Ricardo Anaya es el candidato de la oligarquía y pretenden remontar las encuestas apoyado en su juventud y su dominio del inglés, quiere convencer al pueblo de que Andrés Manuel López Obrador es inferior por ser un anciano que no comprende el mundo en tanto no habla inglés.

Con esta idea quiere que la gente avalé seis años más de corrupción, con los medios masivos a su disposición desea intensificar la campaña de odio para convencer de que López Obrador es un viejo desfasado que no tiene nada que hacer contra su juventud y su habla inglesa.

Es un discurso supremacista similar al Donald Trump hecho bajo la idea de que el progreso de la sociedad depende del dominio del hombre blanco en este caso con el agregado de joven.

El duelo entre López Obrador y Ricardo Anaya no es una lucha entre un anciano y un joven, ni tampoco entre un hispanohablante y uno de habla inglesa, es la confrontación de la alternativa frente a la conservación.

Un viejo dispuesto a hacer historia frente a un joven aferrado a sostener el sistema. Si para Ricardo Anaya por su edad y por su lengua Andrés Manuel López Obrador es inferior que dirá de los pueblos originarios que preservan su lengua materna.

Hay desprecio por el pueblo de México, el mismo desprecio de Donald Trump basado en el odio, esencialmente con fines económicos, tratan de seguir abaratando la mano de obra y sus salarios de hambre.

Es la ética frente a la corrupción, un viejo ético frente a un joven corrupto, sin ser la edad la que define la ética de Obrador ni mucho menos la corrupción de Ricardo Anaya es tan sólo su circunstancia frente a los intereses.

En esta lucha la edad más que debilidad es un activo para López Obrador sencillamente porque los años lo reconocen como un probado luchador social a diferencia de Ricardo Anaya que ni por ser joven está dispuesto a dar la lucha contra el sistema.

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica decía Salvador Allende. Un conservador es un defensor de poderosos, Anaya defiende a quienes bien pueden defenderse por sí mismos, en realidad sirve al poder.

Que López Obrador fuese un conservador sería hasta cierto punto natural, los años suelen moderarlo todo, pero el hecho de que sea un viejo con ganas de hacer una revolución pacífica lo hace verdaderamente joven, no en vano maneja con destreza sus redes sociales.

Mientras Ricardo Anaya es un joven envejecido entregado a la preservación, él es en realidad el decrepito por más que quiera hacer de su edad una fortaleza, no inspira confianza, es un joven que hace lo mismo de siempre para gobernar con, como y para los mismos de siempre.

Él es el que tiene todos los síntomas del envejecimiento, envejeció prematuramente, su discurso es viejo, promete futuro para negar presente, es la promesa de la modernidad salinista, es engaño a los pobres para condenarlos a morir en la pobreza. Es porfiriato, es priísmo, es la oligarquía.

Él es el decrepito al sostener un proyecto caduco, los hombres del dinero pretenden acusar de viejo a López Obrador cuando este tiene de viejo lo que más apreciamos: sabiduría.

Pretende discriminarlo por su edad y por su lengua, cuando más de 13 millones de mexicanos son mayores de 60 años, más de 7 millones hablan una lengua originaria y más de 115 millones somos hispanohablantes. Por tanto, su juventud y su inglés son puro racismo y clasismo propios de un supremacista.

Andrés Manuel López Obrador es el que mejor conoce al país, lo ha recorrido, lo ha vivido, lo ha escrito y hasta gobernó su capital, lo hizo bien, de hecho, es una experiencia democrática excepcional en nuestra historia, eso es justo lo que queremos los mexicanos de todas las edades y de todas la lenguas, democracia para México.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

quince + 18 =