El 20 de junio se conmemora el Día Mundial de los Refugiados como una expresión de solidaridad, sensibilización y responsabilidad con todas las personas refugiadas. Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para el Refugiado (ACNUR), actualmente hay más de 66 millones de personas refugiadas, desplazadas y/o apátridas en el mundo. De ellas, aproximadamente, la mitad son desplazadas internas, desarraigadas dentro de sus propios países.

Los conflictos armados, la pobreza y el subdesarrollo son las principales causas de los desplazamientos forzados de población. Situaciones que dibujan, hoy día, en pleno siglo XXI, un escenario de flagrante violación de derechos fundamentales para numerosas personas en los cinco continentes.

El 4 de diciembre del año 2000, se decidió que el 20 de junio de cada año se conmemoraría el Día Mundial de los Refugiados, de acuerdo con la resolución 55/76 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, como una expresión de solidaridad con África, continente que alberga a la mayoría de los refugiados del mundo. De esta manera se hizo coincidir la fecha con el aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

La citada convención describe a los refugiados como aquellas personas que se encuentren fuera de su país de nacionalidad o residencia habitual, y que tengan fundados temores de ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas.

De conformidad con instrumentos legales distintos a la convención de 1951, en ocasiones, las personas que huyen de los conflictos o de la violencia generalizada son también consideradas como refugiadas. Cabe recordar que el ACNUR trata de proporcionarles cierto bienestar, pero cada día tiene que hacer frente a un número mayor de desplazados.

Cabe señalar que la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados junto con su protocolo de 1967 constituyen los instrumentos legales únicos que amparan la protección internacional de los refugiados. La piedra angular de estos instrumentos legales es el principio de no devolución, el cual garantiza que ninguna persona debe ser devuelta a un país donde enfrenta amenazas graves a su vida o libertad. También, ampara otros derechos, tales como:

  • El derecho a no ser expulsado, excepto bajo ciertas condiciones estrictamente definidas.
  • El derecho a no ser castigado por entrada ilegal en el territorio de un Estado contratante.
  • El derecho al empleo remunerado.
  • El derecho a la vivienda.
  • El derecho a la educación pública.
  • El derecho a la asistencia pública.
  • El derecho a la libertad de religión.
  • El derecho al acceso a los tribunales.
  • El derecho a la libertad de circulación dentro del territorio.
  • El derecho a emitir documentos de identidad y de viaje.

Como cada año, el ACNUR ha publicado su informe anual “Tendencias globales de desplazamiento forzoso”. Sus datos no vislumbran mejora alguna. Durante el transcurso de 2015, más de 12 millones de personas huyeron de sus hogares en busca de protección, de los que 1,8 lo hicieron fuera de sus países. Desde que la agencia de la ONU inició sus advertencias ante la aproximación de una crisis mundial de desplazamiento forzoso en 2010, las cifras de huidas han crecido casi un 50%.

La Europa colonialista y explotadora de los pueblos de América, África y Asia, la responsable de la desestabilización de Siria, Irak, Afganistán, Libia…, la causante de que la gente huya desesperadamente de las guerras provocadas por ella, donde se mezclan los intereses estratégicos, el gran negocio de las armas y la lucha por los controles de los recursos petrolíferos, debiera cumplir con su responsabilidad y acoger a los refugiados cumpliendo sus propias leyes y las leyes internacionales.

Hasta hoy en día, sin embargo, las cifras de refugiados que los países europeos se comprometieron a acoger en 2015 se han incumplido totalmente. Hasta ahora, solo se ha reubicado a poco más de 18.000 refugiados de los 160.000 a los que aspiraba la Comisión Europea. La República Checa apenas ha acogido a una docena de los 2.691 inmigrantes que se le había asignado como cuota. Tres países, Polonia, Hungría y Eslovaquia, han expresado ya su rechazo a este plan de la Comisión Europea y, los dos últimos, incluso han cuestionado estas cuotas y su obligatoriedad ante los tribunales europeos. España solo ha acogido el 10 % de los refugiados que se comprometió a acoger.

A pesar de la dificultad del reasentamiento y reubicación de los solicitantes de asilo, la crisis de los refugiados puede ser para los países de acogida una oportunidad de crecimiento si se gestiona adecuadamente. Así lo detalla un informe del Banco Mundial (BM) y el ACNUR en un análisis acerca de los posibles beneficios de la acogida de solicitantes de asilo.

En un país de acogida con una conducta de economía productiva, la inclusión de refugiados en el marco laboral supondría una mayor especialización en los lugares de trabajo y, por ello, subirían los ingresos, según el documento realizado por el ACNUR y el BM. En una Europa cada día más envejecida, “la inserción de mano de obra joven y cualificada, en algunos casos, puede traer un crecimiento económico”, afirma Pascale Coissard, portavoz de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR). En la misma línea, la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, aseguró, en abril, que los refugiados que llegan a la Unión Europea podrían impulsar el crecimiento económico en un 0,2%. Para María Jesús Vega (ACNUR), los refugiados “traen mucha riqueza a nivel personal, profesional y cultural ” y que “Son personas que tienen interés para contribuir en las sociedades que les acogen”.

Que la situación de los refugiados no se olvide, que no se convierta en normal, que esta aberración tenga una solución satisfactoria, y que no debemos permitir que Europa mire hacia otro lado, es tarea de todos. Porque “ningún ser humano es ilegal”, que “queremos acoger, ya!” y que queremos construir “puentes y no muros” porque “el refugio es un derecho”.

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Vinculado desde muy joven a la CNT y a diversos movimientos de izquierda, es militante de Los Verdes desde finales del siglo pasado. Ha sido concejal en Dénia, Presidente de Los Verdes del País Valenciano y, actualmente, Presidente de la Federación de Los Verdes. Filólogo y escritor, ha ejercido su magisterio en diversas escuelas e institutos del País Valenciano y de Cataluña, así como también en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en el Instituto de Ciencias de la Educación de las Universidades de València y Alacant. Ha sido Inspector Educativo y Director Territorial de Cultura en Alacant. Premio XXV d’Abril en Benissa con un libro de cuentos, Premio Educación y Sociedad del Ministerio de Educación por su libro de texto A debat, ha publicado una treintena larga de libros de texto para la enseñanza del valenciano, libros de cocina tradicional valenciana e innumerables colaboraciones periodísticas.

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