Hoy en Ruido Blanco, entrevistamos a una persona de esas por las cuales uno se reconcilia con la música. Y no me refiero a reconciliarse con la industria musical, no nos confundamos. Me refiero a reconciliarse con ella como fenómeno que como la propia naturaleza es capaz de surgir de los más hediondos ecosistemas. En un pais en el que las instituciones han optado por embrutecer a su población retirando todo vestigio de cultura que pudiese quedar vivo en el currículo de su sistema educativo, y con una industria musical persistiendo en la idea de beneficiarse de una idiocia colectiva cada vez menos rentable, saturando el mercado de productos pésimos, idénticos los unos los otros, conseguir que una Big Band dirigida por un español llene la sala Joy Eslava de Madrid resulta un hazaña propia de la mitología griega. Aaron Pozón es el artífice de la proeza. Pozón lidera una Big Band que promete romper los esquemas dentro de los que se mueve la anémica vida cultural de este país. Con su proyecto de versiones de Radiohead, la AP Big Band abre un nuevo escenario de posibilidades sonoras que aporta aire fresco a la escena del jazz, y promete rescatar al gran público de la inanición sonora que gobierna sobre el saturado panorama indie español. Una banda repleta de músicos de altísimo nivel nos presentaba un espectáculo de dimensiones propias de otra época que reventaba la sala Joy Eslava de Madrid el pasado Jueves 27 de Abril. Cierto es que la predisposición con la que uno acude a un concierto es siempre muy importante, y es frecuente que al no cubrir las expectativas creadas un determinado proyecto acabe por no saciar al oyente. Pese a que nuestras expectativas aquel día no podían encontrarse más altas, nuestras necesidades expresivas se vieron colmadas ampliamente.

La puesta en escena tenía los mimbres de los grandes conciertos de rock. Entre humo y una inquietante luz azul conseguía alcanzar nuestros oídos la voz de Stephen Hawkings (o mejor dicho, de la máquina que habla en su nombre), parte fundamental del mítico Fitter Happier contenido en el OK Computer. Ya situado el público en el lugar adecuado se desataba como en una explosión controlada un original arreglo de Exit Music repleto de obligados rítmicos sobre una base ternaria exquisitamente dispuesta para la ocasión. Como pilotando una nube, aterrizábamos sobre la Coda en la que el rapero Roy disparaba versos directos sobre nuestra conciencia social. Así, tras un vibrante sólo del virtuoso trompetista Jorge Vistel llegábamos a la presentación de la banda.

Ésto es sólo un breve retazo de un concierto en el que poco a poco nos dejábamos invadir por sorprendentes amalgamas, nos hundíamos en la profundidad sonora de temazos como Weird Fishes, nos dejábamos seducir por el talento desmedido de Nita (Fuel Fandango) que navegaba con soltura sobre la procelosas bases rítmicas de compases poco frecuentes en ambientes pop, o nos transportábamos a un mundo onírico con la versión de Daydreaming en la que la gran Verónica Ferreiro nos llevaba a la estratosfera gracias a su amplísima tesitura.

Colaboraciones de lujo, texturas innovadoras, sonidos que tocaban nuestras fibras más primitivas y momentos de improvisación tan notables fueron suficientes para que, abusando de la hospitalidad del back stage de AP Big Band, nos abalanzásemos sobre el artífice principal de esta aventura musical sin precedentes al terminar el concierto con la esperanza de que nos concediese una entrevista. Así pudimos charlar durante un rato con Aarón Pozón, cuyas ganas, empuje, y sobre todo, conocimiento musical, tanto nos han sorprendido. Una charla de poco más de una hora en la que pudimos conocer de primera mano los entresijos de un proyecto tan ambicioso que resulta difícil de creer posible. Todo un lujo no apto para neófitos que esperamos disfruten tanto como lo hemos hecho nosotros.

 

¿Quién es musicalmente Aaron Pozón?

Pues soy un chaval de Barcelona que vive en Madrid desde hace varios años. Mi educación musical proviene del clásico pero lo que más he estudiado probablemente sea jazz. Estudiaba saxo con Bobby Martinez y tocaba en la Big Band de la Escuela de Música Creativa cuando decidí dar el salto a Estados Unidos de la mano de Bobby Martinez y mudarme a New York para estudiar con Walt Weiskopf, entre otros. Allí aprendí una barbaridad, sobre todo de saxo de jazz. También aprendí a valorar en su justa medida el fenómeno Big Band, que allí se considera muy importante y fundamental en el desarrollo de un músico.

 

¿Te sientes más músico de jazz? 

Sí claro. Aunque he estado muy involucrado en otros estilos, como el Hip Hop y la electrónica.

 

¿Cómo fue el proceso de verse liderando una Big Band siendo tan joven?

Bueno. Es un proceso largo. Con la mayoría de los músicos de esta Big Band he sido compañero en la Big Band de la Escuela de Música Creativa que dirigía Bobby. Nos hemos criado juntos musicalmente se podría decir, así que estamos bastante bien compenetrados y nos entendemos muy bien. Luego por avatares que no viene al caso comentar ahora, el proyecto sufre una ruptura y es entonces cuando después de un receso de la banda, recojo el testigo. Yo había llevado ya una Big Band en la que acompañábamos a Aurora García, dedicada al Swing más tradicional y planteada para el baile, pero el momento clave es la entrada en mi vida de Javier Botella un crooner Valenciano que decide mudarse a Madrid y comenzar su proyecto. De este modo, empezamos a  trabajar de una manera más estable y más profesional, haciendo el proyecto mas viable económicamente y convirtiéndose casi sin querer en la formación estable que más trabajaba a nivel nacional. Esto hace que llegue mi nombre a oídos de Sony Music que decide confiarme la dirección musical del proyecto de Bertín Osborne con el cual seguimos girando.

 

¿Por qué Radiohead? 

Bueno. Con el proyecto de Radiohead tenía la posibilidad de poner sobre la mesa gran parte de la música que me motiva. Radiohead es una banda que siempre me ha gustado mucho y que permite gran variedad de espacios sonoros. Aunque haya estudiado la tradición del jazz y del be-bop, no me veo escribiendo ese tipo de lenguaje. No creo que pudiese hacer algo más interesante a ese nivel que lo que ya se hizo en su momento y tampoco es en realidad mi voz. Por eso es importante buscar la manera de representarte a ti mismo y crear proyectos en los que puedas desarrollarte musicalmente en toda tu magnitud, y creo que con el proyecto de versiones de Radiohead – que no tributo a Radiohead – me acerco más a lo que yo soy como músico. Cuando decidimos ponernos en marcha con el proyecto, investigando descubrimos que una universidad americana ya había abierto esa espita y había escrito varios arreglos que nos permitieron tener un punto de referencia sobre el que apoyarnos. A partir de aquí, y gracias al talento de los músicos que han colaborado en el proceso de composición y arreglos, pues el resultado es el que has podido escuchar. Muchos de los arreglos que escuchas son producto de la intensa colaboración con nuestro teclista Alejandro Mateos, que tiene formación en composición clásica y mi dirección en toda la cuestión que tiene que ver con adaptar los arreglos al lenguaje y articulación de Big Band de Jazz. También Ernesto Millán (saxo alto) ha colaborado con arreglos y Carlos Gutierrez con ambientes sonoros y bases electrónicas. Es un proyecto coral en el que todos los músicos de la Big Band están muy implicados y eso se nota en el resultado.

 

¿Habéis recibido contestación de Thom Yorke? 

Pues todavía no, aunque todo puede llegar. De todos modos y pese a las colaboraciones, este no es un proyecto pensado para cantantes como tal, aunque es interesante porque por algún motivo a la gente parece llegarle más un proyecto en el que alguien canta. Por ello creo que las aportaciones en Joy Eslava de Nita (Fuel Fandango) o Verónica Ferreiro han sido parte importante del éxito del concierto.

 

¿Os sorprendió ver una Joy Eslava tan llena para ver a una Big Band?¿Tienes la sensación de haber abierto una puerta? 

Pues de algún modo sí. Es cierto que nuestros anteriores conciertos ya fueron bastante bien. Cuando ves que en El Intruso se quedaron fuera al menos 50 personas te das cuenta de que estás haciendo algo un poco diferente que acerca el fenómeno Big Band a otro tipo de público menos habitual en formatos jazzeros y de Big Band. Por ello tenía bastante fe en que Joy pudiera llenarse, como de hecho así fue.

 

¿Cómo afecta al proceso de composición y arreglos de un repertorio de esta índole el hecho de saber que el público potencial no es el habitual en este tipo de formatos? ¿Se hacen concesiones?

Alguna concesión sí que se hace. De hecho si te fijas en el concierto hay ciertas partes que son bastante fidedignas, sobre todo para mantener la atención del público menos jazzero y que no se tire todo el concierto tratando de averiguar qué tema estamos tocando. Es un poco como dar la de cal y la de arena. A menudo, lo músicos de jazz perdemos un poco la perspectiva sobre lo que es digerible para el gran público y lo que no. Es un reto interesante desde luego, pero siempre procurando no perder la naturalidad en el proceso compositivo. Se trata sobre todo de que el resultado sonoro tenga que ver con quienes somos musicalmente. Lo contrario sería mentir. También de este modo abrimos la posibilidad de tocar en circuitos de festivales más indie o en festivales de jazz. Lo cierto es que en esa dicotomía, hemos decidido tener un repertorio B, en el que hay menos concesiones al gran público y tocamos arreglos más jazzeros, menos pegados al tema original.

 

 

¿Debo entender entonces que tenéis pensado intentar entrar en ambos circuitos? 

Esa es un poco la idea. Ya hemos tenido algunos contactos con festivales indie o pop y creo que es muy interesante poder acceder a un tipo de público que aunque esté orientado en otra dirección, pueda llegar a disfrutar de lo que hacemos.

 

¿Crees que podría defenderse el mismo repertorio en ambos circuitos?

Pues es una conversación recurrente en los últimos tiempos entre los músicos de la banda. El otro día mismo, hablando con Jorge Vistel (trompeta), él sostenía que habría que apostar por tocar el mismo repertorio ante ambos públicos. Y cada día estoy mas de acuerdo con él.

 

¿Cómo se hace para poder adaptarse a lenguajes de Big Band más clásicos como el que pedía el proyecto de Berlín Osborne teniendo un sonido tan moderno? 

Bueno. El sonido del proyecto Crooner de Bertín Osborne está basado en el sonido clásico de Big Band al más puro estilo de la orquesta de Count Basie, y esa es la tradición en la que casi todos en esta Big Band nos hemos educado, aunque a muchos nos tire tocar con un lenguaje más moderno.

 

Las colaboraciones con las que contasteis me dieron que pensar sobre posibles proyectos conjuntos con otras bandas del contexto más popular. Se me ocurre quizás Vetusta Morla o Fuel Fandango …

De hecho, Nita de Fuel Fandango ya colabora con nosotros. También Ale Acosta ha estado muy pendiente de los arreglos y de la electrónica, que es lo que a él más le tira, Cuando salió el concierto de Joy, lo primero que hice fue hablar con Pucho de Vetusta Morla y Cristina de Fuel Fandango, para proponerles que cantasen en el arreglo de Morning Bell y Daydreaming respectivamente, pero por cuestiones de agenda y de grabaciones nos ha sido imposible en esta ocasión. Finalmente Nita bordó Morning Bell. La única traba a este nivel es que este tipo de artistas, a menudo suelen tener poca libertad de movimientos debido a sus contratos con productoras y con managers, que a menudo dificultan la naturalidad con la que los músicos deberían relacionarse entre sí, pero la predisposición y la ayuda en este caso han sido brutales.

 

Una cuestión que me resulta sobrehumana en estos tiempos que corren en los que cada día se reducen más los formatos de directo; ¿cómo se hace posible mantener cohesionada una Big Band con tantos músicos? 

Pues es ciertamente difícil, diría que lo más difícil. En primer lugar porque la profesión de músico es una profesión en la que cada día es más complicado ganarse la vida, por lo que conseguir que casi 20 músicos de este nivel ensayen todas las semanas es bastante complicado. Por ello estoy muy involucrado en la tarea de dotar de cierta viabilidad económica al proyecto. En ese sentido, las giras con Bertín y Javier Botella nos han permitido gozar de una cierta rentabilidad económica que hace más fácil mantener al grupo unido. De todos modos, sin la implicación de los músicos en el crecimiento del proyecto, todo esto resultaría absolutamente imposible. Es por ellos sobre todo que me dejo la vida en buscar la manera de llevar todo esto adelante. Se lo debo.

 

¿Penaliza el mercado a los formatos grandes? 

Totalmente. El gasto manda, lo económico a veces se antepone a lo que realmente puede ofrecer un formato tan amplio. Ya no es sólo el cache. Son la partida de hoteles, comidas o gasto técnico por lo que a priori viendo que somos 20 musicos, directamente se tiende a descartar la opción por muy interesante que pueda resultar. Por eso me gustan las iniciativas que se están fraguando en el Ayuntamiento de Madrid, como la de llevar los veranos de La villa a los barrios de Madrid, y hacerlos de acceso libre apostando por los artistas emergentes y utilizando la Big Band como un formato innovador, un vehículo para hacer algo diferente a lo que se presupone que debe de hacer una Big Band. Es importante que las instituciones apuesten por mejorar el bagaje cultural del global de los ciudadanos que viven en este país. Sí no siempre existirá una élite cultural ajena al país en el que se desarrolla, que es un mal endémico que sufrimos desde hace mucho tiempo y que es del todo lamentable.

 

¿Sufres la tentación de reducir el formato para hacerlo más rentable?  

Bueno. Hemos tenido que adaptar para las promociones de radio y tele el formato a una versión reducida por cuestiones puramente logísticas, pero no es la tendencia que pretendo seguir. Cuando me llaman diciendo que les encanta el proyecto, pero que preferirían programar una versión más reducida yo pienso que en realidad no les gusta el proyecto. El proyecto es una Big Band y por tanto si te gusta el proyecto, tendrás que programar una Big Band. Además lo contrario sería generar clases dentro de la banda y dividirlos entre los que tocan en los formatos pequeños y por tanto rentables y los que no. Eso sería injusto con los músicos de la banda y no estoy por la labor de que esto ocurra. Hay que considerar que este proyecto no lo llevamos a la práctica por dinero sino por realización personal.  Es importante dotar de viabilidad económica al proyecto pero siempre manteniendo la autenticidad del mismo. Es una fina linea por la que nos toca transitar.

 

¿Compensa tanto esfuerzo? 

A mí desde luego sí. Es importante nunca deja dejar de aprender. Un músico de verdad pasa toda su vida aprendiendo y mejorando. Si deja de hacerlo y pierde el disfrute por aprender y mejorar, entonces ya no es tan músico. Siempre pienso en estos casos en la Big Band del Village Vanguard, a la que tuve el privilegio escuchar muchas veces en directo cuando viví en Nueva York. Veías a músicos de 50 y 60 años tocando repertorios modernos con la misma dedicación que afrontaban repertorios más clásicos, lo que te da una idea del nivel de compromiso con el que esos músicos desarrollan su profesión.

 Fotografías de Bárbara Sánchez Palomero, Jaime Massieu y Ernesto Cortijo
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