Si algo define las cuatro décadas de Grease, la película protagonizada por Olivia Newton-John y John Travolta, es su capacidad de triunfar y crear historia con uno de los largometrajes que, tras su presentación, tuvo una de las peores críticas de la década de los 70 en Hollywood.

Y es que fueron las baby-boomer, especialmente las mujeres, -adolescentes y jóvenes entonces- quienes ya, sin ni siquiera ser conscientes y sin una movilización previa, decidieron demostrar qué les gustaba, lo que querían y cómo les gustaban los chicos. Así, un trabajo mediocre, realizado con poco tiempo y presupuesto, consiguió tan sólo el fin de semana de su estreno 8,2 millones de recaudación.

Y si algo le gustó a la juventud de ayer, que hoy responde al concepto de Babybom,  fue esa historia de amor, de un musical divertido, fresco y sensiblero, entre Danny Zuko y Sandy Olsson. La pareja enamoró a toda una generación gracias a su historia de amor en ‘Grease’.

La diferencia de edad real de los actores -Olivia Newton John era ya una treinteañera que se hacía pasar por una adolescente de 17- la inexperiencia y singularidad de Travolta y las prisas por acabar la grabación de la película, no importó en un trabajo final que respondía a lo que la juventud buscaba en aquel momento.

Rendido

El mundo se rindió ante la chapucera producción, planificada en cinco semanas y rodada en dos meses, que recibió un humilde presupuesto de poco más de 5 millones de euros. La protagonista era extranjera y carecía de experiencia como actriz; el resto de actores, demasiado viejos; la música, desigual; y la coreografía y la puesta en escena se improvisaban sobre la marcha.

Los papeles secundarios corrían a cargo de un variopinto grupo de viejas glorias y su actor secundario principal era un jovencito asilvestrado que posteriormente fallecería por complicaciones derivadas de su drogadicción. Había muchas razones por las que Grease no debería haber funcionado. Pero Grease tenía duende y sobre todo a millones de jóvenes en todo el mundo.

La película recaudó 8,2 millones de euros durante el fin de semana de su estreno y se pasó cinco semanas a la cabeza de la taquilla

Ahora, 40 años después, la pareja ha demostrado que todavía tiene el mismo ritmo. Olivia Newton-John y John Travolta se han reunido en el Samuel Goldwyn Theatre de Los Angeles, con motivo de la proyección del 40 aniversario de ‘Grease’. La pareja posó para las fotos sonrientes y abrazados, demostrando su buena relación. Los protagonistas de ‘Grease’ se mostraron muy animados, demostrando que recuerdan los bailes del musical al atreverse con algunos movimientos. Olivia, de 69 años, parecía tan joven como siempre.

Historias de vida

La vida no ha sido fácil para ambos protagonistas. Enfermedades y hasta la muerte del hijo con discapacidad de Travolta -al que su esposa y él estaban entregados en cuerpo y alma- no han evitado que ambos actores con buen aspecto hayan reaparecido juntos para conmemorar estas cuatro décadas.

Grease fue concebida por un redactor publicitario, Jim Jacobs, y un profesor de plástica de instituto, Warren Casey. Ambos se conocieron en una compañía de teatro amateur en Chicago a principios de los sesenta. En el instituto, Jacobs había sido uno de los macarras engominados que representa la película; mientras que Casey era un empolloncete estudioso. Al tiempo que escuchaban discos de Led Zeppelin en una fiesta ambos lamentaron la muerte de las grandes canciones del du-duá de los años cincuenta, y aquello desembocó en la idea de escribir una obra musical sobre una pandilla de desastrados estudiantes de instituto con esa música como columna vertebral de su banda sonora. Lo titularían Grease en homenaje a una época en la que todo era grasiento: la gomina de sus peinados, el aceite de los motores de los coches que conducían y la grasa de la comida que consumían.

Esa descarnada y atrevida historia, cargada de palabrotas, sobre adolescentes se estrenó el 5 de febrero de 1971 en una antigua cochera de tranvías en Chicago.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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