Secuencia de informaciones:

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(9 de noviembre 2016: AQUÍ)

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(15 de noviembre 2016: AQUÍ)

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Donald Trump

Y ahora lo de Trump, que tiene que ver con lo anterior.

Vivimos en un sistema político/económico/social que goza de una crisis mortal. Y digo “goza”, porque el mensaje que se nos hace llegar cuenta que habitamos el mejor de los mundos posibles, que lo malo ya ha pasado, y que todo está mejorando tralarí, tralará.

Ahí radica el problema.

Uno puede manejar, adoctrinar y mentir a la población. Uno puede eliminar la idea de pobreza del retrato de dicha población, e incluso eliminar la palabra misma. Es una forma de evitar que todos los miserizados se vean como conjunto, o sea se organicen, o sea eliminen la culpa. Etcétera. Lo que uno no puede evitar, por muchos medios escritos o audiovisuales que maneje, es que cada uno de esos individuos por separado sientan que, si la cosa va tan bien como les cuentan, algo falla en su caso. Y puestos a elegir, prefieren pensar que algo falla en el sistema. O que el sistema está organizado contra ellos. No seré yo quien les lleve la contraria.

Entonces, aparecen propuestas que cuestionan dicho sistema. Unas son de ultraderecha, otras son humanistas, otras verdes, otras imaginativas, otras de izquierda radical, otras marcianas… A todas ellas el sistema actual y sus voceros han decidido llamarlas “populismos”.

O sea, que populismo es todo aquello que no está, de una forma u otra, en el poder o a su vera.

Ah, pero entonces uno de esos “populistas” va y alcanza el poder en Estados Unidos. Donald Trump.

A Trump, cualquier cabeza sensata lo llamaría directamente fascista. Así lo indican sus componentes: ultranacionalista, autoritario, racista, xenófobo y violento.

Se puede entender que los líderes políticos europeos evitaran hacerlo –llamarle fascista– en un primer momento, porque estaban con la boca abierta. Ya se sabe cuánto tarda un político europeo en cerrar la boca.

Sin embargo, después de que recibiera a Nigel Farage y que, a su amor, Marine LePen hablara de un “nuevo mundo”, alguien podría haber dado ese paso.

Pero no solo los líderes europeos –qué decir de nuestro alegre timonel Rajoy– esconden la cabeza, sino que muchos de sus medios de comunicación y analistas políticos también. Sorprendentemente son los mismos que hace un par de días consideraban a LePen y Farage dos demonios. Pues ya no.

Una se preguntaba hace años cómo podía haber llegado el fascismo al poder en el siglo XX, en una Europa con cierta tradición de pensamiento crítico, con medios de comunicación que observaban, con intelectuales atentos. A la vista de lo que he ido leyendo y presenciando estos días, ya no me lo pregunto.

La frivolidad de aquellos que callan ante el mal, de quienes incluso lo relativizan o apoyan, permanecerá. La recordaremos.

***

En cuanto a los “populismos” que no son EEUU: Comparar a Donald Trump con Podemos es de una idiotez tan soberana que solo se la permiten aquellos que se empeñan en vendernos que todo va bien.

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Mañana más. Recuerden que 5 millones de personas en este país tiritan esta noche, acurrucados.


14/11/2016. Susana Díaz y la destrucción del trabajo.

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3 Comentarios

  1. Perfecto y valiente análisis, Cristina, periodismo independiente, aclarador y reconfortante, siempre buscando la verdad, enhorabuena.

  2. La pena es el banner que encabeza esta sección y los tres artículos de la secuencia de informaciones (Endesa – Energía para el progreso. Energía para el futuro. – Universo Mujer Baloncesto).
    Una ironía macabra y muy triste. ¿Qué hacemos con eso?

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