Eran las diez de la noche allá por las tierras de la Vega de Granada, en Valderrubio el día había sido caluroso y ya era doblada la rodilla del día en un horizonte que era alfombra de arreboles. La luces de los faroles ya tomaron el sitio y en el quicio de la puerta de la casa una sombra está apoyada mirando el patio con su pozo, con su gallinero y su cacareos de retreta, el patio, con su ciprés al cielo, con su olivo al fondo y -bajo él- el viejo arado, el patio, de cal y agua, de hiedra y madreselva donde se enreda el tiempo.

La sombra del duende susurra que la poesía es algo más que palabras bonitas enredadas en la liturgia de la literatura y la gente del pueblo lo sabe.

Una voz sencilla de maestra, la de Esther Casares, entre más de doscientas almas suena limpia hacia el cielo. Comienza la II Velada de poesía, danza y música ‘El embrujo del agua’, que además del elenco de poetas, bailarina, músicos y cantantes del programa contó con un montaje audiovisual con ilustraciones del pintor J. Ramón Ortega Alba y fotografías de José Antonio Ruíz Bueno, Mar Domínguez Osuna y P. Hidalgo.

Y, comienza la ‘Velada’ en la garganta del poeta y fotógrafo novel, Pedro Hidalgo, en los acordes de su guitarra que se elevaron al cielo enhebrando los versos de ‘Panaderías’ –poema de su libro ‘700 tejas y 6 poemas’- en la cadencia de una música que sonaba a agua y a tiempo seco.

“Piedra sobre piedra,

una a una fueron cayendo:

setecientas tejas ‘contás’

‘aparcás’ en la esquina del recuerdo’

-‘Panaderías’ del libro ‘700 tejas y 6 poemas’ de P. Hidalgo- Ed. Esdrújula-

Y, comenzó la palabra en la nostalgia de unos jóvenes que se preguntan ante las ruinas que van viendo en este mundo pulcro de avenidas y brillos de cristales elevados a las alturas, ¿dónde está el hombre? En este sentido Azucena Enríquez, otra joven poeta, elevo su palabra interior enredándola en la gente a través de sus poemas inéditos, ‘Pensamiento de invierno’, ‘Monotonía’, ’El caminante’ y ‘Marionetas desterradas’.

“Rasgada persiste la nostalgia en la piel

mientras los espejismos despiertan.

Clavos y espinas ambulantes yerran

sobre los vigías de las tardes invernales.”

–‘Pensamiento de invierno’ poema inédito de A. Enríquez-

Después de este comienzo la voz de la maestra nos mece anunciándonos la presencia del maestro de hombres y mujeres, y también del flamenco, el profesor D. Alfredo Arrebola acompañado a la guitarra por el notorio guitarrista D. Rafael Soler. El aire se llenó de cante, de acordes profundos en la evocación de lo jondo que nos mueve. El aire se llenó de duende por ‘livianas’, ‘Malagueñas’, ‘Tonás’, ‘Rondeñas’, ‘Peteneras’ y ‘Cantes de siega’; una lección del maestro que cantó textos de los poemarios ‘Los lazos de la pasión y la sangre’ e ‘Hilvanes del agua’ de F. Beltrán.

“Como los locos la pierden

quisiera perder la razón

porque los locos no sufren

lo que estoy sufriendo yo.”

-‘Desconsuelo de madre’ del poemario inédito ‘Los lazos de la pasión y la sangre’ de F. Beltrán inspirado en ‘Bodas de sangre’ de F. G. Lorca, cantados por el maestro Arrebola por ‘Malagueña del mellizo’-

Y el aire siguió jugando entre las luces y sombras, ahora con los poemas del poeta y escritor sevillano de origen vasco, Josu Gómez Barrutia, ausente por motivos de salud. Los versos de su libro ‘Reflejos’ quedaron en el fondo de este inolvidable espejo flotando en el terciopelo de la voz de la maestra, así, mecidos en un pentagrama exquisito y limpio de la mano de Pedro H. y de las cuerdas de su guitarra, tomaron vida los poemas ‘Tiempo finito’, ‘Rumor’, ‘Nocturna inocencia’, ‘Pachamama’ y ‘Fillis V’.

“Rumor de aguas turbulentas

Que ahogan mi alma inquieta y despierta

Rumor que amarra mi sueño y no me despierta

Que rompe mis sueños entre espinas de tierra”

–‘Rumor’ de Josu Gómez recitado por Esther Casares, del libro ‘Reflejos’-Ed. Red Internacional de editores de la Tierra-

Prosiguió la noche en la emoción contenida mientras llegaba la canción medida, el poema justo para tocar muy adentro, en lo más humano que todos encontramos cuando miramos solos a la negritud inconsciente del universo. Enrique Moratalla es de esos cantautores que llevan prendido el tiempo y sus vueltas, las aristas y las curvas de la memoria, en sus canciones. Sonó la guitarra de Rafael Soler y la voz en tempo y firme de Enrique nos llevó a ‘Septiembre’ –disco ‘Fabiola 11’- asaltándonos la vida, después con Machado nos dijo ‘Yo voy soñando caminos’ –disco ‘La flor del frío’- y acabó charlando con Astor Piazzolla sobre ‘El chiquilín de Bachín’ –disco ‘Piazzolla…’-.

“Septiembre viene a cantarnos

su canción en voz muy baja

y nos dice quiénes somos:

espejo que se empaña.”

–‘Septiembre’ canción de E. Moratalla del disco ‘Fabiola 11’-

Un arranque de emoción profunda, de nostalgia que rodaba en las lágrimas furtivas, se apoderó del lugar al anunciar el homenaje a Carlos Cano por la joven bailarina Elena Olías García, con motivo de los setenta años de Carlos que estos días corren por los vientos de Granada y el mundo. En el silencio profundo sonó primero la voz de Lola García que recitaba versos de la ‘Habanera imposible’ en sus primeros acordes, después la voz de Carlos resonó como un estallido de fuego sin artificio y los pasos elegantes y precisos en la danza de Elena le dieron dimensión al profundo sentimiento.

“Granada, no tengas miedo

de que el mundo sea tan grande,

de que el mar sea tan inmenso.

Tú eres la novia del aire.”

–‘Habanera imposible’ de Carlos Cano con coreografía de Elena Olías García-

Un nudo en la garganta que atenaza entre aplausos unos minutos de emoción honda.

La voz de la maestra de nuevo nos conforta y, ahora, nos lleva a los mundos de Chema Cotarelo, un poeta asturiano afincado en Granada, un gran poeta que no entiende de fronteras, ni de tierra, ni de carne, y por ello, para la ocasión compuso el poema ‘Vega de Granada’ que lo cantó y recitó con Pedro H. y su guitarra. Chema le habla a esta Vega, a su Sierra, a su dolor como tierra malherida, a su memoria,…, como si fuera la del ‘Norte’ de su infancia y su juventud.

“El sol doró mis crestas,

el dolor unánime de cuanto he perdido;

la noche herida de silencios,

el rito del agua hacia el río, …”

–‘Vega de Granada’ poema inédito de Chema Cotarelo-

El aire, como sarmientos de parra, se va enredando en las gentes cuando Lola García, Chema Cotarelo y Francisco Beltrán recitan poemas del tabaco, los vellos se enervan pensando en que este cultivo ha sido el centro de las vidas de todos estos pueblos de la Vega tras la caída del cultivo de la remolacha allá a finales de los cincuenta; -aunque el tabaco ya era importante en esta zona mucho antes y de ahí que tornara el nombre de ‘Asquerosa’ en ‘Valderrubio’ –en honor al tabaco rubio- allá por 1943-. Este homenaje al cultivo que tanta hambre quitó de las casas de esta Vega y que tanto cambió su fisonomía en la vida propia de chozones y/o secaderos, este respeto vino enhebrado en fragmentos de los poemas ‘El tabaco’, ‘De la semilla a lomos de la tierra’, ‘Manojitos de uno en uno’, ‘Del portillo de la acequia’, ‘Remiendos sobre la tierra’, ‘La siega’, ‘En las cuerdas que cuelgan’ y ‘Tropel de una pira’ del libro ‘hilvanes del agua’ de F. Beltrán.

“Tal vez,

en la esperanza y la paciencia

de los hombres y sus faenas

está la ciencia de la tierra

y del tiempo que nos presencia.”

–‘Manojitos de uno en uno’ de F. Beltrán del poemario ‘Hilvanes del agua’- Ed. Nazarí-

Tras este emotivo paseo por el imaginario de quien cultiva la tierra en estos labradíos, Lola García abundó, a través del poema ‘La bicicleta’ de F. Beltrán, en la memoria de quien solo tenía unas abarcas o una bicicleta para ir hasta la finca, aun cuando el asfalto era escaso y quebrado, aun cuando los carámbanos de cuño de noche fría de invierno crepitaban al alba bajo la gomas gastadas de la bicicleta.

“En la curva tumbada del recuerdo

un hombre va al campo y a su tajo,

atado lleva el brazo de la azada

en el cuadro gastado

de su biciclo.”

–‘La bicicleta’ poema de F. Beltrán publicado en la Revista ‘Nagari’. Poema del poemario inédito ‘Al abrigo del frío. Tiempo de resiliencia’-

“El agua tiene sus cosas,/ pero nos corre por dentro, / el agua canta una copla / mientras la vamos viviendo. / El viento roza la cara / y en la noche de las estrellas / va y levanta la entraña / con el duende en un poema.”–Nártleb-.

Así después de hablar de los hombres y su duro trabajo en esta tierra de limos negros, el duende se hizo pleno en los versos de Federico recitados por Lola García y, modestamente, por mí mismo. El poema elegido, mirando con inocencia a la ‘sombra’ que allá seguía en el quicio de la puerta de su casa, fue ‘Lluvia’ de ‘Libro de poemas. 1921’ del universal Federico García Lorca. Y la sombra musitaba en voz bajita y clara…

“La lluvia tiene un vago secreto de ternura,

algo de soñolencia resignada y amable,

una música humilde se despierta con ella

que hace vibrar el alma dormida del paisaje.”

–‘Lluvia’ de F. García Lorca del poemario ‘Libro de poemas. 1921’- Alianza Editorial-

Después del soniquete generosos de las palmas, el silencio, y en él de nuevo, como una centella hermosa, la voz de la maestra en el sonido de la cal blanca de los lienzos y del agua clara del ojo negro, -que allá en el fondo del pozo la luna juega a los secretos-. De repente el dolor nos rompe la noche y la entraña, la voz quebrada en su vuelo anuncia que en Munich la negra muerte de la mano de la sinrazón ha vuelto a segar vidas inocentes, dolor y solidaridad y seguimos como la vida en los versos y los acordes.

Tras tragar saliva la maestra anuncia, oportuna como sutura de herida, la voz y la música del cantautor universal Paco Damas. Un médico del alma que nos trajo en letra de Federico un ‘Árbol de canción’ donde setenta flores grises se enredaban a sus pies. Un hombre de compromiso que clama por el hombre en todo lo que canta, y así, con la determinación y la dignidad que brota de la entraña y la razón más verdaderas, elevó su voz en las canciones ‘Canción para los refugiados’, ‘Que a todas las balas se les haga de noche’ y ‘Paz’ de su disco ‘Que a todas las balas se les haga de noche’ –un disco patrocinado por la Fundación ‘Cultura de Paz’ de la UNESCO, entre otras organizaciones e instituciones-. Esta última canción cerró el acto con un minuto de silencio y cantada en los coros por todos los intervinientes y el público.

“Plantaremos olivos

donde antes había espinos. …

… ¿A dónde va mi vuelo?

Shalom, salam:

¡por dios, cesad el fuego!

Shalom, salam:

¿a dónde va mi vuelo?

Shalom, salam. …

Paz, peace, paix,

Mir, shalom, salam

Paz, peace, paix,

Mir, shalom, salam. …”

–‘Paz’ de Paco Damas del disco ‘Que a todas las balas se les haga de noche’- Buho Man Discos-

Tras el agradecimiento al público, a la organización y a la dirección por parte de Paco Damas en nombre de todo el elenco de la II Velada ‘El embrujo del agua’, de nuevo la maestra tomó la palabra y después de este alegato invitó a la alcaldesa de Valderrubio a cerrar el acto.

“Son las palabras a veces marchitas como hojas caídas que las lleva el viento, a veces se hacen versos y arman poemas que son como filos de acero, como besos muy dulces, como espinas sin rosas, como abrazos y pasiones, como truenos de la rabia, como lágrimas del desconsuelo, como luces de esperanza más allá de las penas, como sueños de pentagramas, como brisas de música,… Las palabras, las notas y acordes, y sus mosaicos en las almas de las gentes, en lo hondo de lo humano.” –Nártleb-

Así pues, como final de la crónica diré que la alcaldesa de Valderrubio Dª. Francisca Blanco hizo lo propio, -agradecer al público su asistencia, a la dirección su buen hacer, al elenco la magia, el embrujo y el duende de una noche inolvidable- en nombre del Ayuntamiento de Valderrubio y de la Casa Museo de Federico García Lorca, y así, se despidió y nos despidió, -tras tener unas palabras de recuerdo y solidaridad con las víctimas del atentado de Munich y con el pueblo alemán, al tiempo que manifestar contundentemente y sin ambages el rechazo a todo tipo de violencia y un alegato por la paz-, diciendo “Muchas gracias y buenas noches y espero que el año que viene nos veamos en la ‘tercera’”

Al final, el patio iba quedando a solas con ‘la sombra’, y todos los presentes salimos al mundo, como Granada, por las estrellas, de la mano solitaria del duende.

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