Apenas en cinco partidos de Champions se produce una comunión completa  entre los seguidores blancos y su equipo. Porque como bien dijo el maestro Valdano, el Bernabéu no saca de pobre a nadie.

Llegaba ese PSG hecho a golpe de talonario en un momento donde el Real Madrid se jugaba la temporada a un todo o nada. Caer en octavos de final de la competición europea podía suponer, seguro, la caída de Zidane y del no sé cuántos proyectos de Florentino.

Y no faltó la magia de la Champions este miércoles en el coliseo blanco. Los once titulares se esmeraron en no dejar frío el graderío. Con una presión muy adelantada dejaron sin recursos a los de Emery en los primeros minutos.

Porque el equipo parisino pareció  dejar todos sus recursos en lo único que sobresale con respecto a otros equipos. Su tripleta atacante. Que, curiosamente, no tuvo a ninguno de sus integrantes en la resolución del primer tanto. Fue Rabiot quien finalizó un contragolpe que dejaba un marcador que nada tenía que ver con lo visto sobre el césped.

Porque no fueron muchas las ocasiones de gol del Madrid, pero sí suficientes para que no se marcharan al descanso en desventaja. Cosa que no ocurrió por una inocente como peligrosa acción de Lo Celso, quien agarró a Kroos de forma suficiente como para que Rochi pitase penalti. Y Cristiano no falló.

Un empate que dejaba la eliminatoria abierta. Porque al volver del descanso las fuerzas blancas ya no eran las mismas. Aunque sí su fe. Con un PSG que se acercaba mucho más a las proximidades de Keylor Navas.

Nadie puede dudar de la calidad de Neymar, como futbolista y modelo publicitario porque no hay partido en que no se cambie las botas, los patrocinadores mandan pero también como simulador de faltas que no son. Es un tic que debe cambiar.

Volvamos al partido. Seguían las fuerzas muy repartidas cuando llegó la entrada de Bale por un Benzema que a pesar de los pitos, menores que los aplausos, que se llevó al abandonar el campo lo hizo casi todo bien.

No suficiente, como el resto de compañeros, para el resto de compañeros para superar en el marcador a los visitantes. A pesar de que Marcelo, superado el susto de su inicial caída, continuaba siendo un estilete por la banda izquierda.

Pero justo es reconocer que en el segunda parte del segundo periodo, los de Emery  fueron sensiblemente superiores. Poniendo a prueba la capacidad defensiva blanca cuando el equipo blanco buscaba desesperadamente una gasolinera para repostar fuerzas.

Pero nada se puede decir de este Real Madrid  que se transforma en la Champions, con un Cristiano Ronaldo como principal protagonista. 101 tantos en esta competición y para rematar, con la inestimable colaboración en los dos tantos de Asensio, un Marcelo que finalizó un partido con una ventaja no decisiva pero sí importante.

El Madrid vuelve a mostrar su superioridad  en la Champions ante el PSG al final del partido.

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