La situación del Real Madrid, hasta este momento, en la Liga no admite explicación lógica alguna. Cierto que el equipo ha perdido el acierto ante la portería de la pasada campaña o el inicio de la actual.

Pero más allá de eso, y de que haya coincidido en el tiempo el mal momento de juego de determinados futbolistas de poco se les puede acusar. Actitud y aptitud no les ha faltado en casi ninguno de los partidos pero que no ha sido suficiente.

Además todo se les pone en contra. Porque aparecía en el Bernabéu un muy cuestionado Rubén y este partido lo comenzó con mucho acierto. O ese One que debutaba en Primera y apenas si se le notó algo de inexperiencia.

Por eso nadie se pudo extrañar que el Deportivo se adelantara en la única ocasión que dispusieron en esos primeros cuarenta y cinco minuto. Pero ese tanto de Adrián espoleó a los madridistas que tiraron de orgullo.

Encontrando al Marcelo de casi siempre que acertó a acompañar a Nacho para que este empatara apenas pasada la media hora. Eran, sin duda, los mejores momentos de los de Zidane que conseguían irse a los vestuarios dando la vuelta al marcador. Gracias, todo hay que decirlo, a un golazo de Bale.

Habían sido claramente superiores los locales, algo que no les impedía afrontar la continuación con el temor de que las cosas, como ha ocurrido en las últimas jornadas, se le volvieran a torcer. Máxime cuando en los segundos tiempos su rendimiento siempre ha sido inferior a lo visto con anterioridad.

Pero el Madrid estaba escaldado de anteriores experiencias y no cambió ni un ápice su forma de juego. Dominando a los gallegos y creando dos o tres ocasiones hasta que llegó un nuevo gol de Bale, esta vez de cabeza.

Respiraba, por fin, la hinchada blanca, por otra parte una de las más injustas con los suyos de todas las Ligas. Recibiendo con más pitos que aplausos a un Benzema ahora gris pero que no es el único causante de la situación del Madrid. Es algo con lo que tendrá que vivir el galo mientras siga en su actual club.

Club que, a lo que vamos, sentenció el partido con el cuarto tanto, obra de Modric. En siete ocasiones se ha visto el Madrid con el marcador en contra en su campo, hasta este domingo en ninguna de ellas logró la victoria. Y no fue la única mala racha rota porque Cristiano volvía a encontrar la portería contraria.

Una goleada tan lógica como justa por lo visto sobre el césped. Y justamente culminada por un nuevo tanto de Ronaldo, con un difícil remate de cabeza que acabó con su ceja rota, y otro de Nacho. El Madrid recupera ante el Deportivo el gol y el fútbol que se le vio allá por septiembre.

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