Foto Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Foto ANC.

1 año equivale a 8760 horas, a 525.600 minutos, a 31.536.000 segundos.

1 año equivale a ver crecer a tu hijo, compartir las noches sin dormir con su madre, sus primeras palabras, sus primeros pasos, recordar su olor para siempre. Llevarle al parque y de paseo. Ver cómo se transforma y deja de ser un bebé para ser un niño.

1 año equivale a acompañar a tus familiares si están enfermos. A ver nacer a los hijos de quienes quieres. A compartir charlas, abrazos, luchas. A preocuparte y ocuparte de la salud de tus padres, de tus hermanos. Un año da para mucho.

Un año llevan entre rejas Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. Un año prácticamente silenciados, aislados. Castigados. Un año en el que sus familias han recorrido miles de kilómetros para visitarles durante minutos. Meses en los que un bebé, el hijo de Cuixart, ha pasado su primer año de vida en aviones, trenes, carreteras para poder ver a su padre. Sus primeros pasos, ante él, en un centro penitenciario de Madrid.

Hace un año que Cuixart dejó de dormir en casa junto a su compañera y a su hijo. 365 días que no dejan de sumar a una cuenta infame de dolor, injusticia y sinsentido. Exactamente los mismos días que lleva Jordi Sánchez.

Ayer Amnistía Internacional denunciaba este hecho y exigía su inmediata puesta en libertad. Desde el principio mantuvieron que la prisión era una medida excesiva y represiva. Y cada vez más, está resultando evidente la desproporción y la dudosa objetividad a la hora de aplicar este tipo de medidas.

Sánchez y Cuixart no sólo no cometieron nada parecido a un alzamiento, ni a una rebelión ni a una sedición, sino que en cierto modo, a mi entender, consiguieron que eso no pasara. Que no hubiera ningún tipo de actitud violenta, que la situación no se fuera de las manos. Cuando uno ve el documental 20S (y de paso lo pido de nuevo: #quesevea), se da cuenta de que fueron ellos piezas claves ese día. Pero no para lo que les han querido utilizar, sino para todo lo contrario. Porque fue gracias a ellos que la gente actuó de manera coordinada, pacífica y con una conciencia cívica que dificilmente podrá encontrarse en ningún otro caso similar, con semejante cantidad de gente y ante unos hechos tan preocupantes como las detenciones de responsables políticos que no habían cometido delito alguno (sencillamente participar en la puesta en mancha de una consulta a la ciudadanía).

La grandeza, precisamente de Cuixart y Sánchez fue su capacidad para gestionar una multitud, dar los mensajes necesarios para que cundiese la calma y para que todo el mundo permitiese a secretaria judicial y a la policía realizar sus tareas de investigación. Dudo mucho que otras personas tuvieran semejante capacidad de conexión con las masas, cosa que es posible fundamentalmente por la confianza que en ellos tienen cientos de miles de personas. No son dirigentes políticos. Son representantes de la sociedad civil organizada y lo que es más importante: su legitimidad fue evidente aquel 20 de septiembre. Fueron capaces de movilizar en una concentración pacífica, pidiendo los permisos necesarios y actuando en todo momento con serenidad, diligencia y absoluto respeto por lo que todo el mundo estaba haciendo en aquellos momentos: unos, entrar en dependencias gubernamentales, requisar documentación e investigar y detener a responsables políticos; otros, protestar por ello de manera pacífica. 

Sinceramente, si no llega a ser por Sánchez y Jordi, probablemente habríamos tenido que lamentar algún disgusto. Y no es que no confíe en el “seny” del pueblo soberanista catalán, todo lo contrario. De lo que no estoy tan segura es de la confianza que me transmite el hecho de que la Guardia Civil dejase vehículos abiertos y llenos de armas sin ser custodiados. Y viendo todo lo que ha acontecido después, informes falsos mediante, no sería muy descabellado pensar que alguien tenía la intención de que aquel día pasase realmente lo que el código penal describe como una rebelión: con armas y violencia. Claro, las armas y la violencia potencial está claro de dónde venían. Pero en un totum revolutum, como estaba claro que sería aquello, sería más o menos sencillo tratar de colarse y de hacer que todo saltase por los aires. Pero no ocurrió. Y sencillamente, viendo lo visto, habría sido lo más probable: que cualquier exaltado se tomase la justicia por su mano, que cogiese una de las armas del vehículo de la Guardia Civil (tan a mano y sin vigilar) y se montase allí una verdadera rebelión. Alguien quería que así sucediera, según parece; y hasta podríamos pensar que alguno tenía ya la denuncia redactada desde antes. Como si fuera un guión.

Los mossos incluso propusieron a la Guardia Civil poder sacar las armas de los vehículos de manera organizada. Pero la policía española no quiso, pues pretendía evitar la imagen de la Guardia Civil entrando en la Consejería de Economía y Hacienda cargada de armas.

Tampoco quisieron meter los coches en el parking de la Consejería (con esto se habría evitado que medio mundo se subiera a ellos: desde los periodistas, que desde primera hora de la mañana estuvieron subidos en ellos para obtener las mejores tomas; pasando por distintos responsables políticos y sociales, así como manifestantes varios). No quisieron porque, ¿qué utilizarían después como excusa para montar toda la película que montaron? Nada sería lo mismo sin la foto de los Jordis sobre el coche de la Guardia Civil. Claro está.

Pero precisamente no fue eso lo que sucedió. Sino todo lo contrario. Y es por ello que resulta del todo inaudito que los Jordis estén pagando por algo que no sólo no hicieron, sino que ni siquiera sucedió. No olvidemos que no estamos aquí tratando de exclupar a alguien de unos hechos: es que, fundamentalmente, tales hechos no han tenido lugar. Y por ende, tratar de encasquetarle a alguien una cosa que no existe es sencillamente, de locos.

Estos días hemos podido escuchar las declaraciones de Los Jordis ante Llarena. No dejan de demostrar su dignidad, su capacidad para plantear argumentos con una altura ética y dialéctica que es difícil de digerir, supongo, por parte de los tribunales que tan acostumbrados están a cubrirle las espaldas a los que se compran los títulos. Tienen ante sí a verdaderos referentes: no sólo cívicos, sino como personas, como gente dotada de una capacidad casi increíble de respetar, de amar y de entender la democracia. Es evidente el abismo que existe entre los juzgados y los que instruyen y promueven esta causa. Más bien pareciera que los Jordis vienen de otro planeta (en verdad vienen de lo que ellos sienten otro país, y supongo que por algo será).

Y seguimos conociendo información que nos deja con la boca abierta. Como el hecho de que fue la propia Guardia Civil quien pidió a los Jordis que no desconvocaran y que no se marchasen a casa porque ellos eran los únicos capaces de controlar aquella situación. (O así se lo dijeron, claro). Se forzó tanto la situación, que los propios Jordis tuvieron que pedir permiso para subir al vehículo y poder así desconvocar en el momento acordado con la propia Guardia Civil. 

¿Dónde se ha visto que unos “rebeldes sediciosos” hagan todo lo que hacen de manera coordinada con la Guardia Civil, la polícia nacional, y los mossos? ¿Cómo es posible que se quiera hablar de rebelión, si conlleva violencia, cuando los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad estaban presentes en todo momento y no dieron atestado alguno? Me refiero a que, estando desde el primer momento los agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional allí presentes, teniendo plena capacidad de moverse, y de trabajar (hay que recordar que la gente acudió a manifestarse porque allí estaba trabajando la Guardia Civil y la policía Nacional), si se hubiera producido cualquier tipo de circunstancia violenta, los primeros que tenían que haber intervenido para frenarla eran precisamente los agentes allí presentes. Y ellos estaban recogiendo cajas, ordenadores y tomando declaraciones junto a la secretaria judicial. O sea, que nadie puede creerse que hubiera rebelión alguna. Y mucho menos viéndoles allí en la puerta, como estuvieron la mayor parte del tiempo.

La segunda llamada para desconvocar, los Jordis la hicieron desde un escenario. Es curioso que solamente se haya adjuntado a la denuncia originaria la foto de los Jordis subidos al famoso coche, y sin embargo no aparezca la otra imagen, donde aparecen sobre un escenario junto a más gente.

Cualquiera que haya visto los videos en los que se escucha claramente lo que dijeron los Jordis puede observar cómo lo que hacen es pedirle a la gente (por la noche) que se marchen a casa. Esto, después de pasarse el día explicándole a todo el mundo, en distintas interlocuciones, que dejasen trabajar a la policía y a la secretaria judicial. Afortunadamente todo esto aparece bien visible en el documental del que le hablo más arriba: y que puede ver aquí. 

La juez Lamela describía así los hechos:  “Subidos a un coche de la Guardia Civil, llamaron a la movilización permanente desde aquel día a favor del referéndum y contra las actuaciones ordenadas judicialmente para impedirlo”.

Ahora juzgue usted: https://www.youtube.com/watch?v=23XrRpfMaw8

Supongo que no había valor suficiente para llamar a esto rebelión en sentido estricto. Y por eso en la Audiencia Nacional hablan de “rebelión en pequeño”. Cosa que, en términos jurídicos, dicho sea de paso, no existe.

Un año ha pasado y todavía la gente en España no sabe lo que realmente sucedió: una manifestación pacífica. Y que, además, después de haber destinado agentes a investigar las sedes de Omnium y Asamblea Nacional, tras haber buscado y rebuscado en los ordenadores y en los archivos, no se ha encontrado una sola prueba que pudiera incriminar a las organizaciones.

No me cansaré de decirlo: informemos, infórmense. La opinión pública en España ha sido burdamente manipulada, precisamente porque este relato (el de la rebelión y la sedición) estaba ya preparado. Antes de que pudiera pasar absolutamente nada. Y se quiso después forzar la realidad para ver si así conseguían hacerla encajar con lo que alguien había diseñado.

Esto es de tal gravedad que es obligación de cualquier demócrata, esté donde esté, denunciar y tratar de hacer visible y comprensible precisamente lo que no se quiere contar.

 

 

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

2 Comentarios

  1. No veo ningún comentario al artículo de Bea Talegón, ni en contra ni a favor. Sed valientes y posicionaos, en contra o a favor, pero mostrad vuestro criterio y vuestros argumentos de demócratas. No le tengáis miedo a la democracia, no muerde. Un día le puede pasar a alguno de vuestros líderes o a vosotros mismos, y entonces,¿qué haréis? Si pensáis que esto es solo un problema de un par de inocentes que están en prisión de forma injusta estáis equivocados. Es un problema de una democracia incompleta, injusta y no homologable todavía con Europa. Es un problema de todos… los demócratas, claro. Pensad solo por un momento quién peca de supremacismo: si un territorio que desea poder ejercitar su derecho a la autodeterminación protegido en todos los tratados internacionales que ha firmado el Estado español, o si es ese mismo Estado que bajo ningún concepto permite el ejercicio de ese derecho plenamente reconocido y protegido por la comunidad internacional? Podéis pensar muchas cosas más, todo menos el silencio infame y cobarde. Opinad, ánimo!

  2. Està acertada en todo Bea , como siempre. Ojala hubiera mas personas como ella que tuvieran el valor de decir las cosas como son .Una gran mujer y periodista.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

dos × cuatro =