50 años atrás se produjo un acontecimiento en la historia de América latina que marcó a una generación. Mientras en Francia se sucedían los hechos del Mayo Francés, en la Plaza de las Tres Culturas en México DF, un movimiento estudiantil peticionaba en Tlatelolco por mayor democracia, menor desigualdad y el recambio del gobierno, que era tildado de autoritario.

Aunque el propio gobierno lo negara, en los hechos terminó avalando la denuncia de los jóvenes, puesto que el 2 de octubre el gobierno decidió lanzar la ‘Operación Galeana’ contra los manifestantes y produjo una de las mayores masacres, que pasó a la posteridad como la ‘Masacre de Tlatelolco’.

Allí, el denominado Batallón Olimpia, junto a la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la Policía Secreta y el Ejército mexicano, se lanzaron en una verdadera cacería humana contra quienes convocados por el Comité Nacional de Huelga se movilizaron para reclamar más democracia.

Como tiempo después lo rescatara el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (https://principedelmanicomio.wordpress.com/2017/01/02/desde-las-montanas-del-sureste-mexicano/), en aquel octubre del 68 se contraponían dos Méxicos, ‘el México de los poderosos, de los que deciden con la fuerza y por la fuerza el rumbo que más convenga a sus propios intereses, de los que hacen del monólogo, el garrote y la mentira la forma de gobierno, de los que no escuchan más que la voz que les devuelve el falso espejo que el Poder construye para quienes lo sirven e idolatran, de los que ofrecen la mano tendida y el diálogo directo mientras golpean, persiguen, encarcelan, violan, asesinan y mienten a quienes no les rinden obediencia ciega, sumisión, cabezas gachas.’ por un lado y ‘El México de los que no fueron, ni son, ni serán líderes, pero que en la casa, en el trabajo, en el camión, en el taxi, en el caballo, en la máquina, en el aula, en la fábrica, en la iglesia, en el pesero, en la silla de ruedas, en el autobús, en el arado, en la peluquería, en el salón de belleza, en el tractor, en el avión, en el taller, en el puesto ambulante, en la motocicleta, en el mercado, en el hospital, en la curul, en el estadio deportivo, en el consultorio, en el escenario, en el laboratorio, en el cabaret, en el asilo, en el escritorio, en la oficina, en los estudios de cine, radio y televisión, en los talleres de artes plásticas, en el metro, en el clóset, en las salas de redacción, en el mostrador, en la bicicleta, en cualquiera de los colores con los que se pinta lo cotidiano y silencioso, levantan una mano, una imagen, un sonido, una boleta, un voto, un puño, un pensamiento, una voz para hacer frente a las mentiras gubernamentales y decir: No, ya no. Ya basta. No les creo. Queremos algo mejor. Necesitamos algo mejor. Merecemos algo mejor.’

50 años después los reclamos siguen siendo los mismos, aunque por primera vez en la historia, y tras lograr coaligar a diferentes alternativas electorales, la izquierda llega al Palacio Nacional mexicano, puesto que tras 71 años de gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI), 12 del Partido Acción Nacional (PAN) y nuevamente un sexenio del PRI, de la mano de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aquellos ideales de Tlatelolco llegan al gobierno.

En 2006 el Gobierno de México presentó el informe final de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado – FEMOSPP (https://nsarchive2.gwu.edu//NSAEBB/NSAEBB180/index2.htm) en el cual se daba cuenta que el Estado mexicano ‘caracterizó [al movimiento estudiantil] como subversivo y, en lugar de encontrar formas de atender las legítimas demandas, optó por reprimirlo y aniquilar su dirigencia y al sector que consideró más combativo’ pero poco hizo por lograr una reparación para las víctimas.

50 años después el titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), Jaime Rochín del Rincón, afirmó que a través del ‘Programa Conmemorativo por los 50 años del Movimiento Estudiantil de 1968’ se realizará primera reparación colectiva, basada en la recuperación de la memoria, el acceso a la verdad y el respeto a la dignidad de las víctimas.

Aún hoy la herida sigue abierta.

Parafraseando al Subcomandante Marcos, ‘Vale. Salud y no hay que olvidarlo: 50 años después… la lucha continúa.’

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