El pasado 7 de mayo se celebró el IV Festival ‘Viva la Vega’ en Granada, una actividad enmarcada en la agenda social de la provincia para salvar lo que queda de la milenaria Vega de Granada. Tras este Festival está la Plataforma ‘Salvemos la Vega’ y VegaEduca, con ellas el músico granadino Miguel Ríos y una larga lista de músicos, poetas, escritores, actores, artistas, periodistas, profesores de todos los niveles educativos, geógrafos, arquitectos, ingenieros y especialmente agricultores y un sinfín de personas corrientes que no quieren perder el territorio heredado, que quieren recuperar su seguridad alimentaria en la cercanía de la tierra que bañan el Genil y sus afluentes.

En el ciclo de la vida, la tierra que nos acoge, contempla, en la paciencia eviterna de saberse parte indisoluble del Universo, como nacemos, vivimos y fenecemos al final de los caminos diversos e innumerables que configuran la historia y el acervo de lo humano.

Una mueca entre sarcástica y dolorida se le dibuja a Gea, se me dibuja en mis devaneos entre quimeras y sueños, ante la inconsciencia de una especie que se regodea en el idea de ser el más grande linaje pensante de la inmensidad del Cosmos…

El hombre siempre ha sido un depredador de todo lo que debiera ser el motivo de su protección para que, desde su sostenibilidad, constituyera la base del futuro de la especie, pero la voracidad mostrada en el último siglo ha sido, y es, exponencialmente agresiva y ha puesto en serio riesgo la propia supervivencia.

En este artículo voy a hablar del cariño cercano a la tierra en el caso de la Vega de Granada, el territorio donde habito. Nadar a contracorriente hace posible la supervivencia del salmón.

La invasión por el ladrillo, el cemento, el alquitrán,…, de la mano de la especulación convenida a medida en las codicias grandes y chicas de los hombres, consentida en la falaz idea de conseguir un dorado a costa de la sangre de la verdadera gallina de los huevos de oro, ha sido una burda burla a la inteligencia y al respeto que debiéramos manifestar por aquello que nos ha dado de comer durante siglos y deberá de ser la base de ello para nuestra supervivencia. Era una crónica anunciada, desde mediados del siglo pasado, que se rompería el equilibrio que el hombre había mantenido con el territorio desde tiempo inmemorial en las bolsas de la avaricia desaforada de unos cuantos especuladores que, como sirenas, embaucaron con sus cantos a quienes, imbuidos en la dureza de un trabajo agrario poco productivo a costa de unos intermediarios sin escrúpulos, vendían sus tierras como reses para al matadero. La Vega de Granada no ha sido una excepción en esta epidemia global.

La crisis que asola al mundo a costa del invento de infinidad de ‘Baratarias’ y de incautos serviles del dinero, han impedido, desde los poderes que ahorman todos estos inventos, que hasta ahora no se haya planteado en nuestro país –ni en muchos otros- la protección de los espacios de producción agraria como espacios imprescindibles, más que necesarios, para la preservación del Medio Ambiente y de la especie humana. Hemos de entender que la tierra que es cultivable y sus entornos van más allá de meros Espacios Naturales o Bienes de Interés Cultural para la Humanidad, son mucho más que eso, son los instrumentos naturales y sociales que nos hacen tener esperanza en un futuro para nuestros descendientes.

No obstante, más allá de los poderes económicos y sus intereses en los espacios agrarios, variada y diversa es la problemática que se plantea para la recuperación plena de la actividad agropecuaria en lo que queda de estos espacios, controversia entre modernización y tradición, dignificación del trabajo agrícola y ganadero, formación adecuada para la producción, gestión, comercialización, o, apoyo y protección desde las administraciones públicas de todas las actividades relacionadas con el medio rural, son sin duda retos a superar para alcanzar el objetivo antes indicado.

Y, como diría el poeta, ‘ante el grito desesperado en los ecos del cauce de ríos, acequias y regueras, en las lágrimas de la nieve y en el gesto triste de los limos en las brumas que huyen a las choperas, hay una brisa que recorre el alma de hombres y mujeres nobles que alzan la vista y levantan la voz’.

Así pues, todo lo indicado fueron, en definitiva, los principios que desde hace tres décadas mueven a la plataforma ‘Salvemos la Vega’; plataforma desde la que hace casi dos lustros nació el movimiento educativo ‘VegaEduca’ que pretende sensibilizar y motivar, desde los centros educativos de las localidades de la Vega de Granada, sobre la necesidad de recuperar la Vega de Granada para la producción de alimentos, consiguiendo además activar un potente motor económico y de empleo.

En 2015 ‘Salvemos la Vega’ y ‘VegaEduca’, además de sus actividades reivindicativas periódicas como la ‘Ecomarcha’, entre centros educativos de los pueblos de la Vega de Granada’ o la ‘Cicloruta’ por alumnos de los centros de la capital granadina,  entre otras de formación y concienciación, o quizás gracias a ellas, consiguieron dar un salto cualitativo en sus objetivos, al conseguir que todas las organizaciones agrarias, sindicales y políticas de la provincia de Granada firmaran ‘El Pacto por la Vega de Granada’. Este hecho ha propiciado que la palabra en nombre de la Vega tenga sitio en las Instituciones que habrán de legislar para la consecución definitiva de una figura de protección de los Territorios Agrarios, así mismo, este Pacto viene a abrir la conciencia en todos los ámbitos de la sociedad. Una consecuencia casi inmediata de este Pacto ha sido el planteamiento de de un Plan Especial de Protección de la Vega de Granada, en tanto se cambian normativas superiores y se consigue la protección como Parque Agrario.

También, en 2015, se ha constituido en Granada la Federación InterVegas con Asociaciones y Colectivos de todas las Comunidades Autónomas; los objetivos, sencillos y claros, conseguir la defensa y protección del territorio y la soberanía alimentaria dinamizando las Vegas de nuestro país, desde lo local sin perder de vista lo global.

En 2016, no sólo ha tenido lugar este IV Festival ‘Viva la Vega’, también se ha organizado la I Ecomarathon Vega de Granada – Ruta Lorca.

La concienciación sobre la defensa de los Territorios es una tarea lenta pero constante como el caminar de un caracol, como su paciencia.

En ‘Poemas de la Vega’ una selección de poemas de Lorca, por Javier Alonso Magaz, Luis García Montero y Andrea Villarubia, se recoge  ‘Los encuentros de un caracol aventurero’ y de aquí este fragmento:

 

“En la alameda

un manantial recita

su canto entre las hierbas.

Y el caracol, pacífico

burgués de la vereda,

ignorado y humilde,

el paisaje contempla.

La divina quietud

de la Naturaleza

le dio valor y fe,

y olvidando las penas

de su hogar, deseó

ver el fin de la senda.”

 

De mi libro ‘Hilvanes del agua’, dedicado a esta emblemática Vega de Granada, a su memoria cruzada con la mía, quiero compartir esta reflexión desde el pasado que la motivó, quisiera que la leyéramos mirando al futuro que imaginemos:

 

“En los caños de las fuentes,

pilones y abrevaderos;

en el tiempo son nacientes

el agua de los veneros

y los aires del relente

en albas de jornaleros.

En los caños del agua fluente

son las madejas del fuero.”

“Vamos cambiando las tornas,

vamos llevando los riegos,

entre tasquivas y surcos

en aguas de la memoria.

En los riegos, los ojos vivos,

un niño que mira el agua,

la azada al hombro del viejo

en las aguas y sus brillos.

En los riegos, iluso el joven,

va con su padre al lado,

a trabajar como un hombre

el padre le va enseñando.”

 

 

Y, es que tras la tragedia de las últimas décadas en esta Vega, y en otras muchas, se abre una rendija a la esperanza por la que notamos la suave brisa de la posibilidad de un futuro sin miedo a querer a la tierra.

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