No era este Atlético-Roma en las vísperas ese partido idílico que cualquier seguidor rojiblanco puede soñar. Al conocer la alineación, menos. No por la sorpresiva baja de  Juánfran, sino porque Simeone decidió dejar en el banquillo a Godín y Gabi dos jugadores que, dicen, son el brazo armado del técnico argentino sobre el césped.

Sintomático también que mientras se pitaba el himno de la Champions fuera Griezmann quien estuviera, físicamente, un paso por detrás de sus compañeros. No se sabe si el galo se encuentra en el equipo dónde querría estar, pero sí que, por lo menos, sabe elegir bien la publicidad que hace.

Porque es mucho más creíble promocionando un champú, alguien tan dado a cambiar el estilo de su cabello, que ver a Isco, Bale o Carvajal anunciando una maquinilla de afeitar cuando lucen en su vida notorias barbas.

Chorradas aparte, que nunca vienen mal, el partido era algo más que una final para el Atlético. Su continuidad en la Champions, a ver si al final me como mis palabras, es más complicada que te toque el gordo. Para la Roma, que llegaba con una buena racha de victorias, era su primera oportunidad de continuar en la competición.

Poner a Thomas de lateral derecho, aunque fuera lo único posible, era una decisión arriesgada. Los italianos supieron leer muy bien ese detalle. Y percutieron por la banda derecha local una y otra vez.

A lo mejor fue el Atlético quien más posesión  tuvo del balón, a lo mejor la mano de Augusto no merecía haber sido sancionada y su gol era legal. Vale, pero la realidad es que en el Metropolitano cuando se olía peligro era cuando los de la Roma se acercaban al área de Oblak.

Estaban los locales, después de la goleada del Chelsea en la cancha del Quarabag, escuchando como si fuera un boxeador la cuenta definitiva. La que solo le lleva a la Europa League. A las malas, el único premio que se pueden llevar porque pensar que los atléticos ganen en Londres en la última jornada es complicado. Que los romanos no venzan en su campo, una utopía.

Mal panorama para afrontar el segundo tiempo. Continúo en mi idea de que, seguramente por circunstancias ajenas al club, este Atlético está muy lejos de poder luchar por cualquiera competición importante.

Queda muy bien eso del “espíritu Simeone” pero el fútbol está lejos de romanticismos y frases bonitas. También los comentaristas que ven todo muy acertado cuando se hace del lado rojiblanco.

Pero apareció Griezmann para dejar mal a quien esto escribe. Adelantando a su equipo cuando todavía quedaban veinte minutos con un remate tan bonito como sus anuncios publicitarios.

Un gol, está claro, que deja a los de Di Francesco con la obligación, sí o sí, de derrotar al Quarabag. Más después del tanto de Gameiro con el rival teniendo un jugador menos.  Repito, algo más sencillo de lo que le queda por delante a los de Simeone que por lo menos llegan con vida a la última jornada.

El Metropolitano perdona a Griezmann, el Atlético  asegura la Europa League y  solo  le queda soñar.

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