Que no hubiera salto inicial sino que el balón fuera directamente a banda para que jugara el Fenerbahce no era, precisamente, un buen augurio.  Como los primeros seis minutos donde, como era de esperar los turcos salieron desbocados. Con el apoyo unánime del pabellón y con un Real Madrid que no entraba en el partido. Salvo Lull, faltaría más. 21-13 y de los puntos blancos once fueron del balear. Muy lejos los blancos de su media anotadora.

Tras una doble antideportiva, la de Rudy solo se pita en Estambul porque él fue el agredido y no respondió, hubo una reacción de los de Laso con un parcial de 0-11. Después de haber estado cuatro minutos sin anotar. El golpe en las costillas de Randolph no pintaba nada bien. Estaba jugando mal, como tantos otros compañeros, pero para el Madrid era vital tenerle listo para seguir jugando.  Un 44-34 para irse al descanso y que los de Laso reflexionasen, porque para luchar por este partido debían cambiar muchas cosas. Menos Llull, con diecinueve puntos él solito.

La mejor noticia, ver a Randolph en el cinco inicial de los últimos veinte minutos. Con un Carroll inspirado en sus triples, el Madrid podía continuar  maquillando el resultado. Pero solo con los dos francotiradores, él y Llull, no existían muchas razones para el optimismo.

Y todo se mantuvo así hasta el final. Sigo pensando que la Euroliga le debía el título de este año al Real Madrid. Si hubiera jugado como lo ha hecho en la mayor parte de la temporada. Este viernes, no. Superado por el Fenerbahce en todas las facetas del juego. Los de Laso si no llegan, como mínimo, a los ochenta puntos no pueden ganar. Todo se podía resumir en una frase: no hubo partido. Y contentos se deben quedar los madridistas por la diferencia final en el marcador. Lo del Madrid en Estambul no fue pasión turca, sí un suplicio.

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

20 − 14 =