Era algo irremediable e imagino que no había nadie que no esperara lo que ocurrió en las vísperas del Barcelona-Las Palmas. Partido que debía jugarse a la hora en que las calles vivían de todo menos una tarde normal de domingo.

El fútbol no puede, o no quiere, aislarse de la política. Ante los hechos acontecidos por la mañana en la capital catalana, los directivos azulgranas estaban dispuestos a suspender unilateralmente la celebración del encuentro. Encontrándose con la negativa de la LFP y RFEF a que no se jugara y ante la posibilidad más que evidente de recibir una dura sanción en caso de seguir adelante con su decisión, Bartomeu tuvo que recular y jugar a puerta cerrada.

Momento a partir del cual lo que menos interesaba era el partido, pero otros deben hablar sobre si la decisión de todas las partes ha sido acertada o no. Nosotros comentaremos lo que se vio sobre el césped, pero sin dejar de estar atentos a lo que ocurría en Cataluña que era lo único importante en esta tarde.

Con estas extrañas circunstancias de juego, seguro que el partido fue diferente a lo que hubiera sido con público. Por eso, quizás, la ocasión más clara la tuvo Calleri mandando el balón al palo.

Muchos cambios en el once de Valverde. Que certifican la invisibilidad de Alcacer para el técnico vasco, y que dejan en una complicada situación a Deulofeu. De nuevo en el banco y confirmando que no es el sustituto natural de Dembélé. Por su parte, Las Palmas jugando a lo que sabe, aunque tuviera nuevo técnico. Ayestarán no ha querido, de momento, hacer de entrenador y dejó a sus discípulos  intentar el fútbol por el que están en este este equipo. Intentar tener la pelota el máximo tiempo posible y lo consiguieron en esa primera parte.

No estaba funcionando el Barça y por eso acabado el descanso ya estaban en liza tanto Iniesta como Rakitic, sustituyendo a Vidal y Paulinho. Los problemas para el argentino Chichizola se remitían, de momento, a dos disparos de falta lanzados por Messi. Pero tenían que llegar más jugadas de peligro y llegaron porque Busquets remató a la red en saque de esquina.

Las cosas, era evidente, ya eran distintas. Los cambios de Valverde surtieron efecto y a los canarios les costaba más pisar campo contrario. Se iba decantando el partido del lado local por lo que solo había que esperar a que llegara el segundo gol. Que nació de un magnífico pase de Denis Suárez que dejó solo a Messi quien finalizó la jugada sin ningún problema. Como tampoco los tuvo el astro argentino para marcar el tercero. Esto cuando ya se había producido el esperpento de ver un espontaneo sobre el césped de un Camp Nou a puerta cerrada.

En circunstancias tan extrañas no se podía esperar más de un partido cuya celebración añadirá polémica en un día ya de por sí muy convulso. El Barça-Las Palmas a puerta cerrada, uno más de los despropósitos que  vivió  Cataluña este domingo.

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