta al aire: “¿Se imaginan que las élites del poder en ese momento les hubieran dicho a miles de andaluces que se manifestaban en la calle que no tendrían Estatuto de Autonomía? El acuerdo político sirve para superar los límites de la ley. Aquel proceso demostró que hay que cambiar las leyes cuando no sirven, fue el mayor ejemplo democrático de la Transición, se demostró que la voluntad popular debía servir para repensar las leyes que son insuficientes”.

Estas tesis tanto de Pablo Iglesias como de la líder del partido en Andalucía, Teresa Rodríguez, están a años luz de la postura que reitera por activa y por pasiva la persona que ostenta en la actualidad la Presidencia de Andalucía, la líder autonómica de un partido, el PSOE, que en aquellos años de la Transición se batió el cobre contra la recalcitrante derecha y el poder de la UCD para sacar adelante la autonomía andaluza aun a costa de tener que sortear las leyes del momento.

 

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