Ahora que el Tribunal Electoral ha declarado la validez de la elección presidencial Andrés Manuel López Obrador se convierte en el centro de la crítica lo que no es una sorpresa si consideramos que incluso desde la oposición lo era.

Cierto es que la crítica evidencia que se retoma el rumbo democrático, pero es de advertirse que además de ser el presidente más votado en la historia será el más criticado.

El anuncio del nombramiento de Manuel Bartlett como director de la Comisión Federal de Electricidad y su encuentro con José Antonio Meade han desatado la crítica, aunque son de distinta naturaleza ambos son abiertamente repudiados tanto por la crítica genuina como la reaccionaria.

Antes de entrar a las descalificaciones vale la pena recordar que este nuevo régimen se perfila como un gobierno de salvación nacional que ubica a la corrupción como el origen de la trágica situación: miles de ejecuciones, feminicidios, millones de migrantes y uno de cada dos mexicanos condenado a vivir en la pobreza.

Bajo esta consideración es que puede explicarse lo que desde cualquier posición ideológica se comprendería inaceptable, sea de izquierda o de derecha, vista desde abajo o desde arriba, desde el imperio o desde el sur.

Sin dejar de reafirmar que en el contexto mexicano este es un gobierno de extracción popular inscrito en la línea de la lucha de izquierda, de ninguna manera podría hablarse de ambigüedad hay definición y principalmente hay reconocimiento de la realidad mexicana.

La postura es proteger a los que menos tienen, es innegable que son ellos los que han puesto los muertos y sacrificado a sus familias, las víctimas del sistema son los pobres, el nuevo gobierno se propone escuchar a las víctimas, es un gobierno para salvar a los que menos tienen.

Hay razones para criticar, pero debe tenerse en cuenta que no fue una propuesta de cambio de sistema económico la que concitó a más de 30 millones de mexicanos, aunque dentro de esos millones los más activos creemos que ese es el horizonte.

Es posible imaginarse que la política monetaria pueda estar en manos de un marxista y no en manos de un neoliberal, claro que es posible imaginarlo, sin embargo, el cambio cuando se decide que sea por la vía pacífica y bajo determinada realidad suele darse sin la velocidad que deseamos.

El 1 de julio fue un triunfo contundente porque una propuesta desde la izquierda concitó al centro y a buena parte de la derecha, si bien es cierto que rebasamos a la oligarquía con sus propias reglas también es cierto que esta se preserva.

Para quienes queremos el socialismo democrático para México es inaceptable que José Antonio Meade gobierne el Banco central, él es un digno representante de las fortunas hechas al amparo del poder, es un neoliberal de cuerpo entero.

Esta definición es propia de la izquierda, pero cabe reiterar que Andrés Manuel López Obrador es un hombre de izquierda, fundador de las fuerzas de Izquierda que conquista la presidencia convenciendo a tirios y troyanos.

Real es que hay un Paco Taibo que ha estado de su lado siempre o un Noroña intermitente, pero el triunfo contundente se logra gracias a una plataforma que va más allá de la izquierda, hay destacados ejemplos: Alfonso Romo, Tatiana Cluthier, Germán Martínez o un Manuel Espino.

Alcanzamos el poder sin transitar el cambio social, lo que no implica que renunciemos a él, esta lucha no es por el poder, esta lucha es para hacernos de otra sociedad una que sustituya la individualidad, el egoísmo y la voracidad del gran capital por la fraternidad, por la solidaridad y la colectividad.

Podrá decirse que estamos haciendo las cosas al revés, pero de hacerse como ordena la naturaleza de los cambios ¿quién sabe si nos diera la vida para ver ese cambio? un cambio que este régimen de salvación nos da la posibilidad de ver, esa posibilidad o ese sueño es la esperanza.

Meade es un neoliberal derrotado en las urnas y a lo más será una cuota de la oligarquía, el caso Bartlett es distinto y si bien su origen priísta lo perseguirá por siempre es innegable su antecedente de lucha en defensa de los energéticos.

Hay que distinguir entre el necesario ejercicio crítico del poder y el poder crítico de los grandes intereses que son la verdadera amenaza, los vencimos en las urnas, pero siguen poseyendo el poder de sus fortunas, poder que suele alcanzar para hacer que los pobres repudien al gobierno que lucha contra su pobreza.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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