Estamos acostumbrados a visualizar el 25 de noviembre como una fecha reivindicativa contra la violencia machista. Y salvo las asociaciones feministas que nos recuerdan el porqué de esa fecha, simplemente se entiende que hay que llenar las redes de lazos y pancartas con mensajes. Me pregunto cuantas mujeres y hombres saben quienes fueron las hermanas Mirabal.

Ayer hacía mención que sólo en Canarias 2350 mujeres estaban bajo protección judicial. Eso sin contar las que no han denunciado o las que están en espera de que pongan medidas para protegerlas de agresores que irán hasta las últimas consecuencias para dejarlas claro que ellos son los dueños de sus vidas.

Lo triste de esta historia es que se ve como algo normal y que cada vez enfría más a la sociedad. Algo que no ocurre con los actos terroristas (esto también lo es) o accidentes de tráfico.

Sorprendente es ver las cadenas de televisión y sus campañas (puro marketing) contra esta lacra social. Pero es que lo curioso es ver que esas mismas cadenas de televisión son las que potencian a diario el machismo a través de programas en el que las mujeres son auténticas muñecas de porcelana que en cuanto las suelten se harán añicos. Algunas sobrevivirán y otras no volverán a ver la luz.

Podríamos hablar por ejemplo de esas niñas, adolescentes, mujeres con algún tipo de discapacidad que son presa fácil para los monstruos que habitan hasta dentro de sus propias casas. Pero claro, de ellas no se habla porque son un cero a la izquierda y, para suerte de esos monstruos ellas no podrán pedir auxilio.

Se nos escapan tantas cosas, que no creo que se pueda expresar en un artículo, ni siquiera en un libro en el que intentemos denunciar lo que tenemos dentro de nuestras propias casas.

¿De qué sirve manifestarse, gritar y llenar todo de carteles, si pasado el 25 de noviembre, en cada rincón de nuestras calles, casas, trabajos, etcétera alguna mujer, por el hecho de ser mujer está siendo maltratada o asesinada?

Los asesinatos de mujeres se han convertido simplemente en números. Y cuando algo se convierte simplemente en un número, pasa a ser simplemente eso, números.

Se culpa a los centros educativos, de ser parte del problema exigiéndoles que se centren más en inculcar que con el machismo solo cabe la tolerancia cero. Pero no hablan de como son educados en sus casas. Si el papá es el que mantiene la casa. Si la mamá es la que se encarga de la comida, la limpieza de la casa… en definitiva, la chacha que debe estar para lo que su marido o novio desee.

Padres que han acostumbrado a que sus hijos sigan siendo educados de diferente manera que las hijas. Madres que siguen también diferenciando el rosa del azul, y que nadie se engañe, los colores designados según el sexo es algo que la madre también sigue diferenciando. Y si no, revisen a sus amigas, hijas, conocidas, con las ropas de sus bebés.

Se sigue aceptando las diferencias de estanterías de juguetes, a pesar de las pataletas que nos podamos llevar.

Son muchas cosas que tratar y diferenciar. Mientras eso no ocurra, seguiremos con el rol impuesto.

Quizás si en las casas se tuviese en una estantería un libro sobre la historia de las hermanas Mirabal, seríamos capaces de entender que las tres hermanas fueron asesinadas precisamente por luchar contra el machismo.

La igualdad comienza en la casa y no hay otra. Cuando eso ocurra, veremos que en los colegios, institutos, puestos de trabajo… algo estará cambiando.

Y reclamo con carácter de urgencia, que nos centremos y se hagan campañas también para proteger a las niñas y mujeres con discapacidad, de las garras de esos monstruos.

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Madrileña de 52 años, afincada en Tenerife desde el 2002. Auxiliar de enfermería, pero desde hace catorce años, inspectora de seguros. Mi pasión por los medios de comunicación me ha llevado a colaborar en diferentes medios audiovisuales en la isla, donde actualmente dirijo “El Rincón de Ana Vega”.

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