No está en estos días Barcelona, o así lo quieren algunos sectores de la sociedad, para ver un partido de fútbol. Y así se demostró cuando más del ochenta por ciento de los gritos que se escucharon en el Nou Camp nada tenían que ver sobre lo que sucedía sobre el césped.

Hasta el minuto diez no entraron los grupos de animación en protesta por las detenciones de esta semana. Ellos se lo perdieron porque en apenas trescientos segundos el Barça dispuso de hasta cuatro grandes ocasiones de gol.

Y eso que la alineación y planteamiento del Sevilla pintaba bien. Pero la realidad demostró una absoluta superioridad de los de Valverde. Que metió en su once titular a un Alcácer con el que apenas cuenta pero que fue quien, aprovechando un infantil fallo de Escudero, marcó un gol que tardó demasiado tiempo en llegar.

Me imagino la cara de Deulofeu en el banquillo. El chico, caso parecido al de Morata, ya debe estar arrepentido de volver al club donde se hizo futbolista.

Ya con el marcador en contra el juego cambió. Los sevillistas soltaron la amarras defensivas y de la mano, o mejor dicho los pies, de Banega enseñaron algo más las uñas, pero no mucho.

Como se suele decir en estos casos la mejor noticia para los de Berizzo es que afrontaban la segunda parte perdiendo, sí, pero con el partido todavía abierto. Y las cosas podían haber sido muy distintas.

Notaban algunos azulgranas  el esfuerzo físico realizado y seguía quedando patente que Luis Suarez está muy lejos de su mejor forma. Y a todo esto el Sevilla, con un brillante Pizarro  cortando todo balón que pasaba por su lado, empezó a darse cuenta que el empate no era una quimera.

Momento en el que el mencionado Pizarro aparecía en el área de Ter Stegen para batirle con un remate de cabeza picado. Faltaba media hora y Valverde no quiso esperar más. Entró Paulinho por un Iniesta que volvía de una lesión, pero el técnico sevillista también movió ficha sacando a un Nolito que podía sacar tajada del previsible acoso local, dejando espacios en defensa.

Poco duró la alegría para los visitantes porque ahí estaba Alcácer  para hacer su doblete antes de irse al banquillo. Brillante partido, por fin, para el valenciano. Pero seguía todo abierto. Con veinticinco minutos por delante. Aunque enseguida quedó patente que ese segundo gol hundió prácticamente a los visitantes.

Ya queda dicho que esta noche de sábado los más de setenta mil espectadores  que acudieron en una noche muy lluviosa al Nou Camp no tenían al partido como su primer pensamiento.

El Barça se aísla de una grada que estaba más pendiente de Estremeras y Alcalá Meco que ver su victoria ante el Sevilla

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

doce − siete =