(Foto cedida por el CEAF de Santa Úrsula-Tenerife)

En el programa de la semana pasada, y con motivo de la celebración del Día Internacional del Alzheimer, pasaba por los micrófonos, Lucía González Dorta, una joven directora del CEAF de Santa Úrsula (Tenerife).

Un centro de día al que acuden hombres y mujeres que padecen la maldita enfermedad.

Los allí presentes éramos contagiados por esa frescura, digna de su juventud, y esos ojos azules que hablaban continuamente.

Una enfermedad que si bien es cierto es conocida, y mucho más que otras enfermedades, parece haberse asentado en una sociedad en la que ya es algo normal padecerla, y en la que sólo cabe la resignación.

Se ha atribuido la enfermedad exclusivamente a la tercera edad, y que equivocados estamos.

Va aumentando el número de personas que no llegan a los sesenta y cinco años, a quienes se les diagnostica.

Nuestro trabajo consiste en ayudarles a recordar. A que sus ausencias no signifiquen frustraciones, ni miedos.

Nosotros somos su recuerdo más vivo.

Los tiempos han cambiado. Esas personas que vivían solas en sus burbujas del olvido, hoy, gracias a los avances, su soledad no es tal. Al menos el tiempo en el que personal cualificado y voluntariado, están a su lado.

Gracias a quienes hacéis posible que sus vidas tengan más sentido.

Cuanto se debería valorar en este país el trabajo que desarrollan las personas dedicadas a los demás.

El Alzheimer, la enfermedad del olvido, aquella que no debemos olvidar ni un solo minuto.

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