El triunfo inminente de Andrés Manuel es motivo de desesperación por parte de los gobiernos, desde presidentes municipales hasta el presidente Peña Nieto pasando por los gobernadores se asumen amenazados por su Movimiento, la corrupción emparenta a todas las tonalidades partidistas mismas que nacieron o se hicieron a la imagen y semejanza del PRI gobierno.

La voluntad de cambio de los mexicanos es patente, la tolerancia o indiferencia hacia la corrupción era tan sólo apariencia, porque el hartazgo se respira, la violencia es la gota que derrama el vaso, más allá de las inscripciones ideológicas hay consenso, sólo Andrés Manuel López Obrador representa una alternativa.

En México a diferencia de Estados Unidos o de otras falsas democracias se cuenta con una tercera opción, por lo que va más allá de elegir entre el malo o el peor, realmente existe una tercera opción, una verdadera alternativa, además con viabilidad electoral a diferencia del movimiento indígena promovido por el Ejercito Zapatista.

Si hay elecciones libres serán en favor de López Obrador, pero esa condición en México es inédita, lo más cerca que se ha estado de este tipo de elecciones fue cuando Vicente Fox Quezada resultó ganador, conocimos la alternancia y en el fondo terminó siendo otro fraude por ser un refrito de los gobiernos del PRI.

El miedo de los gobiernos corruptos desborda violencia, se renuncia al debate incluso a la campaña negra para pasar a la violencia artera y al extremo de matar con tal de impedir el cambio, eso pasó en Coyoacán en un acto de Claudia Sheinbaum en el que Martha Reyes una reconocida activista de Morena en la zona perdió la vida gracias al susto provocado por los golpeadores mandados por el diputado Mauricio Toledo.

Este personaje es el estereotipo del pequeño gobernante corrupto, es el llamado cacique que vive de lo que roba al pueblo y desea perpetuarse a partir de amedrentarlo, ese que advierte que casilla que no gane será robada o reventada, la violencia es la advertencia del poder corrupto para sostenerse en contra de la voluntad popular.

El cacique es una figura política de hecho, es la base del presidencialismo mexicano y se mantiene inalterada desde que se fundó la República Mexicana, es el mandamásen su territorio” -visión patrimonialismo-, sin su autorización nada se mueve, tiene la protección del poder central regional y hasta el nacional, su poder se preserva siempre que garantice el zalamero recibimiento al “señor gobernador” lo mismo que al “señor presidente”.

Esa es la clase de gobernantes menores de los que hay cientos y son a los que se tiene que denunciar, tal cómo se hizo en el caso Coyoacán en el que artistas, activistas e intelectuales se concentraron para repudiar la represión ejercida por un cacique que está plenamente identificado con la delincuencia organizada y es el encargado de la campaña negra “en su territorio”.

Es este tipo de gobernantes menores los que tienen licencia para matar con tal de evitar la libre expresión del pueblo, así lo confirma el hecho de que después de los actos de violencia en Coyoacán no haya un sólo consignado, esa permisividad de Miguel Ángel Mancera al tratarse de ataques a Morena es la misma que alimenta el discurso de odio de Miguel Ángel Yunes el gobernador de Veracruz, que incluso ha aventado huevos en contra de Andrés Manuel López Obrador.

La lucha por la transformación del país atraviesa por la desobediencia a estos caciques tanto los locales como los regionales hasta al propio cacique mayor que es Peña Nieto, este pretende sembrar su odio en el ejército para su eventual intervención en el fraude electoral, el fraude patriótico que el PRI gobierno argumentaba para justificar la negación a la voluntad popular.

La violencia de los gobiernos que se ejerce en abierta identidad con la delincuencia debe responderse con expresiones pacíficas, la respuesta a la política de la fuerza debe ser la fuerza de la política como la ha practicado López Obrador en los últimos 30 años y con creatividad convencer a la gente de que votar sí sirve y que no todos somos corruptos.

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