Existe una línea demasiado delgada entre el delito de odio y la libertad de expresión, una línea que estos días hemos visto cómo la organización ultracatólica Hazte Oír ha traspasado en varias ocasiones con su autobús tránsfobo y con la micro manifestación que el pasado domingo recorrió el centro de Madrid. Esa fina línea también es traspasada en constantes ocasiones por ciertos príncipes de la Iglesia Católica con afirmaciones contra las mujeres y sus derechos, contra las políticas de género o contra el colectivo LGTBI.

La sociedad va evolucionando hacia una situación de normalidad igualitaria. Poco a poco todos nos vamos dando cuenta del respeto que debemos tener hacia quien está a nuestro lado y tiene una visión de la vida diferente a la que libremente tenemos nosotros. Esto ocurre en todos los ámbitos: igualdad de derechos de la mujer, respeto al dios que cada cual el individuo ha decidido adorar o no, respeto hacia los derechos de la comunidad LGTBI, de quien pertenece a una raza o cultura diferente o a la diversidad ideológica.

Sin embargo, hay un reducto de la sociedad que se caracteriza por todo lo contrario, por el desprecio a todo lo que es diferente de lo que ellos piensan que es lo correcto. Lo vemos en el machismo de quienes ven a la mujer como un ente que debe estar sometido a la voluntad del hombre; lo vemos en quienes atacan a miembros de otras razas por el mero hecho de no ser blanco; lo comprobamos casi a diario con las minusvaloraciones hacia la comunicad homosexual o transexual. Todos estos comportamientos más propios de la España carpetovetónica, además de generar repulsa, contravienen los derechos humanos reconocidos por la Declaración Universal. Todos estos ataques no son crímenes contra una persona en concreto sino que son colectivos y, como tal, deben tratarse. Un maltratador/asesino machista ataca a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Cada ataque racista es un ataque contra toda una raza no contra un individuo porque se ha producido por el hecho de que tal persona sea negra, magrebí o china.

Lo mismo ocurre con las agresiones homófobas. A los homosexuales se les agrede por el mero hecho de ser homosexuales y por la intolerancia que aún persiste hacia este colectivo en un sector de la sociedad que cada vez es más pequeño.

El crecimiento del concepto de igualdad entre la sociedad está provocando que aquellos que son intolerantes por naturaleza o por educación reaccionen a través de la intimidación y la violencia.

El reconocimiento de los derechos que la comunidad LGTBI ha ido conquistando a lo largo de los años ha provocado una mayor visibilización de las relaciones de pareja. Ya no nos parece extraño ver besarse a dos hombres o a dos mujeres, lo mismo que verles cogidos de la mano o haciéndose carantoñas. Lo que a nivel de calle es habitual y que es aceptado por la inmensa mayoría de la ciudadanía provoca en esos sectores no igualitarios una reacción violenta que termina en agresiones verbales o físicas, agresiones que cada vez son mayores porque se está produciendo un incremento generado por, en primer lugar, esa reacción contra el distinto por parte de quien se siente cada vez más arrinconado por la evolución de la sociedad y por, en segundo lugar, por la pérdida del miedo a denunciar estos actos por parte de las víctimas, lo que lo hace más visible.

Es raro el fin de semana en que no se producen agresiones homófobas en nuestro país. La organización Arcópoli en su Informe sobre Delitos de Odio por LGTBfobia en la Comunidad de Madrid apunta que a lo largo del año 2016 se produjeron 240 agresiones homófobas y tan sólo 59 denuncias. A pesar de que la diferencia entre agresiones y denuncias aún es muy grande, el incremento de éstas se debe sobre todo a una mayor visibilidad del problema, visibilidad lograda a través del interés mediático generado en los últimos tiempos.

El pasado fin de semana se produjo una agresión en Barcelona porque dos chicos se estaban besando en público. En Madrid hace unos días se produjo otra en que un joven de 23 años, tras ser insultado al grito de «maricón», fue agredido por dos hombres que le propinaron puñetazos y patadas hasta dejarle inconsciente. El año pasado vimos cómo un grupo de menores de edad agredían a una pareja de homosexuales y tiraban a uno por la boca del Metro.

Según fuentes de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales consultadas por Diario16, «este incremento se produce por la mayor visibilidad de la comunidad LGTBI y por la progresiva pérdida del miedo a denunciar». Por otro lado, desde Arcópoli se exige a las autoridades que se impliquen más y que no supongan un obstáculo más a quienes están siendo agredidos por el mero hecho de ser homosexuales.

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