Almagro es plaza fuerte en el mapa de la cultura teatral veraniega en Castilla-La Mancha, en España y en el mundo. A buen seguro que el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro se codea con los de Aviñón y los de Edimburgo. Importa el arte, importa la cultura, importa el patrimonio, pero no es menos importante el hecho de que Almagro, con este Festival que se abre a amplios horizontes y reclama la presencia de las personas que sienten el teatro en un lugar del que sí quieren acordarse, sea la tercera ciudad que más visitantes atrae en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, tras Toledo y Cuenca.

Durante cada mes de julio, Almagro es capital de la cultura y esencialmente de la cultura teatral. Los clásicos sudan en los veranos de España y adquieren vitalidad bajo las estrellas que dieran cobijo ficticio a don Quijote y Sancho en aquella noche en la que se oía el ruido de los batanes, no tan lejos de la ciudad más centroeuropea de la llanura. Pero Almagro no es solo Corral de Comedias, escenarios diversos y espectáculos de tablas. Aquí tiene cabida, además de las representaciones de teatro clásico de mayor calidad que pueden disfrutarse en la escena actual, una oferta cultural variopinta de actividades: conferencias, cursos, talleres y una larga lista de oportunidades culturales, para que todas las personas, cualquiera que sea su edad, su procedencia o sus gustos, encuentren una actividad para la diversión, la emoción y la educación.

El teatro nació en la plaza y es la voz de la realidad y de las emociones, de los deseos, de las aspiraciones y de las esperanzas de los hombres y mujeres. El teatro, más que una representación, es un acto de libertad y de crítica que nos ayuda a poner al día los sentimientos, la razón y la conciencia. Es también necesariamente un regocijo, una animación colectiva. Sobre las tablas surge la vida misma, resuelta en clave de tragedia, de drama o de comedia. Federico García Lorca dijo que el teatro “es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre”. El teatro ha recogido siempre el latido social de los pueblos, en especial lo moral y lo ético, y, por ello, ha sido siempre una plataforma desde la que infundir los valores que determinan la vida en sociedad. Hay que aprender a ser crítico y a saber ser criticado.

La socialización de la cultura debe ser una finalidad prioritaria de todos los gobiernos de la “res publica”. Estimo que la cultura es una realidad conformada con la aportación de toda la sociedad. Por tanto, es justo y natural que toda la sociedad pueda disfrutar de las manifestaciones culturales. Considero dichas manifestaciones culturales como formas de una educación social de la que, por definición, debe participar todo el colectivo. El teatro es diversión y es educación, es tradición y es progreso, es cultura individual y colectiva. Y todo eso está en los clásicos, cuyo mensaje es válido, pues, para el conjunto de la sociedad, no tanto porque el contenido de dicho mensaje sea siempre el mismo, con independencia de las épocas y los lugares, sino porque la riqueza del discurso clásico se presta a interpretaciones que son susceptibles de hallar acomodo y de ser útiles a las personas en cualquier ámbito de la vida. La cultura no se ciñe a fronteras ni es asunto de edades.

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro se convierte cada año, y van 40 con la presente edición, en escenario de libertad, de creación, de alegría y de convivencia en el amplio mundo del territorio La Mancha. Regresar a Almagro cada verano es realizar un viaje al pasado en busca de una raíz común, sabiendo que en ella anida el embrión del porvenir. La programación de este año es excelente: 102 representaciones, 25 estrenos, 50 compañías de 13 países distintos. Hay donde elegir.

Almagro está ahí, al alcance de la mano, merece la pena el viaje, las representaciones y, ¡cómo no! unas berenjenitas aliñadas en esa plaza que nos recuerda remotos lugares.

 

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Escritor. Licenciado en Filosofía y Letras. Catedrático (jubilado) de Enseñanza Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. Ha desempeñado diversos puestos en la Administración. Tiene publicaciones de poesía, narrativa y ensayo. Colaborador cultural en medios de comunicación (prensa, radio y televisión), con más de 2.000 artículos publicados. Crítico de teatro en el diario ABC Castilla-La Mancha.

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