ETA no existe porque el País Vasco de ETA no existe. Entre su último asesinato, su cese de actividad armada y su anuncio de entrega de armas han pasado siete años. Nada en términos históricos pero un mundo en el día a día. Se acabaron los escoltas, el mirar bajo el coche, las vigilancias y las contravigilancias, las bombas, los secuestros y los tiros en la nuca. En España, y sobre todo en el País Vasco, se vive mejor porque ETA no existe.

El gran triunfo del Estado de derecho es oír en boca de todos la conspicua revelación de que la violencia es injustificable en el País Vasco actual. Nunca lo fue solo que ahora todos lo dicen abiertamente. En este contexto la existencia de ETA es irrelevante por completo, irrelevante, innecesaria y dolorosa. Sin embargo, ya hace que ETA dejó de existir. Aquello sucedió en tiempos de Alfredo Pérez Rubalcaba y fue gracias al oficio y a la dedicación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Sagaces, valientes y discretos. Valgan esos tres adjetivos. El origen de esta derrota no es baladí.

Sin embargo, la victoria definitiva viene del lenguaje, del discurso. Ahora, en este País Vasco posterior al terrorismo, ETA quiere volver a ser un agente protagonista. El teatrillo de hace un tiempo no se repetirá el 8 de abril, día muy bien elegido como ejercicio de propaganda, y aunque sigan apareciendo zulos ya todos sabemos que la historia se ha terminado con ETA derrotada. ETA no tiene la legitimidad del discurso y por eso su última acción será un acto fallido. La historia la escriben los pueblos y los vencedores son todos los vascos. El relato del fin de ETA es un relato colectivo, un relato de dolor, que, afortunadamente, llega a su fin y no escribirán ellos.

Esta no es una victoria sobre la barbarie sin más. La desinserción del discurso apologista del independentismo vasco con respecto al terrorismo ha sido una victoria, la vía Nanclares y su proceso reinserción de etarras arrepentidos, aun con sus problemas, ha sido una victoria, y el triunfo dialéctico de la paz es la mayor victoria de todas. Una vez encontrado el camino para la paz, solo la paz puede ser el camino.

Comprendo que aquí a cada uno le duele lo suyo pero la victoria es de todos. Lo mío aquí es mi tío Alberto, a quien mató ETA cuando tenía 27 años, el 14 de octubre de 1978, ametrallado desde un vehículo en marcha cuando paseaba por el puerto de Lequeitio (Vizcaya). Yo no lo conocí ni mi prima tampoco, que se crió sin padre; su muerte dejó a una familia marcada, una marca de origen para los más jóvenes. Mis abuelos no se quitaron el luto hasta que murieron. Mis tíos a día de hoy no pueden hablar del tema. Con mis primos comenzamos a verbalizar no siempre compartiendo tono ni opinión. Y fíjense la de años que hace. Quedan las heridas y los silencios que tan bien ha narrado Fernando Aramburu en Patria.

Que no se esperen gritos y fanfarrias. ETA aún debe anunciar su disolución pero ya a nadie no le importa. ETA no existe. El País Vasco de ETA ya no existe. Agur ETA. Bakea da bidea.

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2 Comentarios

  1. Están acabados desde hace mucho tiempo, pero por alguna razón se han empeñado en extinguirse en diferido. HAciendose los importantes. Que horror.

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