Se ha convertido en un clásico o en un tópico, pero es así. En todos los deportes se dice que difícil es llegar a una final, más complicado todavía rematarla. Y esa era la misión que tenían los de Pedro Martínez este viernes.

Dos primeros tiros encestados por Valencia, idénticos intentos fallidos en el Real Madrid. Así comenzó este cuarto partido de los playoff finales. Por entonces no se sabía si eso era indicativo de lo que iba a ocurrir en los treinta y ocho minutos restantes.

Porque los blancos respondieron con un parcial de 1-7, lo que solo les sirvió para mantener el marcador igualado. Con más fallos en ambos bandos de los habituales. Normal, mucho en juego. Sastre se convirtió en el martillo pilón local. Reyes en el otro bando. Y a pesar del mal comienzo el Madrid concluyó el cuarto con un punto de ventaja (19-20)

Idéntico comienzo en el segundo, con dos errores visitantes que volvieron a dejar al Valencia en ventaja. Que parecía llevar una marcha más que su rival. Superándole en todas las facetas. Y con todos sus jugadores enchufados. El Madrid iba hundiéndose segundo a segundo. Hasta ir por debajo veinte puntos, con un parcial de 26-3. Un baño en toda regla. (48-31) al irse al descanso. Tiempo quedaba para que el partido fuera eso, un partido. En los primeros veinte minutos solo hubo un equipo.

Era como salir del vestuario perdiendo 2-0 en la final de la Champions, por ejemplo. El único remedio de los de Laso, visto lo visto en este playoff, tan fácil como complicado. Que cada jugador hiciera lo que sabe y lo que hasta entonces no habían hecho. Libra por libra, término boxístico, la plantilla blanca es superior, pero la del Valencia puso la diferencia. Lo dio todo. Y así se ganan los partidos. Y las finales.

Por eso la ventaja local llegó hasta los veintidós puntos. Sus aciertos no eran producto de la casualidad, sí de la intensidad. Desde el  banquillo, aunque jugó, parecía que Nocioni era el único que creía en la remontada. O el milagro, porque el partido iba por ese camino. Triste despedida para el argentino, todo un mito del baloncesto mundial.

Apareció Llull, pero el baloncesto sigue siendo un deporte de equipo. A cada golpe blanco respondían mejor los valencianos. Y a pesar que no era buena señal depender de un solo jugador, el Madrid seguía con vida únicamente gracias al balear. Con un 0-8 de parcial. Gracias, todo sea dicho, a que Laso optó por una defensa zonal que hizo mucho daño a los de Pedro Martínez hasta conseguir llegar al último cuartoi con once puntos de desventaja (67-56)

Aparecieron esos nervios para saber acabar un trabajo bien hecho. En baloncesto diez minutos son como cuarenta y cinco en fútbol. Con un Valencia que los afrontaba viendo que lo que antes era campo abierto ahora era de minas.

Porque aunque el rebote era para los locales, el Madrid sacó esa vena de equipo que puede ser campeón. Cada canasta blanca, aunque tuviera respuesta, sembraba nervios en el Valencia. El partido pasaba a ser un intercambio de golpes.

Con toda la ventaja para quien iba por delante.  Valencia hizo el playoff final ideal. Para llevarse su primera Liga. El Valencia gana con justicia su primera Liga, ante un Madrid desaparecido en este playoff.

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