El nivel de este Europeo sub 21 se ha visto en muchos partidos. También en la primera semifinal. Donde después de un trepidante encuentro Alemania será nuestro rival en la final, después de necesitar los penaltis para derrotar a Inglaterra.

Y después La Rojita a escena. Ante una Italia que demostró que el fútbol de aquel país ha cambiado. Hace unas pocas décadas resultaba imposible ver a cualquier equipo italiano saliendo desde el minuto uno a llevar el dominio del balón. Como ocurrió en Cracovia.

Pero los de Celades no se sentían incómodos con esa situación. Entre otras cosas porque tenemos futbolistas muy veloces que antes de llegar a los primeros veinte minutos ya habían puesto sobre el césped sus poderes.

Italia lo tenía muy claro, antes de que Pellegrini tuviera una clara ocasión bien superada por Kepa, debían anular a Asensio como fuera. Al segundo balón que tocó el balear se llevó una tarascada merecedora de amarilla.

En momentos donde el partido se nos puso complicado. Los italianos son descarados y a La Rojita le costaba quitarse de encima la presión recibida, con tres saques de esquina en contra incluidos.

El colegiado esloveno parecía tener cosidos los bolsillos de su pantalón. Para sacar la amarilla a los italianos, que no querían prisioneros. Saúl no aparecía y el atlético es tan necesario como Asensio para que nuestro combinado funcionara.

Deulofeu tras fallar en un disparo de falta directa, en el rechace tuvo la mejor ocasión, fallida. Este partido olía a que fuera una final, anticipada, pero final. De ahí el cuidado de ambas selecciones en no cometer ningún error que les pusiera con el marcador en contra.

Me comeré mis palabras, pero no las cambiaré. Esto parecía llevarnos a la prórroga.  Porque, de momento, al descanso se llegó con el 0-0. Quizás más dominio de Italia, no superioridad.

Y si dije que no borraría lo de la prórroga, tampoco lo haré con eso de que Saúl estaba desaparecido. Nuestro tapado. Que logró su tercer tanto en el Europeo. El más importante, de momento.

Nuestra ventaja aumentó cuando Ceballos sacó el conejo de la chistera y Gagliardini picó y su dureza en la entrada le llevó al vestuario dejando a Italia con diez jugadores con más de media hora por delante.

Que se convirtieron en muchos más, posiblemente, cuando la estrella italiana empató. Bernasdeschi se llama el chaval. Había que jugar con cabeza.  Y no con la testa sino con su pierna izquierda Saúl nos volvía a poner por delante. En apenas unos minutos de duda.

El futbolista atlético se soltó y con él sus compañeros. Con un Ceballos, por ejemplo sublime en sus regates. Y el recital continuó, con una internada de Asensio y un pase de la muerte que, cómo no, finalizó un Saúl camino de convertirse en el máximo goleador del campeonato.

Italia se iba del partido en la misma medida que su dureza aumentaba.  Y que nadie dude que el hecho de que nuestros rivales jugasen con diez era algo más que justo.

La Rojita  va camino de lograr su quinto Europeo. Pero más allá de que se consiga el título, lo importante es que nuestra selección absoluta tiene de dónde coger futbolistas.  Saúl cogió su fusil y lleva a La Rojita a la quinta final del Europeo sub 21.

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