No existe el amanecer más que en sueño de un poeta, hay mucho poeta suelto, todo falso, sólo el azzzzulllll, sólo el aaaazzzzuuullllll. No existe el alba rosa, sólo el olor a rosas rojas se puede tocar, ellas, que son sueño y utopía humana, algo que sólo se alcanza cuando tienes el gusto de comprarlas o recogerlas del rosal, mientras el alba prometido se quedará atrás.

Doña Prudencia me aconsejó que llegar a vieja sana iba a ser lo mejor, con educación y belleza, dedicación y buen humor, muy lejos me marcharé con la cabeza muy alta, el cabello en una trenza y espero… no regresar jamás. Tú que nunca me respetaste, hoy gracias le doy a los santos, mi vidita buscó un refugio en la verdadera dicha, este el fin de mi fin, no sé si piensas en mí, en amarme o matarme, creo que en lo segundo, por eso, ojalá que no te vuelva a ver.

Volando voy, volando vengo, por el camino yo me entretengo y cultivo mi gran ilusión de volar despierta, pero no soñar con lo inexistente sino en un alto techo, el cielo azul. Con el corazón los militares van, lo llevan en la mano por lo que harán, humillar al hermano, matarle, odiarle, quemarle… no, Dios no podría perdonarles, militares son, primero por vocación para defender su patria, fue su perdición, volaron sus almas a la noche fría, ya ni una tila les dará la paz.

Color militar he visto porque soy así, me divierto, me enfermo al viento y parodio el mal, ¡oh!, mi soledad ¿a dónde va a llegar?. ¿Qué será de mí?, ¡oh!, tempestad, ¡oh, oh, oh!, color militar visto viendo a la luna, color aceituna, ¿quién me callará?… Yo también pertenezco al Ejército de Tierra. Seré prácticamente pobre para siempre, nunca seré rica lo sé, ese es mi dolor porque yo necesito dinero para vivir e irme lejos, muy lejos de aquí y sacarme esta ropa sucia.

Locha a locha, euro a euro, peso a peso, bolívar a bolívar… pero no los tengo, sólo soledad, pena y horror, un amor que me llama sin control, amor que huele a muerte, a asesinato, mejor no responder entonces aunque el corazón reclame.

Cartera vacía, no hay pasta, desespero por tener monedas para emigrar, puede que a Caracas, puede que a Brasil, voy yo. Yo hoy voy con cartera blanca, limpia de verdad, sin nada en el alma, sólo mediocridad. Burlándose de él va la bella flor, mueve la cintura como un lirio que mira un cometa, ya los vuelve locos, a todos los que le ven, la quieren tener para siempre pero no en clase preferente. Él es su dueño, su poseedor, su destino, su gran amor, el real, del que no debía acabar mal, su yo, su luz en medio del terror más puro y duro.

Sabes que te quiero, que ya te lo he dicho, sabes que no es un capricho, que eres mi tipo, no sé si has oído, que te amo mucho, preciosa criatura, mi viejo marido que me entrego a él como el primer día, hubo una vida allá atrás en que todo fue así. Viéndote, hoy puedo recordarlo.

Me ha llamado por teléfono Alfonso, dice que me quiere y que me iré con él, pero tiene madre ¿qué vamos hacer?, señora para cuidar no la deseo, lo bueno en malo se puede convertir y entonces… no sé que hacer, sigue tu camino en solitario.

Llueve y deja de llover, pasará hasta la medianoche, lloverá y entonces ¿qué?, nada, que llueva, que me quedo dormida viendo las series de acción de televisión, entre las olas tempestuosas de sentirme vieja e indecisa, pero con suerte, también.

Confieso que estoy confusa y estándolo he escrito dulces poesías que a la basura no deben ir a parar, bellas, cortas, concisas, son momentos de la vida, lamentos, canciones, experiencias. Sentir ser pobre, no poder hacer nada por remediarlo, sólo mantenerse día a día y luchar para seguir viviendo, aunque sea con el monedero vacío, aunque esté gorda y fea, aunque desee viajar a Colombia o Bolivia para vivir siendo más pobre aún, sentir serlo pero no poderlo cambiar. Viviendo lejos, en otra ciudad caen miles de truenos de forma bestial, sintiendo pena, llorando como el mar va la vida mía llena de necesidad, nadie la ha sabido remediar. Amor que se pierde, el corazón se pone de piedra, se pierde la sonrisa. Aunque el cielo se ponga todo rojo… ya no puedes reír.

Olor a manzana del manzano que vive a orillas del río, del mar, del azúcar blanco, del mejor mangar, aclarar la voz, gritar que soy libre, que llegué a la gloria con una manzana en la mano, verde amarilla o roja, deliciosas, hechas en puré… que bien las conoce la historia. Comer frutas frescas como las manzanas, verdes como el prado, rojas como el sol, sabor al pecado, sabor al amor, sabor a la fruta del corazón. Manzana, manzana, tú con tanta historia que mueves tus alas allí donde quieres, bella cual la luna color caricatura del pecado, ayayuuyyyyy. ¿Qué dije?…

Escoba de paja para volar por la noches, alambre, hojalata, pinceles que pintan como si nada… lienzos que no encuentran su momento de gloria, libros que escribí haciendo una triste historia, te quiero, Guillermo, te extraño y te adoro y no puedo pintarte ni escribirte ni llamarte. Nada. Gracias a Dios. Me llamaban “flaca” porque no tenía grasa, buena figura me sustentaba, buena cabeza, talla y talle, excelente silueta, delgada y aventurera comiendo manzanas hasta las primeras luces del nuevo día, quien pudiera dejar de comerlas… Intentaré ser buena al atardecer, levantaré mi pecho al sol esperando un monumento y todo en mí será paz y honor.

Roma o Bogotá. ¿A cuál de esos lugares iré a vivir?, lo que mande Dios, que nada mejor voy a encontrar que Roma de Italia o Bogotá en Colombia, en zona de pobres para que no me encuentren y todo se convertirá en “victoria” para esta dulce señora que quiere ser llamada “dama”.

Perder la cabeza, perder el humor, no sentir las piernas, correr el sudor, perder la razón y andando por el mundo con una botella de ron, dejo por herencia mi preocupación, mis sueños profundos que no encontraron su sol, contando estas historias que debo contar, jamás llegarán a nada, todos las olvidarán, pero aquí están, como ha mando el jefe mayor, el de color celeste que vive entre hermosas nubes de algodón, suaves y armoniosas que dibujan en el cielo los rostros de los muertos que nos son conocidos, de personas y animales.

Mover esta mano que sostiene mi pluma color azul marino como el mar cuando cae la noche, verde como mi jardín del bajo B y negro como la suerte que se me desea desde afuera por aquellas personas extrañas, insensatas, que no me han querido bien, que me desean lo malo sin lamentaciones, sin pensar que soy un ser humano, con dolor de espalda, huesos y corazón. Rojo como el amor que no sé si llegará, puede que venga del Caribe, puede ser Álvaro o Daniel, no sé.

Sufrí cuando decidió dejarme y entregarse al dinero, que no a otra cosa, a otra mujer creyendo que yo no conseguiría el amor de otro, por ser yo, yo. Ya no le podré querer. Ya no podrá ser. Me enterró estando viva, se lo agradezco hoy, sabiendo ya lo que ha hecho y lo que es. El castigo que se merece ojalá le sea dado y bien. Se planifica el porvenir de algunos con niveles uno en las empresas, con futuro, buenos sueldos y caprichos de oro. Yo no tendré un nombre en esos altares, pero con que Dios le siga dando vida a Jerry me será suficiente.

Cuidado con Dios, debo ser precavida pues después de todo es el jefe, no deseo que me falle, sería un fracaso, aunque con él nunca se sabe, con que me cuide al amigo me llegará. Yo no importo ya. Perdón por mis males que fueron muchos, perdón y consuelo compañero, perdona la confianza, son los años que llevamos juntos, hablando, conociéndonos, siempre has vuelto a mí tú también. Vivir sin vivir en mí soportando la injusticia y siendo capricho de otros que me han hecho dar malos pasos, vivir sin ser yo y siendo quien me hacen ser, con caprichos del Crepúsculo que guardo en un pasaporte que puede ser sinsabor y dolor. Aunque nada bueno vea debo saber: agradecer.

Pero vivir así de esta forma tan cruel no es vivir, sino sobrevivir.

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